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Domingo 12 de Abril de 2026.

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1 Crónicas 23 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Distribución y deberes de los levitas

1 Siendo, pues, David ya viejo y lleno de días, hizo a Salomón su hijo rey sobre Israel.


2 Y juntando a todos los principales de Israel, y a los sacerdotes y levitas, 3 fueron contados los levitas de treinta años arriba; y fue el número de ellos por sus cabezas, contados uno por uno, treinta y ocho mil. 4 De estos, veinticuatro mil para dirigir la obra de la casa de Jehová, y seis mil para gobernadores y jueces. 5 Además, cuatro mil porteros, y cuatro mil para alabar a Jehová, dijo David, con los instrumentos que he hecho para tributar alabanzas. 6 Y los repartió David en grupos conforme a los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari.


7 Los hijos de Gersón: Laadán y Simei. 8 Los hijos de Laadán, tres: Jehiel el primero, después Zetam y Joel. 9 Los hijos de Simei, tres: Selomit, Haziel y Harán. Estos fueron los jefes de las familias de Laadán. 10 Y los hijos de Simei: Jahat, Zina, Jeús y Bería. Estos cuatro fueron los hijos de Simei. 11 Jahat era el primero, y Zina el segundo; pero Jeús y Bería no tuvieron muchos hijos, por lo cual fueron contados como una familia.


12 Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel, ellos cuatro. 13 Los hijos de Amram: Aarón y Moisés. Y Aarón fue apartado para ser dedicado a las cosas más santas, él y sus hijos para siempre, para que quemasen incienso delante de Jehová, y le ministrasen y bendijesen en su nombre, para siempre. 14 Y los hijos de Moisés varón de Dios fueron contados en la tribu de Leví. 15 Los hijos de Moisés fueron Gersón y Eliezer. 16 Hijo de Gersón fue Sebuel el jefe. 17 E hijo de Eliezer fue Rehabías el jefe. Y Eliezer no tuvo otros hijos; mas los hijos de Rehabías fueron muchos. 18 Hijo de Izhar fue Selomit el jefe. 19 Los hijos de Hebrón: Jerías el jefe, Amarías el segundo, Jahaziel el tercero, y Jecamán el cuarto. 20 Los hijos de Uziel: Micaía el jefe, e Isías el segundo.


21 Los hijos de Merari: Mahli y Musi. Los hijos de Mahli: Eleazar y Cis. 22 Y murió Eleazar sin hijos; pero tuvo hijas, y los hijos de Cis, sus parientes, las tomaron por mujeres. 23 Los hijos de Musi: Mahli, Edar y Jeremot, ellos tres.


24 Estos son los hijos de Leví en las familias de sus padres, jefes de familias según el censo de ellos, contados por sus nombres, por sus cabezas, de veinte años arriba, los cuales trabajaban en el ministerio de la casa de Jehová. 25 Porque David dijo: Jehová Dios de Israel ha dado paz a su pueblo Israel, y él habitará en Jerusalén para siempre. 26 Y también los levitas no tendrán que llevar más el tabernáculo y todos los utensilios para su ministerio. 27 Así que, conforme a las postreras palabras de David, se hizo la cuenta de los hijos de Leví de veinte años arriba. 28 Y estaban bajo las órdenes de los hijos de Aarón para ministrar en la casa de Jehová, en los atrios, en las cámaras, y en la purificación de toda cosa santificada, y en la demás obra del ministerio de la casa de Dios. 29 Asimismo para los panes de la proposición, para la flor de harina para el sacrificio, para las hojuelas sin levadura, para lo preparado en sartén, para lo tostado, y para toda medida y cuenta; 30 y para asistir cada mañana todos los días a dar gracias y tributar alabanzas a Jehová, y asimismo por la tarde; 31 y para ofrecer todos los holocaustos a Jehová los días de reposo, lunas nuevas y fiestas solemnes, según su número y de acuerdo con su rito, continuamente delante de Jehová; 32 y para que tuviesen la guarda del tabernáculo de reunión, y la guarda del santuario, bajo las órdenes de los hijos de Aarón sus hermanos, en el ministerio de la casa de Jehová.


Comentario del Capitulo





Capítulo 73 Los últimos años de David


Este capítulo está basado en 2 Samuel 24; 1 Reyes 1; 1 Crónicas 21; 28 y 29.


