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Jueves 2 de Julio 2026.

  • hace 13 horas
  • 4 min de lectura

Job 6 (RVR1960) Profetas y Reyes



Job reprocha la actitud de sus amigos

1 Respondió entonces Job, y dijo:


2 ¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento,


Y se alzasen igualmente en balanza!


3 Porque pesarían ahora más que la arena del mar;


Por eso mis palabras han sido precipitadas.


4 Porque las saetas del Todopoderoso están en mí,


Cuyo veneno bebe mi espíritu;


Y terrores de Dios me combaten.


5 ¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba?


¿Muge el buey junto a su pasto?


6 ¿Se comerá lo desabrido sin sal?


¿Habrá gusto en la clara del huevo?


7 Las cosas que mi alma no quería tocar,


Son ahora mi alimento.


8 ¡Quién me diera que viniese mi petición,


Y que me otorgase Dios lo que anhelo,


9 Y que agradara a Dios quebrantarme;


Que soltara su mano, y acabara conmigo!


10 Sería aún mi consuelo,


Si me asaltase con dolor sin dar más tregua,


Que yo no he escondido las palabras del Santo.


11 ¿Cuál es mi fuerza para esperar aún?


¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia?


12 ¿Es mi fuerza la de las piedras,


O es mi carne de bronce?


13 ¿No es así que ni aun a mí mismo me puedo valer,


Y que todo auxilio me ha faltado?


14 El atribulado es consolado por su compañero;


Aun aquel que abandona el temor del Omnipotente.


15 Pero mis hermanos me traicionaron como un torrente;


Pasan como corrientes impetuosas


16 Que están escondidas por la helada,


Y encubiertas por la nieve;


17 Que al tiempo del calor son deshechas,


Y al calentarse, desaparecen de su lugar;


18 Se apartan de la senda de su rumbo,


Van menguando, y se pierden.


19 Miraron los caminantes de Temán,


Los caminantes de Sabá esperaron en ellas;


20 Pero fueron avergonzados por su esperanza;


Porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos.


21 Ahora ciertamente como ellas sois vosotros;


Pues habéis visto el tormento, y teméis.


22 ¿Os he dicho yo: Traedme,


Y pagad por mí de vuestra hacienda;


23 Libradme de la mano del opresor,


Y redimidme del poder de los violentos?


24 Enseñadme, y yo callaré;


Hacedme entender en qué he errado.


25 ¡Cuán eficaces son las palabras rectas!


Pero ¿qué reprende la censura vuestra?


26 ¿Pensáis censurar palabras,


Y los discursos de un desesperado, que son como el viento?


27 También os arrojáis sobre el huérfano,


Y caváis un hoyo para vuestro amigo.


28 Ahora, pues, si queréis, miradme,


Y ved si digo mentira delante de vosotros.


29 Volved ahora, y no haya iniquidad;


Volved aún a considerar mi justicia en esto.


30 ¿Hay iniquidad en mi lengua?


¿Acaso no puede mi paladar discernir las cosas inicuas?


Comentario del Capitulo






Capítulo 17—El llamamiento de Eliseo


Mientras se proclame el Evangelio en toda su pureza, habrá hombres que serán llamados del arado y de las vocaciones comerciales comunes, que suelen embargar la mente, y se educarán al lado de hombres de experiencia. Mientras aprendan a trabajar eficazmente, proclamarán la verdad con poder. Mediante admirables manifestaciones de la providencia divina, serán eliminadas y arrojadas al mar montañas de dificultades. El mensaje que tanto significa para los moradores de la tierra será oído y comprendido. Los hombres conocerán lo que es la verdad. La obra seguirá progresando cada vez más, hasta que toda la tierra haya sido amonestada; y entonces vendrá el fin.


Durante varios años después del llamamiento de Eliseo, él y Elías trabajaron juntos, de modo que el hombre más joven iba adquiriendo diariamente mayor preparación para su obra. Elías había sido usado por Dios para destruir males gigantescos. La idolatría que, fomentada por Acab y la pagana Jezabel, había seducido a la nación, había sido detenida en forma decidida. Habían sido muertos los profetas de Baal. Todo el pueblo de Israel había quedado profundamente conmovido, y muchos volvían a adorar a Dios. Como sucesor de Elías, Elíseo debía esforzarse por guiar a Israel en sendas seguras mediante una instrucción paciente y cuidadosa. Su trato con Elías, el mayor profeta que se conociera desde Moisés, le preparó para la obra que pronto debería hacer solo.


Una y otra vez, durante esos años de ministerio conjunto, Elías debió reprender severamente males flagrantes. Cuando el impío Acab se apoderó del viñedo de Nabot, fué la voz de Elías la que profetizó su condenación y la de toda su casa. Y cuando Ocozías, después de la muerte de su padre Acab, despreció al Dios viviente y se dirigió a Baal-zebub, dios de Ecrón, fué la voz de Elías la que se oyó una vez más en ardiente protesta.


Las escuelas de los profetas establecidas por Samuel habían caído en decadencia durante los años de apostasía que hubo en Israel. Elías restableció estas escuelas y tomó medidas para que los jóvenes pudieran educarse en forma que los indujese a magnificar y honrar la ley. En el relato se mencionan tres de esas escuelas. Una estaba en Gilgal, otra en Betel y la tercera en Jericó. Precisamente antes que Elías fuese arrebatado al cielo, visitó con Eliseo estos centros de educación. El profeta de Dios repitió entonces las lecciones que les había dado en visitas anteriores. Instruyó especialmente a los jóvenes acerca de su alto privilegio de mantenerse lealmente fieles al Dios del cielo. También grabó en su mente la importancia que tenía el dejar que la sencillez caracterizase todo detalle de su educación. Solamente así podrían recibir la impresión celestial y salir a trabajar en los caminos del Señor.









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