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Martes 11 de Agosto de 2026.

  • hace 3 días
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Salmos 4 (RVR1960) Profetas y Reyes



Oración vespertina de confianza en Dios

Al músico principal; sobre Neginot. Salmo de David.

1 Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia.


Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar;


Ten misericordia de mí, y oye mi oración.


2 Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia,


Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah


3 Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí;


Jehová oirá cuando yo a él clamare.


4 Temblad, y no pequéis;


Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Selah


5 Ofreced sacrificios de justicia,


Y confiad en Jehová.


6 Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?


Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro.


7 Tú diste alegría a mi corazón


Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.


8 En paz me acostaré, y asimismo dormiré;


Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.


Comentario del Capitulo






Capítulo 26—“He ahí a vuestro Dios”


Hoy esta profecía se está cumpliendo rápidamente. Las actividades misioneras de la iglesia de Dios en la tierra están produciendo ricos frutos, y pronto el mensaje del Evangelio habrá sido proclamado a todas las naciones. “Para alabanza de la gloria de su gracia,” hombres y mujeres de toda tribu, lengua y pueblo son transformados y hechos “aceptos en el Amado,” “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” Efesios 1:6; 2:7. “Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, que solo hace maravillas. Y bendito su nombre glorioso para siempre: y toda la tierra sea llena de su gloria.” Salmos 72:18, 19.


En la visión que recibió Isaías en el atrio del templo, se le presentó claramente el carácter del Dios de Israel. Se le había aparecido en gran majestad “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo;” sin embargo se le hizo comprender la naturaleza compasiva de su Señor. El que mora “en la altura y la santidad” mora también “con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” Isaías 57:15. El ángel enviado a tocar los labios de Isaías le había traído este mensaje: “Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.” Isaías 6:7.


Al contemplar a su Dios, el profeta, como Saulo de Tarso frente a Damasco, recibió no sólo una visión de su propia indignidad, sino que penetró en su corazón humillado la seguridad de un perdón completo y gratuito, y se levantó transformado. Había visto a su Señor. Había obtenido una vislumbre de la hermosura del carácter divino. Podía atestiguar la transformación que se realizó en él por la contemplación del amor infinito. Se sintió inspirado desde entonces por el deseo ardiente de ver al errante Israel libertado de la carga y penalidad del pecado. Preguntó el profeta: “¿Para qué habéis de ser castigados aún?” “Venid luego, dirá Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” “Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: aprended a hacer bien.” Isaías 1:5, 18, 16, 17.


El Señor a quien aseveraban servir, pero cuyo carácter no habían comprendido, les fué presentado como el gran Médico de la enfermedad espiritual. ¿Qué importaba que toda la cabeza estuviese enferma y desmayase el corazón? ¿Qué importaba que desde la planta del pie hasta la coronilla no hubiese lugar sano, sino heridas, magulladuras y llagas putrefactas? Vers. 6. El que se había desviado siguiendo los impulsos de su corazón podía sanar si se volvía al Señor. Dios declaraba: “Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consolaciones... Paz, paz al lejano y al cercano, dijo Jehová; y sanarélo.” Isaías 57:18, 19.









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