Lunes 16 de Junio de 2025.
- daniela0780
- 16 jun 2025
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Éxodo 11 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Anunciada la muerte de los primogénitos
1 Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo. 2 Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro. 3 Y Jehová dio gracia al pueblo en los ojos de los egipcios. También Moisés era tenido por gran varón en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del pueblo. 4 Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, 5 y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. 6 Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. 7 Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. 8 Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la presencia de Faraón. 9 Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto.
10 Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón; pues Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no envió a los hijos de Israel fuera de su país.
Comentario del Capitulo

Capítulo 10-11 Abraham en Canaán
Abraham fue honrado por los pueblos circunvecinos como un príncipe poderoso y un caudillo sabio y capaz. No dejó de ejercer su influencia entre sus vecinos. Su vida y su carácter, en contraste con la vida y el carácter de los idólatras, ejercían una influencia notable en favor de la verdadera fe. Su fidelidad hacia Dios fue inquebrantable, en tanto que su afabilidad y benevolencia inspiraban confianza y amistad, y su grandeza sin afectación imponía respeto y honra.
No retuvo su religión como un tesoro precioso que debía guardarse celosamente y pertenecer exclusivamente a su poseedor. La verdadera religión no puede considerarse así, pues un espíritu tal sería contrario a los principios del evangelio. Mientras Cristo more en el corazón, será imposible esconder la luz de su presencia, u oscurecerla. Por el contrario, brillará cada vez más a medida que día tras día las nieblas del egoísmo y del pecado que envuelven el alma sean disipadas por los brillantes rayos del Sol de justicia.
Los hijos de Dios son sus representantes en la tierra y él quiere que sean luces en medio de las tinieblas morales de este mundo. Esparcidos por todos los ámbitos de la tierra, en pueblos, ciudades y aldeas, son testigos de Dios, los medios por los cuales él ha de comunicar a un mundo incrédulo el conocimiento de su voluntad y las maravillas de su gracia. Él se propone que todos los que reciben la salvación sean sus misioneros. La piedad de los cristianos constituye la norma mediante la cual los infieles juzgan al evangelio.
Las pruebas soportadas pacientemente, las bendiciones recibidas con gratitud, la mansedumbre, la bondad, la misericordia y el amor manifestados habitualmente, son las luces que brillan en el carácter ante el mundo, y ponen de manifiesto el contraste que existe con las tinieblas que proceden del egoísmo del corazón natural.
Abraham, además de ser rico en fe, noble y generoso, inquebrantable en la obediencia, y humilde en la sencillez de su vida de peregrino, era sabio en la diplomacia, y valiente y diestro en la guerra. A pesar de ser conocido como maestro de una nueva religión, tres príncipes, hermanos entre sí y soberanos de las llanuras de los amorreos donde él vivía, le demostraron su amistad invitándolo a aliarse con ellos para alcanzar mayor seguridad; pues el país estaba lleno de violencia y opresión. Muy pronto se le presentó una oportunidad para valerse de esta alianza.
Quedorlaomer, rey de Elam, había invadido la tierra de Canaán hacía catorce años, y la había hecho su tributaria. Varios de los príncipes se habían rebelado ahora, y el rey elamita, con cuatro aliados, marchó de nuevo contra el país con el fin de someterlo. Cinco reyes de Canaán unieron sus fuerzas, y salieron al encuentro de los invasores en el valle de Sidim, nada más que para ser derrotados. Una gran parte del ejército fue destruida totalmente, y los que pudieron escapar huyeron a las montañas en busca de seguridad. Los invasores victoriosos saquearon las ciudades de la llanura, y se marcharon llevándose un rico botín y muchos prisioneros, entre los cuales iban Lot y su familia.
Abraham, que habitaba tranquilamente en el encinar de Mamre, se enteró por un fugitivo de lo ocurrido en aquella batalla y de la desgracia de su sobrino. No había albergado en su corazón resentimiento por la ingratitud de Lot. Se despertó por él todo su afecto, y decidió rescatarlo. Buscando ante todo el consejo divino, Abraham se preparó para la guerra. En su propio campamento reunió a trescientos dieciocho de sus siervos adiestrados, hombres educados en el temor de Dios, en el servicio de su señor y en el uso de las armas. Sus aliados, Mamre, Escol y Aner, se le unieron con sus grupos, y juntos salieron en persecución de los invasores.
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