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Domingo 22 de Marzo de 2026.

  • hace 3 horas
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1 Crónicas 2 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Los hijos de Israel

(Gn. 35.22-26)

1 Estos son los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, 2 Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad y Aser.


Descendientes de Judá

3 Los hijos de Judá: Er, Onán y Sela. Estos tres le nacieron de la hija de Súa, cananea. Y Er, primogénito de Judá, fue malo delante de Jehová, quien lo mató. 4 Y Tamar su nuera dio a luz a Fares y a Zera. Todos los hijos de Judá fueron cinco.


5 Los hijos de Fares: Hezrón y Hamul. 6 Y los hijos de Zera: Zimri, Etán, Hemán, Calcol y Dara; por todos cinco. 7 Hijo de Carmi fue Acán, el que perturbó a Israel, porque prevaricó en el anatema. 8 Azarías fue hijo de Etán.


9 Los hijos que nacieron a Hezrón: Jerameel, Ram y Quelubai. 10 Ram engendró a Aminadab, y Aminadab engendró a Naasón, príncipe de los hijos de Judá. 11 Naasón engendró a Salmón, y Salmón engendró a Booz. 12 Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí, 13 e Isaí engendró a Eliab su primogénito, el segundo Abinadab, Simea el tercero, 14 el cuarto Natanael, el quinto Radai, 15 el sexto Ozem, el séptimo David, 16 de los cuales Sarvia y Abigail fueron hermanas. Los hijos de Sarvia fueron tres: Abisai, Joab y Asael. 17 Abigail dio a luz a Amasa, cuyo padre fue Jeter ismaelita, 18 Caleb hijo de Hezrón engendró a Jeriot de su mujer Azuba. Y los hijos de ella fueron Jeser, Sobab y Ardón. 19 Muerta Azuba, tomó Caleb por mujer a Efrata, la cual dio a luz a Hur. 20 Y Hur engendró a Uri, y Uri engendró a Bezaleel.


21 Después entró Hezrón a la hija de Maquir padre de Galaad, la cual tomó siendo él de sesenta años, y ella dio a luz a Segub. 22 Y Segub engendró a Jair, el cual tuvo veintitrés ciudades en la tierra de Galaad. 23 Pero Gesur y Aram tomaron de ellos las ciudades de Jair, con Kenat y sus aldeas, sesenta lugares. Todos estos fueron de los hijos de Maquir padre de Galaad. 24 Muerto Hezrón en Caleb de Efrata, Abías mujer de Hezrón dio a luz a Asur padre de Tecoa.


25 Los hijos de Jerameel primogénito de Hezrón fueron Ram su primogénito, Buna, Orén, Ozem y Ahías. 26 Y tuvo Jerameel otra mujer llamada Atara, que fue madre de Onam. 27 Los hijos de Ram primogénito de Jerameel fueron Maaz, Jamín y Equer. 28 Y los hijos de Onam fueron Samai y Jada. Los hijos de Samai: Nadab y Abisur. 29 Y el nombre de la mujer de Abisur fue Abihail, la cual dio a luz a Ahbán y a Molid. 30 Los hijos de Nadab: Seled y Apaim. Y Seled murió sin hijos. 31 Isi fue hijo de Apaim, y Sesán hijo de Isi, e hijo de Sesán, Ahlai. 32 Los hijos de Jada hermano de Samai: Jeter y Jonatán. Y murió Jeter sin hijos. 33 Los hijos de Jonatán: Pelet y Zaza. Estos fueron los hijos de Jerameel. 34 Y Sesán no tuvo hijos, sino hijas; pero tenía Sesán un siervo egipcio llamado Jarha. 35 A este Sesán dio su hija por mujer, y ella dio a luz a Atai. 36 Atai engendró a Natán, y Natán engendró a Zabad; 37 Zabad engendró a Eflal, Eflal engendró a Obed; 38 Obed engendró a Jehú, Jehú engendró a Azarías; 39 Azarías engendró a Heles, Heles engendró a Elasa; 40 Elasa engendró a Sismai, Sismai engendró a Salum; 41 Salum engendró a Jecamías, y Jecamías engendró a Elisama.


42 Los hijos de Caleb hermano de Jerameel fueron: Mesa su primogénito, que fue el padre de Zif; y los hijos de Maresa padre de Hebrón. 43 Y los hijos de Hebrón: Coré, Tapúa, Requem y Sema. 44 Sema engendró a Raham padre de Jorcoam, y Requem engendró a Samai. 45 Maón fue hijo de Samai, y Maón padre de Bet-sur. 46 Y Efa concubina de Caleb dio a luz a Harán, a Mosa y a Gazez. Y Harán engendró a Gazez. 47 Los hijos de Jahdai: Regem, Jotam, Gesam, Pelet, Efa y Saaf. 48 Maaca concubina de Caleb dio a luz a Seber y a Tirhana. 49 También dio a luz a Saaf padre de Madmana, y a Seva padre de Macbena y padre de Gibea. Y Acsa fue hija de Caleb. 50 Estos fueron los hijos de Caleb. Los hijos de Hur primogénito de Efrata: Sobal padre de Quiriat-jearim, 51 Salma padre de Belén, y Haref padre de Bet-gader. 52 Y los hijos de Sobal padre de Quiriat-jearim fueron Haroe, la mitad de los manahetitas. 53 Y las familias de Quiriat-jearim fueron los itritas, los futitas, los sumatitas y los misraítas, de los cuales salieron los zoratitas y los estaolitas. 54 Los hijos de Salma: Belén, y los netofatitas, Atrot-bet-joab, y la mitad de los manahetitas, los zoraítas. 55 Y las familias de los escribas que moraban en Jabes fueron los tirateos, los simeateos y los sucateos, los cuales son los ceneos que vinieron de Hamat padre de la casa de Recab.