La derrota de Absalón no trajo inmediatamente la paz al reino. Era tan grande la parte de la nación que se había unido a la rebelión, que David no quiso volver a la capital ni reasumir su autoridad sin que las tribus lo invitaran a hacerlo. En la confusión que siguió a la derrota de Absalón, no se tomaron medidas inmediatas y decididas para llamar al rey, y cuando al fin la tribu de Judá inició el plan de hacer volver a David, se despertaron los celos de las otras tribus, y como consecuencia se desató una contrarrevolución. Pero esta fue de inmediato sofocada, y la paz volvió a reinar en Israel.


La historia de David ofrece uno de los más impresionantes testimonios que jamás se hayan dado con respecto a los peligros con que amenazan al alma el poder, la riqueza y los honores, las cosas que más ansiosamente codician los hombres. Son pocos los que alguna vez han pasado por una experiencia mejor adaptada para prepararlos a fin de soportar una prueba semejante. La juventud de David como pastor, con sus lecciones de humildad, de trabajo paciente y de cuidado tierno por los rebaños, la comunión con la naturaleza en la soledad de las colinas, que desarrolló su genio para la música y para la poesía, y dirigió sus pensamientos hacia su Creador; la prolongada disciplina de su vida en el desierto, que le hacían manifestar valor, fortaleza, paciencia y fe en Dios, habían sido cosas de las que el Señor se valió en su preparación para ocupar el trono de Israel. David había tenido preciosas indicaciones del amor de Dios y había sido abundantemente dotado de su Espíritu; en la historia de Saúl había visto cuán absolutamente inútil es la sabiduría meramente humana. No obstante, el éxito y los honores mundanos habían debilitado tanto el carácter de David que repetidamente fue vencido por el tentador.


Las relaciones con los pueblos paganos provocaron un deseo de seguir las costumbres nacionales de estos, y encendieron una ambición de grandeza terrenal. Como pueblo de Jehová, Israel había de recibir honores; pero a medida que aumentaron su orgullo y confianza en sí mismos, los israelitas no se conformaron con esa preeminencia. Se preocupaban más por su posición entre las otras naciones. Este espíritu no podía menos que atraer tentaciones.


Con el objeto de extender sus conquistas entre las naciones extranjeras, David decidió aumentar su ejército y requerir servicio militar de todos los que tengan edad apropiada. Para llevar a cabo este proyecto, fue necesario hacer un censo de la población. El orgullo y la ambición motivaron esta acción del rey. El censo del pueblo revelaría el contraste que había entre la debilidad del reino cuando David ascendió al trono y su fortaleza y prosperidad bajo su gobierno. Esto tendería aun más a fomentar la ya excesiva confianza en sí que sentían tanto el rey como el pueblo. Las Escrituras dicen: “Se levantó Satanás contra Israel e incitó a David a que hiciera censo del pueblo”. Véase 1 Crónicas 21. La prosperidad de Israel bajo el gobierno de David se debía más a la bendición de Dios que a la capacidad de su rey o a la fortaleza de su ejército. Pero el aumento de las fuerzas militares del reino daría a las naciones vecinas la impresión de que Israel confiaba en sus ejércitos, y no en el poder de Jehová.


Aunque el pueblo de Israel sentía orgullo de su grandeza nacional, no vio con buenos ojos el proyecto de David de extender tanto el servicio militar. La leva propuesta causó mucho descontento; en consecuencia se creyó necesario emplear los oficiales militares en lugar de los sacerdotes y magistrados que anteriormente habían tomado el censo. El objeto de esta empresa era directamente contrario a los principios de la teocracia. Aun Joab protestó a pesar de que hasta entonces se había mostrado sin escrúpulos. Dijo él: “¡Que Jehová añada a su pueblo cien veces más de lo que es, rey, señor mío!; ¿acaso no son todos ellos siervos de mi señor? ¿Para qué procura mi señor esto, que traerá pecado sobre Israel? Pero la orden del rey pudo más que Joab. Salió, por tanto, Joab y recorrió todo Israel; entonces volvió a Jerusalén”.


Aun no se había terminado el censo, cuando David se convenció de su pecado. Condenándose a sí mismo, dijo: “He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la maldad de tu siervo, pues he actuado muy locamente”.









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