Domingo 22 de Febrero de 2026.
- 22 feb
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1 Reyes 21 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Acab y la viña de Nabot
1 Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria. 2 Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero. 3 Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres. 4 Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.
5 Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes? 6 Él respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña. 7 Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.
8 Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban en la ciudad con Nabot. 9 Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned a Nabot delante del pueblo; 10 y poned a dos hombres perversos delante de él, que atestigüen contra él y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera. 11 Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que moraban en su ciudad, hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había enviado. 12 Y promulgaron ayuno, y pusieron a Nabot delante del pueblo. 13 Vinieron entonces dos hombres perversos, y se sentaron delante de él; y aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió. 14 Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado y ha muerto.
15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto. 16 Y oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar posesión de ella.
17 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: 18 Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella. 19 Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.
20 Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? Él respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová. 21 He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel. 22 Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel. 23 De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en el muro de Jezreel. 24 El que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo.
25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. 26 Él fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Jehová de delante de los hijos de Israel.)
27 Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado. 28 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: 29 ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.
Comentario del Capitulo

Capítulo 64 David fugitivo
Este capítulo está basado en 1 Samuel 18 y 22.
Después de la muerte de Goliat, Saúl retuvo a David consigo y rehusó permitirle que volviera a la casa de su padre. Y sucedió que “el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo”. Véase 1 Samuel 18-22. Mediante un pacto, Jonatán y David se comprometieron a estar unidos como hermanos; y el hijo del rey “se quitó Jonatán el manto que llevaba y se lo dio a David, así como otras ropas suyas, su espada, su arco y su cinturón”. A David se le confiaron responsabilidades importantes; sin embargo conservó su modestia y se ganó el afecto del pueblo así como también el de la casa real.
“Y salía David a dondequiera que Saúl lo enviaba, y se portaba prudentemente. Entonces lo puso Saúl al frente de su gente de guerra”. David era prudente y fiel, y era evidente que lo acompañaba la bendición de Dios. Saúl se daba cuenta a veces de su propia incapacidad para gobernar a Israel, y comprendía que el reino estaría más seguro mientras él mismo estuviera relacionado con quien recibía instrucciones del Señor. Esperaba también que su relación con David le sirviera de salvaguardia. Puesto que David era favorecido y escudado por el Señor, podía ser su presencia una protección para Saúl cuando salía a la guerra con él.
La providencia de Dios había relacionado a David con Saúl. El puesto que ocupaba David en la corte le había de impartir conocimiento de los asuntos reales y preparar su grandeza futura. Le daría la oportunidad de ganarse la confianza de la nación. Las vicisitudes y las dificultades que le vendrían a causa de la enemistad de Saúl lo conducirían a sentir su dependencia de Dios y a depositar toda su confianza en él. Y la amistad de Jonatán con David provenía también de la providencia de Dios con el fin de conservar la vida al futuro soberano de Israel. En todas estas cosas, Dios desarrollaba sus bondadosos propósitos, tanto para David como para el pueblo de Israel.
Saúl, sin embargo, no permaneció por mucho tiempo en amistad con David. Mientras ambos regresaban de la batalla con los filisteos “salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y con danzas, con tamboriles, y con alegrías y sonajas, a recibir al rey Saúl”. Un grupo cantaba: “Saúl hirió sus miles”, en tanto que otro grupo respondía cantando: “Y David sus diez miles”.
El demonio de los celos penetró en el corazón del rey. Se airó porque el canto de las mujeres de Israel ensalzaba más a David que a él mismo. En lugar de sojuzgar esos sentimientos envidiosos, puso de manifiesto la debilidad de su carácter, y exclamó: “A David le dan diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino”.
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