Comentario del Capitulo




Capítulo 70 El reinado de David


Este capítulo está basado en 2 Samuel 5:6-25; 6; 7; 9 y 10.


Tan pronto como David se vio afianzado en el trono de Israel, comenzó a buscar una localidad más apropiada para la capital de su reino. A unos treinta kilómetros de Hebrón, se escogió un sitio como la futura metrópoli de la nación. Antes que Josué condujera los ejércitos de Israel a través del Jordán, ese lugar se había llamado Salem. Cerca de allí Abraham había probado su lealtad a Dios. Ochocientos años antes de la coronación de David, había vivido allí Melquisedec, sacerdote del Altísimo. Ocupaba este sitio una posición central y elevada en el país, protegida por un cerco de colinas. Como se hallaba en el límite entre Benjamín y Judá, estaba también muy próxima a Efraín, y las otras tribus tenían fácil acceso a él.


Para conquistar esta localidad, los hebreos debían desalojar un remanente de los cananeos, que sostenía una posición fortificada en las montañas de Sión y Moria. Este fuerte se llamaba Jebús, y a sus habitantes se les conocía por el nombre de jebuseos. Durante varios siglos, se había considerado a Jebús como inexpugnable; pero fue sitiado y tomado por los hebreos bajo el mando de Joab, a quien, como premio por su valor, se le hizo comandante en jefe de los ejércitos de Israel. Jebús se convirtió en la capital nacional, y su nombre pagano fue cambiado al de Jerusalén.


Entonces Hiram, rey de la rica ciudad de Tiro, situada en la costa del Mediterráneo, procuró hacer alianza con el rey de Israel, y prestó ayuda a David en la construcción de un palacio en Jerusalén. Envió de Tiro embajadores acompañados de arquitectos y trabajadores y de un gran cargamento de maderas costosas, cedros y otros materiales valiosos.


El aumento del poderío de Israel debido a su unión bajo el gobierno de David, la adquisición de la fortaleza de Jebús, y la alianza con Hiram, rey de Tiro, provocaron la hostilidad de los filisteos, y nuevamente invadieron el país con un poderoso ejército, tomando posiciones en el valle de Refaim, a poca distancia de la ciudad de Jerusalén. David y sus hombres de guerra se retiraron a la fortaleza de Sión, a esperar la dirección divina. “Entonces consultó David a Jehová, diciendo: “¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?” Respondió Jehová a David: “Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tus manos””. 2 Samuel 5:17-25.


David avanzó de inmediato contra el enemigo, lo venció y destruyó, y le quitó los dioses que había llevado al campo de batalla para asegurar su victoria. Exasperados por la humillación de su derrota, los filisteos reunieron una fuerza aún mayor, y volvieron al conflicto. Y otra vez “se desplegaron por el valle de Refaim”. Nuevamente David buscó al Señor, y el gran YO SOY asumió la dirección de los ejércitos de Israel,


Dios le dio instrucciones a David, diciéndole: “No subas, sino rodéalos y atácalos frente a las balsameras. Y cuando oigas ruido como de marcha por las copas de las balsameras, entonces atacarás, porque Jehová saldrá delante de ti para derrotar el campamento de los filisteos”. Si David hubiera hecho como Saúl, es decir, hubiese decidido por su cuenta, el éxito no le habría acompañado. Pero hizo como el Señor le había ordenado, “y derrotaron al ejército de los filisteos desde Gabaón hasta Gezer. Y la fama de David se divulgó por todas aquellas tierras; y Jehová puso el temor de David sobre todas las naciones”. 1 Crónicas 14:16, 17.


Tan pronto David estuvo firmemente establecido en el trono, y libre de la invasión de enemigos extranjeros, quiso lograr un propósito que había abrigado por mucho tiempo en su corazón: el de traer el arca de Dios a Jerusalén. Durante muchos años, el arca había permanecido en Kiriat-jearim, a unos quince kilómetros de distancia; pero era propio que la capital de la nación fuera honrada con el símbolo de la presencia divina.


David citó a treinta mil de los hombres principales de Israel, pues quería hacer de la ocasión una escena de gran regocijo e imponente ostentación. El pueblo respondió alegremente a la invitación. El sumo sacerdote, acompañado de sus hermanos en el cargo sagrado, y los príncipes y hombres principales de las tribus se congregaron en Kiriat-jearim. David estaba encendido de celo divino. Se sacó el arca de la casa de Abinadab y se la puso sobre una carreta nueva tirada por bueyes, y acompañada por dos de los hijos de Abinadab.


Los hombres de Israel la seguían, con palabras de alabanza y de regocijo, y con cantos de júbilo, pues era una gran multitud de voces la que se unía a la melodía y el sonido de los instrumentos musicales. “Así David y toda la casa de Israel llevaban el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta”. Véase 2 Samuel 6. Hacía mucho que Israel no presenciaba semejante escena de triunfo. Con solemne regocijo, la enorme procesión iba serpenteando entre las colinas y los valles, hacia la ciudad santa.










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