Jueves 26 de Febrero 2026.
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2 Reyes 3 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Reinado de Joram de Israel
1 Joram hijo de Acab comenzó a reinar en Samaria sobre Israel el año dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años. 2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho. 3 Pero se entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.
Eliseo predice la victoria sobre Moab
4 Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones. 5 Pero muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel. 6 Salió entonces de Samaria el rey Joram, y pasó revista a todo Israel. 7 Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré, porque yo soy como tú; mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como los tuyos. 8 Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Edom.
9 Salieron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el rey de Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino, les faltó agua para el ejército, y para las bestias que los seguían. 10 Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas. 11 Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías. 12 Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Edom.
13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No; porque Jehová ha reunido a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas. 14 Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera. 15 Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo, 16 quien dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchos estanques. 17 Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados. 18 Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará también a los moabitas en vuestras manos. 19 Y destruiréis toda ciudad fortificada y toda villa hermosa, y talaréis todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil. 20 Aconteció, pues, que por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Edom, y la tierra se llenó de aguas.
21 Cuando todos los de Moab oyeron que los reyes subían a pelear contra ellos, se juntaron desde los que apenas podían ceñir armadura en adelante, y se pusieron en la frontera. 22 Cuando se levantaron por la mañana, y brilló el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como sangre; 23 y dijeron: ¡Esto es sangre de espada! Los reyes se han vuelto uno contra otro, y cada uno ha dado muerte a su compañero. Ahora, pues, ¡Moab, al botín! 24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se levantaron los israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron de delante de ellos; pero los persiguieron matando a los de Moab. 25 Y asolaron las ciudades, y en todas las tierras fértiles echó cada uno su piedra, y las llenaron; cegaron también todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles; hasta que en Kir-hareset solamente dejaron piedras, porque los honderos la rodearon y la destruyeron. 26 Y cuando el rey de Moab vio que era vencido en la batalla, tomó consigo setecientos hombres que manejaban espada, para atacar al rey de Edom; mas no pudieron. 27 Entonces arrebató a su primogénito que había de reinar en su lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el muro. Y hubo grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y se volvieron a su tierra.
Comentario del Capitulo

Capítulo 64 David fugitivo
Jonatán creía que su padre había mudado su propósito, y que ya no pensaba quitarle la vida a David. Y Jonatán le dijo: “De ninguna manera; no morirás. Mi padre no hace ninguna cosa, ni grande ni pequeña, que no me la descubra; ¿por qué, pues, me ha de ocultar mi padre este asunto? No será así”. Jonatán no podía creer que, después de la manifestación extraordinaria del poder de Dios, su padre quisiera todavía hacer daño a David, puesto que esto sería una rebelión manifiesta contra Dios. Pero David no estaba convencido. Con intenso fervor declaró a Jonatán: “Ciertamente, vive Jehová y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte”.
En ocasión de la luna nueva, se celebraba en Israel una fiesta sagrada. Esta fiesta caía en el día que seguía al de la entrevista entre David y Jonatán. En esta fiesta se esperaba que ambos jóvenes aparecieran a la mesa del rey; pero David temía presentarse, y quedó arreglado que visitara a sus hermanos en Belén. A su regreso se escondería en un campo no muy distante del salón de banquetes, y durante tres días se mantendría ausente de la presencia del rey; y Jonatán observaría los efectos en Saúl. En caso de que preguntara por el paradero del hijo de Isaí, Jonatán diría que se había ido para asistir al sacrificio ofrecido por la casa de su padre. Si el rey no expresaba ira, sino que contestaba: “Bien está”, entonces no sería peligroso para David volver a la corte. Pero si el rey se enfurecía por la ausencia, ello decidiría que David debía huir.
El primer día del banquete el rey no inquirió acerca de la ausencia de David, pero cuando su sitio estuvo vacante el segundo día, preguntó: “¿Por qué no ha venido a comer hoy ni ayer el hijo de Isaí? Jonatán respondió a Saúl: “David me pidió encarecidamente que lo dejara ir a Belén. Me dijo: ‘Te ruego que me dejes ir, porque nuestra familia celebra sacrificio en la ciudad y mi hermano me lo ha demandado; por lo tanto, si he hallado gracia a tus ojos, permíteme ir ahora para visitar a mis hermanos’. Por esto no ha venido a la mesa del rey””.
Cuando Saúl oyó estas palabras, su ira se desenfrenó. Declaró que mientras viviera David, Jonatán no podría subir al trono de Israel, y exigió que se buscara en seguida por David, para ejecutarlo. Jonatán nuevamente intercedió por su amigo, suplicando: “¿Por qué morirá? ¿Qué ha hecho?” Esta súplica dirigida al rey sirvió solo para hacerlo más satánico en su furia, y arrojó a su propio hijo la lanza que había destinado para David.
El príncipe se acongojó y se indignó, y saliendo de la presencia real, no asistió más al banquete. El dolor agobiaba su alma cuando fue, en el momento señalado, al sitio donde debía comunicar a David las intenciones del rey hacia él. Ambos se abrazaron y lloraron amargamente. El odio sombrío del rey oscurecía la vida de los jóvenes, y el dolor de ellos era demasiado intenso para que pudieran expresarlo con palabras. Las últimas palabras de Jonatán cuando se separaron para seguir cada uno su respectivo camino cayeron en el oído de David. Fueron: “Vete en paz, porque ambos hemos jurado en nombre de Jehová, diciendo: “Que Jehová esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre””.
El hijo del rey regresó a Gabaa, y David se apresuró a llegar a Nob, ciudad que se encontraba a pocas millas de distancia, y que también pertenecía a la tribu de Benjamín. Se había llevado de Silo a este sitio el tabernáculo, y allí oficiaba Ahimelec, el sumo sacerdote. David no sabía adónde refugiarse, sino en casa del siervo de Dios. El sacerdote lo miró con asombro, al verlo llegar con apresuramiento y aparentemente solo, con la ansiedad y la tristeza impresas en el rostro; y le preguntó qué lo traía allí.
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