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Domingo 6 de Julio de 2025.

  • daniela0780
  • 6 jul 2025
  • 5 Min. de lectura

Éxodo 31 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Llamamiento de Bezaleel y de Aholiab

(Ex. 35.30—36.1)

1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 3 y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, 4 para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 5 y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor. 6 Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado; 7 el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio que está sobre ella, y todos los utensilios del tabernáculo, 8 la mesa y sus utensilios, el candelero limpio y todos sus utensilios, el altar del incienso, 9 el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, 10 los vestidos del servicio, las vestiduras santas para Aarón el sacerdote, las vestiduras de sus hijos para que ejerzan el sacerdocio, 11 el aceite de la unción, y el incienso aromático para el santuario; harán conforme a todo lo que te he mandado.


El día de reposo como señal

12 Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13 Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14 Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. 15 Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá. 16 Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. 17 Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.


El becerro de oro

(Dt. 9.6-29)

18 Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.


Comentario del Capitulo




Capítulo 15 El casamiento de Isaac


Este capítulo está basado en Génesis 24.


Abraham había llegado a la ancianidad y sabía que pronto moriría, pero aún le quedaba un acto por cumplir, para asegurar a su descendencia el cumplimiento de la promesa. Isaac era a quien Dios había designado para sucederle como depositario de la ley de Dios y padre del pueblo escogido; pero todavía era soltero. Los habitantes de Canaán estaban entregados a la idolatría, y Dios, sabiendo que tales uniones conducirían a la apostasía había prohibido el matrimonio entre ellos y su pueblo. El patriarca temía el efecto de las corruptoras influencias que rodeaban a su hijo. La fe de Abraham en Dios y su sumisión a la voluntad divina se reflejaban en el carácter de Isaac; pero el joven era de afectos profundos, y de naturaleza benigna y condescendiente. Si se unía con una mujer que no temiera a Dios, se vería en peligro de sacrificar sus principios en aras de la armonía. Para Abraham, elegir esposa para su hijo era asunto de suma importancia y anhelaba que se casara con quien no lo apartara de Dios.


En los tiempos antiguos, los compromisos matrimoniales eran hechos generalmente por los padres; y esta era la costumbre también entre los que adoraban a Dios. No se exigía a nadie que se casara con una persona a quien no amara; pero al brindar sus afectos, los hijos eran guiados por el juicio de sus padres piadosos y experimentados. Actuar de otro modo era como deshonrar a los padres, y hasta cometer delito.


Isaac, confiando en la sabiduría y el cariño de su padre, se conformaba con dejarle a él la solución del asunto creyendo que Dios lo guiaría en la elección. Los pensamientos del patriarca se dirigieron hacia los parientes de su padre que estaban en Mesopotamia. Aunque no estaban libres de idolatría, apreciaban el conocimiento y el culto del verdadero Dios. Isaac no debía salir de Canaán para ir adonde estaban ellos; pero tal vez se podría hallar entre ellos a una mujer dispuesta a dejar a su país y a unirse con él para conservar puro el culto del Dios viviente.


Abraham confió este importante asunto al servidor más anciano de su casa, hombre piadoso y experimentado, de sano juicio, que le había dado fiel y largo servicio. Hizo prestar a este servidor el solemne juramento ante el Señor de que no tomaría para Isaac una mujer cananea, sino que elegiría a una doncella de la familia de Nacor, de Mesopotamia. Le ordenó que no llevara allá a Isaac. En caso de que no se encontrara una doncella que quisiera dejar a sus parientes, el mensajero quedaría absuelto de su juramento. El patriarca lo animó en su difícil y delicada empresa, asegurándole que Dios coronaría su tarea con éxito. “Jehová, Dios de los cielos -le dijo-, que me tomó de la casa de mi padre[...] enviará su ángel delante de ti”. Véase Génesis 24.


El mensajero se puso en camino sin demora. Llevó consigo diez camellos para su acompañamiento y para la comitiva de la novia que vendría con él. Tomó también regalos para la futura esposa y sus amistades, y emprendió el largo viaje allende Damasco, por las llanuras que llegan hasta el gran río del este. Al llegar a Harán, “la ciudad de Nacor”, se detuvo fuera de las murallas, cerca del pozo donde al atardecer iban las mujeres de la ciudad a sacar agua. Estos fueron para él momentos de gran reflexión. La elección que hiciera tendría consecuencias importantes, no solamente para la familia de su señor, sino también para las generaciones venideras; pero ¿cómo elegiría sabiamente entre gente completamente desconocida? Acordándose de las palabras de Abraham referentes a que Dios enviaría su ángel con él, rogó a Dios con fervor para pedirle que lo dirigiera en forma positiva. En la familia de su amo estaba acostumbrado a ver de continuo manifestaciones de amabilidad y hospitalidad, y rogó ahora que un acto de cortesía le indicara la doncella que Dios había elegido.




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