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Martes 13 de Enero de 2025.

  • daniela0780
  • hace 2 horas
  • 5 Min. de lectura

2 Samuel 5 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



David es proclamado rey de Israel

(1 Cr. 11.1-3)

1 Vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron, diciendo: Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos. 2 Y aun antes de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel. 3 Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel. 4 Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. 5 En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá.


David toma la fortaleza de Sion

(1 Cr. 11.4-9)

6 Entonces marchó el rey con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que moraban en aquella tierra; los cuales hablaron a David, diciendo: Tú no entrarás acá, pues aun los ciegos y los cojos te echarán (queriendo decir: David no puede entrar acá). 7 Pero David tomó la fortaleza de Sion, la cual es la ciudad de David. 8 Y dijo David aquel día: Todo el que hiera a los jebuseos, suba por el canal y hiera a los cojos y ciegos aborrecidos del alma de David. Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en la casa. 9 Y David moró en la fortaleza, y le puso por nombre la Ciudad de David; y edificó alrededor desde Milo hacia adentro. 10 Y David iba adelantando y engrandeciéndose, y Jehová Dios de los ejércitos estaba con él.


Hiram envía embajadores a David

(1 Cr. 14.1-2)

11 También Hiram rey de Tiro envió embajadores a David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cuales edificaron la casa de David. 12 Y entendió David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y que había engrandecido su reino por amor de su pueblo Israel.


Hijos de David nacidos en Jerusalén

(1 Cr. 3.5-9; 14.3-7)

13 Y tomó David más concubinas y mujeres de Jerusalén, después que vino de Hebrón, y le nacieron más hijos e hijas. 14 Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 15 Ibhar, Elisúa, Nefeg, Jafía, 16 Elisama, Eliada y Elifelet.


David derrota a los filisteos

(1 Cr. 14.8-17)

17 Oyendo los filisteos que David había sido ungido por rey sobre Israel, subieron todos los filisteos para buscar a David; y cuando David lo oyó, descendió a la fortaleza. 18 Y vinieron los filisteos, y se extendieron por el valle de Refaim. 19 Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano. 20 Y vino David a Baal-perazim, y allí los venció David, y dijo: Quebrantó Jehová a mis enemigos delante de mí, como corriente impetuosa. Por esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim. 21 Y dejaron allí sus ídolos, y David y sus hombres los quemaron.


22 Y los filisteos volvieron a venir, y se extendieron en el valle de Refaim. 23 Y consultando David a Jehová, él le respondió: No subas, sino rodéalos, y vendrás a ellos enfrente de las balsameras. 24 Y cuando oigas ruido como de marcha por las copas de las balsameras, entonces te moverás; porque Jehová saldrá delante de ti a herir el campamento de los filisteos. 25 Y David lo hizo así, como Jehová se lo había mandado; e hirió a los filisteos desde Geba hasta llegar a Gezer.


Comentario del Capitulo




Capítulo 56-57 Elí y sus hijos


Si los que profesan la religión, en vez de hacer esfuerzos fervientes, persistentes y concienzudos para criar una familia bien ordenada como testimonio de los beneficios que reporta la fe en Dios, son flojos en el gobierno de la casa y toleran los malos deseos de sus hijos, actuan como Elí y acarrean deshonra a la causa de Cristo, y ruina para sí mismos y sus familias. Pero por grandes que sean los males debidos a la infidelidad paternal en cualquier circunstancia, son diez veces mayores cuando existen en las familias de quienes fueron designados maestros del pueblo. Cuando estos no gobiernan sus propias casas, desvían por su mal ejemplo a muchos del buen camino. Su culpabilidad es tanto mayor que la de los demás cuanto mayor es la responsabilidad de su cargo.


Se había prometido que la casa de Aarón andaría siempre delante de Dios; pero esta promesa se había hecho a condición de que los miembros de la tal casa se dedicaran a la obra del santuario con corazón sincero y honraran a Dios en toda forma, no sirviéndose a sí mismos ni siguiendo sus propias inclinaciones perversas. Elí y sus hijos habían sido probados, y el Señor los había hallado enteramente indignos del elevado cargo de sacerdotes en su servicio. Así que Dios declaró: “Nunca yo tal haga”. No podía hacer en su favor el bien que quería hacerles, porque ellos no habían hecho su parte.


El ejemplo que deben dar los que sirven en las cosas santas debe ser de tal carácter que induzca al pueblo a reverenciar a Dios y a temer ofenderlo. Cuando los hombres que actúan como “en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:20), para proclamar al pueblo el mensaje divino de misericordia y reconciliación, usan su sagrada vocación como un disfraz para satisfacer sus deseos egoístas o sensuales, se convierten en los agentes más eficaces de Satanás. Como Ofni y Finees, inducen al pueblo a aborrecer el sacrificio a Jehová. Puede ser que se entreguen secretamente a su mala conducta por algún tiempo; pero cuando finalmente se revela su verdadero carácter, la fe del pueblo recibe un golpe que a menudo resulta en la destrucción de toda fe en la religión. Queda en su mente desconfianza hacia todos los que profesan enseñar la palabra de Dios. Reciben con dudas el mensaje del siervo verdadero de Cristo. Se preguntan constantemente: “¿No será este hombre como aquel que creíamos tan santo y que resultó tan corrupto?” Así pierde la palabra de Dios todo su poder sobre las almas de los hombres.


En la reprensión que dirigió Elí a sus hijos, hay palabras de significado solemne y terrible, palabras que deben pesar todos los que sirven en las cosas sagradas: “Si el hombre peca contra el hombre, los jueces le juzgarán; pero si alguno peca contra Jehová, ¿quién rogará por él?” Si los delitos de ellos hubieran perjudicado tan solo a sus semejantes, el juez podría haber hecho una reconciliación señalando una pena y requiriendo la restitución correspondiente; y los culpables podrían haber sido perdonados. O si su pecado no hubiera sido de presunción, podría haberse ofrecido en su favor un sacrificio expiatorio. Pero sus pecados estaban tan entretejidos con su ministerio como sacerdotes del Altísimo en el ofrecimiento de sacrificios por los pecados, y la obra de Dios había sido tan profanada y deshonrada ante el pueblo, que no había expiación aceptable en su favor. Su propio padre, a pesar de que era sumo sacerdote, no se atrevía a interceder por ellos; ni podía escudarlos de la ira de un Dios santo.


De todos los pecadores, son más culpables los que arrojan menosprecio sobre los medios que el cielo proveyó para la redención del hombre, los que crucifican “de nuevo para sí mismos al hijo de Dios”, y lo exponen “a vituperio”. Hebreos 6:6.











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