Martes 10 de Junio de 2025.
- daniela0780
- 10 jun 2025
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Éxodo 5 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Moisés y Aarón ante Faraón
1 Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. 2 Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel. 3 Y ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, para que no venga sobre nosotros con peste o con espada. 4 Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas. 5 Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus tareas. 6 Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces, diciendo: 7 De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja. 8 Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios. 9 Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas.
10 Y saliendo los cuadrilleros del pueblo y sus capataces, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja. 11 Id vosotros y recoged la paja donde la halléis; pero nada se disminuirá de vuestra tarea. 12 Entonces el pueblo se esparció por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojo en lugar de paja. 13 Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabad vuestra obra, la tarea de cada día en su día, como cuando se os daba paja. 14 Y azotaban a los capataces de los hijos de Israel que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes?
15 Y los capataces de los hijos de Israel vinieron a Faraón y se quejaron a él, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos? 16 No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: Haced el ladrillo. Y he aquí tus siervos son azotados, y el pueblo tuyo es el culpable. 17 Y él respondió: Estáis ociosos, sí, ociosos, y por eso decís: Vamos y ofrezcamos sacrificios a Jehová. 18 Id pues, ahora, y trabajad. No se os dará paja, y habéis de entregar la misma tarea de ladrillo. 19 Entonces los capataces de los hijos de Israel se vieron en aflicción, al decírseles: No se disminuirá nada de vuestro ladrillo, de la tarea de cada día. 20 Y encontrando a Moisés y a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de Faraón, 21 les dijeron: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues nos habéis hecho abominables delante de Faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en la mano para que nos maten.
Jehová comisiona a Moisés y a Aarón
22 Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? 23 Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo.
Comentario del Capitulo

Capítulo 10 La torre de Babel
Hasta esa época, todos los hombres habían hablado el mismo idioma; ahora los que podían entenderse se reunieron en grupos y unos tomaron un camino, y otros otro. “Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra”. Génesis 11:8. Esta dispersión obligó a los hombres a poblar la tierra, y el propósito de Dios se alcanzó por el medio empleado por ellos para evitarlo.
Pero ¡a costa de cuánta pérdida para los que se habían levantado contra Dios! Era el propósito del Creador que a medida que los hombres fueran a fundar naciones en distintas partes de la tierra, llevaran consigo el conocimiento de su voluntad, y que la luz de la verdad alumbrara a las generaciones futuras. Noé, el fiel predicador de la justicia, vivió trescientos cincuenta años después del diluvio, Sem vivió quinientos años, y sus descendientes tuvieron así oportunidad de conocer los requerimientos de Dios y la historia de su trato con sus padres. Pero no quisieron escuchar estas verdades desagradables; no querían retener a Dios en su conocimiento, y en gran medida la confusión de lenguas les impidió comunicarse con quienes podrían haberles ilustrado.
Los constructores de la torre de Babel manifestaron un espíritu de murmuración contra Dios. En vez de recordar con gratitud su misericordia hacia Adán, y su bondadoso pacto con Noé, se quejaron de su severidad al expulsar a la primera pareja del Edén y al destruir al mundo mediante un diluvio. Pero mientras murmuraban contra Dios calificándolo de arbitrario y severo, estaban aceptando la soberanía del más cruel de los tiranos. Satanás trató de acarrear menosprecio sobre las ofrendas expiatorias que prefiguraban la muerte de Cristo; y a medida que la mente de los hombres iba entenebreciéndose con la idolatría, los indujo a falsificar estas ofrendas, y a sacrificar sus propios hijos sobre los altares de sus dioses. A medida que los hombres se alejaban de Dios, los atributos divinos: la justicia, la pureza y el amor, fueron reemplazados por la opresión, la violencia y la brutalidad.
Los hombres de Babel habían decidido establecer un gobierno independiente de Dios. Sin embargo, había algunos entre ellos que temían al Señor, pero que habían sido engañados por las pretensiones de los impíos, y enredados por sus ardides. Por amor a estos el Señor retardó sus juicios, y dio tiempo a los seres humanos para que revelaran su carácter verdadero. A medida que esto se cumplía, los hijos de Dios trabajaban por hacerles cambiar su propósito; pero los hombres estaban completamente unidos en su atrevida empresa contra el cielo. Si no hubieran sido reprimidos, habrían desmoralizado al mundo cuando todavía era joven. Su confederación se fundó en la rebelión; era un reino que se establecía para el ensalzamiento propio, en el cual Dios no iba a tener soberanía ni honor. Si se hubiera permitido esta confederación, un formidable poder habría procurado desterrar la justicia, la paz, la felicidad y la seguridad de este mundo. En lugar del estatuto divino que es “santo, y justo, y bueno” (Romanos 7:12), los hombres estaban tratando de establecer leyes que satisficieran su propio corazón cruel y egoísta.
Los que temían al Señor le imploraron que intercediese. “Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres”. Génesis 11:5. Por misericordia hacia el mundo, Dios frustró el propósito de los edificadores de la torre, y derrumbó el monumento de su osadía. Por misericordia, confundió su lenguaje y estorbó sus propósitos de rebelión.
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