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Domingo 8 de Marzo de 2026.

  • hace 9 horas
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2 Reyes 13 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Reinado de Joacaz

1 En el año veintitrés de Joás hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; y reinó diecisiete años. 2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y siguió en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; y no se apartó de ellos. 3 Y se encendió el furor de Jehová contra Israel, y los entregó en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad hijo de Hazael, por largo tiempo. 4 Mas Joacaz oró en presencia de Jehová, y Jehová lo oyó; porque miró la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía. 5 (Y dio Jehová salvador a Israel, y salieron del poder de los sirios; y habitaron los hijos de Israel en sus tiendas, como antes. 6 Con todo eso, no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvieron; y también la imagen de Asera permaneció en Samaria.) 7 Porque no le había quedado gente a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, diez carros, y diez mil hombres de a pie; pues el rey de Siria los había destruido, y los había puesto como el polvo para hollar. 8 El resto de los hechos de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 9 Y durmió Joacaz con sus padres, y lo sepultaron en Samaria, y reinó en su lugar Joás su hijo.


Reinado de Joás de Israel

10 El año treinta y siete de Joás rey de Judá, comenzó a reinar Joás hijo de Joacaz sobre Israel en Samaria; y reinó dieciséis años. 11 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvo. 12 Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, y el esfuerzo con que guerreó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 13 Y durmió Joás con sus padres, y se sentó Jeroboam sobre su trono; y Joás fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.


Profecía final y muerte de Eliseo

14 Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! 15 Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas. 16 Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey, 17 y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos. 18 Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. 19 Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora solo tres veces derrotarás a Siria.


20 Y murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. 21 Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies.


22 Hazael, pues, rey de Siria, afligió a Israel todo el tiempo de Joacaz. 23 Mas Jehová tuvo misericordia de ellos, y se compadeció de ellos y los miró, a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob; y no quiso destruirlos ni echarlos de delante de su presencia hasta hoy.


24 Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad su hijo. 25 Y volvió Joás hijo de Joacaz y tomó de mano de Ben-adad hijo de Hazael las ciudades que este había tomado en guerra de mano de Joacaz su padre. Tres veces lo derrotó Joás, y restituyó las ciudades a Israel.


Comentario del Capitulo




Capítulo 66 La muerte de Saúl


Otra vez se declaró la guerra entre Israel y los filisteos. “Se reunieron, pues, los filisteos, y vinieron a acampar en Sunem”, en la orilla norte de la llanura de Jezreel; mientras que Saúl y sus fuerzas acamparon solo a pocas millas de distancia, al pie del monte de Gilboa, en el borde meridional de la llanura. En esta llanura era donde Gedeón, con trescientos hombres, había derrotado a las huestes de Madián. Pero el espíritu que animaba al libertador de Israel era muy distinto del que agitaba ahora el corazón del rey. Gedeón salió al campo de batalla, fortalecido por su fe en el poderoso Dios de Jacob; mientras que Saúl se sentía solo e indefenso, porque Dios le había abandonado. Al mirar a lo lejos a las huestes filisteas, “tuvo miedo y se turbó sobremanera su corazón”. Véase 1 Samuel 28-31.


Saúl sabía que David y su fuerza estaban con los filisteos, y pensó que el hijo de Isaí aprovecharía esta oportunidad para vengarse de los agravios que había recibido. El rey estaba muy angustiado. Su propio odio irracional, al incitarle a destruir al escogido de Dios, había envuelto a la nación en tan grande peligro. Mientras se había empeñado en perseguir a David, había descuidado la defensa del reino. Los filisteos, aprovechándose de su condición desamparada, habían penetrado hasta el mismo corazón del país. Mientras Satanás instaba a Saúl a que empleara toda su energía para perseguir a David, su mismo espíritu maligno había inducido a los filisteos a que aprovecharan la oportunidad de labrar la ruina de Saúl, y derrocar al pueblo de Dios. ¡Cuán a menudo usa la misma política y el mismo procedimiento el gran enemigo! Trabaja sobre un corazón falto de consagración para encender la envidia y la lucha en la iglesia, y luego, aprovechándose de la condición dividida en que está el pueblo de Dios, mueve a sus agentes para que labren la ruina de dicho pueblo.


Al día siguiente, Saúl debía entablar batalla con los filisteos. Le rodeaban las oscuras sombras de la destrucción inminente; anhelaba tener ayuda y dirección. Pero era en vano que buscara el consejo de Dios. “Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas”.


Nunca se apartó el Señor de un alma que acudiera a él con sinceridad y humildad. ¿Por qué dejó a Saúl sin respuesta? Por sus propios actos, el rey había desechado los beneficios de todos los métodos de interrogar a Dios. Había rechazado el consejo de Samuel el profeta; había desterrado a David, el escogido de Dios; había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. ¿Podía esperar que Dios le contestara, cuando había cortado por completo los medios de comunicación que había ordenado el cielo? Habiendo ahuyentado por sus pecados al Espíritu de gracia, ¿podía acaso recibir respuesta del Señor mediante sueños y revelaciones?


Saúl no se volvió a Dios con humildad y arrepentimiento. Lo que él buscaba no era el perdón de su pecado ni la reconciliación con Dios, sino que se lo librara de sus enemigos. Por su propia obstinación y rebelión, se había separado de Dios. No podía retornar a él sino por medio del arrepentimiento y de la contrición; pero el monarca orgulloso, en su angustia y desesperación, decidió solicitar ayuda de otra fuente.


Dijo entonces Saúl a sus siervos: “Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que vaya a consultar por medio de ella”. Saúl conocía perfectamente el carácter de la necromancia. Esta había sido expresamente prohibida por el Señor, y se había pronunciado sentencia de muerte contra todos los que practicaran sus artes inicuas. Mientras vivía Samuel, Saúl había mandado a matar a todos los magos y a los que tuviesen espíritu de adivinación; pero ahora, en un arrebato de desesperación, recurría al oráculo que él mismo había condenado como abominación.










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