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Lunes 31 de Agosto de 2026.

  • hace 10 horas
  • 3 min de lectura

Salmo 24 (RVR1960) Profetas y Reyes



El rey de gloria

Salmo de David.


1 De Jehová es la tierra y su plenitud;


El mundo, y los que en él habitan.


2 Porque él la fundó sobre los mares,


Y la afirmó sobre los ríos.


3 ¿Quién subirá al monte de Jehová?


¿Y quién estará en su lugar santo?


4 El limpio de manos y puro de corazón;


El que no ha elevado su alma a cosas vanas,


Ni jurado con engaño.


5 Él recibirá bendición de Jehová,


Y justicia del Dios de salvación.


6 Tal es la generación de los que le buscan,


De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah


7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,


Y alzaos vosotras, puertas eternas,


Y entrará el Rey de gloria.


8 ¿Quién es este Rey de gloria?


Jehová el fuerte y valiente,


Jehová el poderoso en batalla.


9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,


Y alzaos vosotras, puertas eternas,


Y entrará el Rey de gloria.


10 ¿Quién es este Rey de gloria?


Jehová de los ejércitos,


Él es el Rey de la gloria. Selah


Comentario del Capitulo





Capítulo 30—Librados de Asiria


“Mas el rey Ezechías, y el profeta Isaías hijo de Amós, oraron por esto, y clamaron al cielo.” 2 Crónicas 32:20.


Dios contestó las oraciones de sus siervos. A Isaías se le comunicó este mensaje para Ezequías: “Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volveráse a su tierra: y yo haré que en su tierra caiga a cuchillo.” 2 Reyes 19:6, 7.


Después de separarse de los príncipes de Judá, los representantes asirios se comunicaron directamente con su rey, que estaba con la división de su ejército que custodiaba el camino hacia Egipto. Cuando oyó el informe, Senaquerib escribió “letras en que blasfemaba a Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las gentes de los países no pudieron librar su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezechías librará al suyo de mis manos.” 2 Crónicas 32:17.


La jactanciosa amenaza iba acompañada por este mensaje: “No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y has tú de escapar? ¿Libráronlas los dioses de las gentes, que mis padres destruyeron, es a saber, Gozán, y Harán, y Reseph, y los hijos de Edén que estaban en Thalasar? ¿Dónde está el rey de Hamath, el rey de Arphad, el rey de la ciudad de Sepharvaim, de Hena, y de Hiva?” 2 Reyes 19:10-13.


Cuando el rey de Judá recibió la carta desafiante, la llevó al templo, y extendiéndola “delante de Jehová” (Vers. 14), oró con fe enérgica pidiendo ayuda al Cielo para que las naciones de la tierra supiesen que todavía vivía y reinaba el Dios de los hebreos. Estaba en juego el honor de Jehová; y él solo podía librarlos.


Ezequías intercedió: “Jehová Dios de Israel, que habitas entre los querubines, tú solo eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye las palabras de Sennacherib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruído las gentes y sus tierras; y que pusieron en el fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y así los destruyeron. Ahora pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te suplico, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú solo, Jehová, eres Dios.” Vers. 15-19.








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