Lunes 30 de Julio de 2025.
- daniela0780
- 30 jun 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 1 jul 2025
Éxodo 25 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
La ofrenda para el tabernáculo
(Ex. 35.4-9)
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. 3 Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, 4 azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 5 pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 6 aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 7 piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. 8 Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. 9 Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.
El arca del testimonio
(Ex. 37.1-9)
10 Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. 11 Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor. 12 Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en sus cuatro esquinas; dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado. 13 Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro. 14 Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas. 15 Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella. 16 Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré. 17 Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. 18 Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. 19 Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. 20 Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines. 21 Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. 22 Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.
La mesa para el pan de la proposición
(Ex. 37.10-16)
23 Harás asimismo una mesa de madera de acacia; su longitud será de dos codos, y de un codo su anchura, y su altura de codo y medio. 24 Y la cubrirás de oro puro, y le harás una cornisa de oro alrededor. 25 Le harás también una moldura alrededor, de un palmo menor de anchura, y harás a la moldura una cornisa de oro alrededor. 26 Y le harás cuatro anillos de oro, los cuales pondrás en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas. 27 Los anillos estarán debajo de la moldura, para lugares de las varas para llevar la mesa. 28 Harás las varas de madera de acacia, y las cubrirás de oro, y con ellas será llevada la mesa. 29 Harás también sus platos, sus cucharas, sus cubiertas y sus tazones, con que se libará; de oro fino los harás. 30 Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente.
El candelero de oro
(Ex. 37.17-24)
31 Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo. 32 Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado. 33 Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero; 34 y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores. 35 Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero. 36 Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro. 37 Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante. 38 También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. 39 De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios. 40 Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.
Comentario del Capitulo

Capítulo 14 La destrucción de Sodoma
Melquisedec, al bendecir a Abraham, había reconocido a Jehová como la fuente de todo su poder y como autor de la victoria: “Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos”. Génesis 14:19, 20. Dios estaba hablando a aquel pueblo por su providencia, pero el último rayo de luz fue rechazado, como todos los anteriores.
Y ahora se acercaba la última noche de Sodoma. Las nubes de la venganza proyectaban ya sus sombras sobre la ciudad condenada. Pero los hombres no las percibieron. Mientras se acercaban los ángeles con su misión destructora, los hombres soñaban con prosperidad y placer. El último día fue como todos los demás que habían llegado y desaparecido. La noche se cerró sobre una escena de hermosura y seguridad. Los rayos del sol poniente crearon un panorama de incomparable belleza. La frescura del atardecer había atraído fuera de las casas a los habitantes de la ciudad, y las multitudes amantes del placer se paseaban gozando de aquel momento.
A la caída de la tarde, dos forasteros llegaron a la puerta de la ciudad. Parecían viajeros que venían a pasar allí la noche. Nadie pudo reconocer en estos humildes caminantes a los poderosos heraldos del juicio divino, y poco pensaba la alegre e indiferente multitud que, en su trato con estos mensajeros celestiales, esa misma noche colmaría la culpabilidad que condenaba a su orgullosa ciudad. Pero hubo un hombre que demostró a los forasteros una amable atención, convidándolos a su casa. Lot no conocía el verdadero carácter de los visitantes, pero la cortesía y la hospitalidad eran una costumbre en él, formaban parte de su religión, eran lecciones que había aprendido del ejemplo de Abraham. Si no hubiera cultivado este espíritu de cortesía, habría sido abandonado para morir con los demás habitantes de Sodoma. Muchas familias, al cerrar sus puertas a un forastero, han excluido a algún mensajero de Dios, que les habría proporcionado bendición, esperanza y paz.
En la vida, todo acto, por insignificante que sea, tiene su influencia para el bien o para el mal. La fidelidad o el descuido en lo que parecen ser deberes menos importantes puede abrir la puerta a las más ricas bendiciones o a las mayores calamidades. Son las cosas pequeñas las que prueban el carácter. Dios mira con una sonrisa complaciente los actos humildes de abnegación cotidiana, si se realizan con un corazón alegre y voluntario. No hemos de vivir para nosotros mismos, sino para los demás. Solo olvidándonos de nosotros mismos y participando un espíritu amable y ayudador, podemos hacer de nuestra vida una bendición. Las pequeñas atenciones, los actos sencillos de cortesía, contribuyen mucho a la felicidad de la vida, y el descuido de estas cosas influye considerablemente en la miseria humana.
Conociendo Lot el maltrato a que los forasteros estarían expuestos en Sodoma, consideró que era su deber protegerlos, ofreciéndoles hospedaje en su casa. Estaba sentado a la puerta de la ciudad cuando los viajeros se acercaron, y al verlos, se levantó para ir a su encuentro, e inclinándose cortésmente, les dijo: “Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo para alojaros”. Véase Génesis 19:2. Pareció que rehusaban su hospitalidad cuando contestaron: “No, esta noche nos quedaremos en la calle”. La intención de esta respuesta era doble: probar la sinceridad de Lot, y también aparentar que ignoraban el carácter de los habitantes de Sodoma, como si supusieran que había seguridad en quedarse en la calle durante la noche. Su respuesta hizo que Lot se sintiera más decidido a no dejarlos a merced del populacho. Repitió su invitación hasta que cedieron y lo acompañaron a su casa.
Lot había esperado ocultar su intención a los ociosos que estaban en la puerta, llevando a los forasteros a su casa mediante un rodeo; pero la vacilación y tardanza de estos, así como las instancias de él dieron tiempo a que los observaran; y antes de que se acostaran aquella noche, una gran cantidad de gente desenfrenada se reunió alrededor de la casa. Era una inmensa multitud de jóvenes y ancianos, todos igualmente enardecidos por las más bajas pasiones. Los forasteros se habían informado del carácter de la ciudad, y Lot los había advertido de que no se atrevieran a salir de la casa por la noche; en ese momento se oyeron los gritos y las mofas de la muchedumbre, que exigía que sacara afuera a los hombres.
Sabiendo Lot que si provocaba la violencia de esta gente, podrían derribar fácilmente la puerta de su casa, salió a ver si podía conseguir algo mediante la persuasión. “Os ruego -dijo-, hermanos míos, que no hagáis tal maldad”. Utilizando la palabra “hermanos” en el sentido de vecinos, esperaba conciliárselos y avergonzarlos de sus malos propósitos. Pero sus palabras fueron como aceite sobre las llamas. La ira de la turba creció como una rugiente tempestad. Se burlaron de Lot por intentar hacerse juez de ellos, y lo amenazaron con tratarlo peor de cómo intentaban tratar a sus huéspedes. Se abalanzaron sobre él, y lo habrían despedazado si no lo hubieran librado los ángeles de Dios. Los mensajeros celestiales “alargaron la mano, metieron a Lot en la casa con ellos y cerraron la puerta”. Los sucesos que siguieron manifestaron el carácter de los huéspedes a quienes había alojado. “Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta. Génesis 19:10. Si por el endurecimiento de su corazón, no hubieran sido afectados por doble ceguedad, el golpe que Dios les asestara los habría atemorizado y hecho desistir de sus obras impías.
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