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Domingo 7 de Diciembre de 2025.

  • daniela0780
  • 7 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

Rut 3 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Rut y Booz en la era

1 Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien? 2 ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas. 3 Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber. 4 Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer. 5 Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes.


6 Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado. 7 Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó. 8 Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies. 9 Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano. 10 Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos. 11 Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa. 12 Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo. 13 Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová. Descansa, pues, hasta la mañana.


14 Y después que durmió a sus pies hasta la mañana, se levantó antes que los hombres pudieran reconocerse unos a otros; porque él dijo: No se sepa que vino mujer a la era.


15 Después le dijo: Quítate el manto que traes sobre ti, y tenlo. Y teniéndolo ella, él midió seis medidas de cebada, y se las puso encima; y ella se fue a la ciudad.


16 Y cuando llegó a donde estaba su suegra, esta le dijo: ¿Qué hay, hija mía? Y le contó ella todo lo que con aquel varón le había acontecido. 17 Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dio, diciéndome: A fin de que no vayas a tu suegra con las manos vacías.


18 Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy.



Comentario del Capitulo




Capítulo 47-48 La alianza con los Gabaonitas


Este capítulo está basado en Josué 9 y 10.


De siquem los Israelitas volvieron a su campamento de Gilgal. Allí los visitó poco después una extraña embajada, que deseaba realizar un pacto con ellos. Los embajadores manifestaron que venían de tierras lejanas, cosa que parecía confirmar su apariencia. Llevaban ropas viejas y raídas; sus sandalias estaban recosidas; sus provisiones de boca estaban mohosas, y sus odres, rasgados y remendados, como si se los hubiera reparado apresuradamente durante el viaje.


En su lejana tierra, situada, según ellos, más allá de los límites de Palestina, sus conciudadanos habían oído hablar de las maravillas que Dios realizó por su pueblo, y los habían mandado a hacer alianza con Israel. A los hebreos se les había advertido especialmente que no se aliaran en manera alguna con los idólatras de Canaán, y se despertó una duda en la mente de los jefes acerca de si los extraños decían la verdad o no. “Quizás vosotros habitáis en medio de nosotros”, dijeron. A esto los embajadores solo contestaron: “Nosotros somos tus siervos”. Véase Josué 9, 10. Pero cuando Josué les preguntó directamente: “¿Quién sois vosotros y de dónde venís?”, ellos repitieron la contestación anterior, y agregaron en prueba de su sinceridad: “Este nuestro pan lo tomamos caliente de nuestras casas para el camino el día que salimos para venir a vuestro encuentro, y ahora ya está seco y mohoso. Estos odres de vino también los llenamos nuevos, y ya están rotos. También estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de tanto caminar”.


Estas explicaciones prevalecieron. Los hebreos “no consultaron a Jehová. Josué hizo la paz con ellos; también celebró con ellos una alianza concediéndoles la vida y los príncipes de la congregación hicieron un juramento”. Así se concertó la alianza. Tres días después se descubrió la verdad. “Supieron que eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos”. Sabiendo que les era imposible resistir a los hebreos, los gabaonitas habían recurrido a esa estratagema para conservar la vida.


Fue grande la indignación de los israelitas cuando supieron que se los había engañado. Y esta indignación aumentó cuando después de tres días de viaje, llegaron a las ciudades de los gabaonitas, cerca del centro del país. “Toda la congregación empezó a murmurar contra los príncipes”; pero estos rehusaron quebrantar la alianza que habían hecho a pesar de que fue lograda por fraude porque habían “jurado por Jehová Dios de Israel”. “Y los hijos de Israel no los mataron”. Los gabaonitas se habían comprometido solemnemente a renunciar a la idolatría, y a aceptar el culto de Jehová; y al perdonarles la vida, no se violaba el mandamiento de Dios que ordenaba la destrucción de los cananeos idólatras. De manera que por su juramento los hebreos no se habían comprometido a cometer pecado. Y aunque el juramento se había obtenido por engaño no debía ser violado. La obligación incurrida al empeñar uno su palabra, con tal que no sea para cometer un acto malo o ilícito, debe tenerse por sagrada. Ninguna consideración de ganancia material, venganza o interés personal, puede afectar la inviolabilidad de un juramento o promesa. “Los labios mentirosos son abominación a Jehová”. “Subirá al monte de Jehová” y “estará en lugar de su santidad” el que “aun jurado en perjuicio suyo, no por eso cambia”. Proverbios 12:22; Salmos 24:3; 15:4.


A los gabaonitas se les permitió vivir, pero se los destinó a prestar servicios en el santuario, a desempeñar todos los trabajos inferiores. “Aquel día Josué los destinó a ser leñadores y aguadores para la congregación y para el altar de Jehová”. Ellos aceptaron agradecidos esta imposición, y sabiendo que eran culpables, se conformaron con comprar su vida bajo cualesquiera condiciones. “Ahora, pues, estamos en tus manos -dijeron a Josué-; lo que te parezca bueno y recto hacer de nosotros, hazlo”. Durante muchos siglos sus descendientes estuvieron vinculados con el servicio del santuario.


El territorio de los gabaonitas comprendía cuatro ciudades. El pueblo no estaba bajo la soberanía de un rey, sino que lo gobernaban ancianos o senadores. Gabaón, la más importante de sus ciudades, “era tan grande, como una de las ciudades reales”, “y todos sus hombres eran valientes”. El hecho de que el pueblo de esa ciudad recurriera a una argucia tan humillante para salvar la vida, demuestra cuánto terror inspiraban los israelitas a los habitantes de Canaán.


Pero les hubiera salido mejor a los gabaonitas si hubieran tratado honradamente con Israel. Aunque su sumisión a Jehová les permitió conservar la vida, su engaño solo les reportó deshonra y servidumbre. Dios había estatuido que todos los que renunciaran al paganismo, y se unieran con los israelitas, debían de participar de las bendiciones del pacto. Quedaban incluidos en la expresión “el extranjero que habite con vosotros”, y con pocas excepciones esta clase había de gozar iguales favores y privilegios que Israel.







Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







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