Martes 19 de Noviembre de 2024.
- daniela0780
- 19 nov 2024
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Hechos 23 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
1 Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. 2 El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca. 3 Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear? 4 Los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias? 5 Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.
6 Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga. 7 Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. 8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. 9 Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. 10 Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza.
11 A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.
Complot contra Pablo
12 Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo. 13 Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración, 14 los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición, a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo. 15 Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarle antes que llegue.
16 Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo. 17 Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. 18 Él entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este joven, que tiene algo que hablarte. 19 El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme? 20 Él le dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él. 21 Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa. 22 Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto.
Pablo es enviado a Félix el gobernador
23 Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea; 24 y que preparasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el gobernador. 25 Y escribió una carta en estos términos:
26 Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. 27 A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano. 28 Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos; 29 y hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión. 30 Pero al ser avisado de asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él. Pásalo bien.
31 Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le llevaron de noche a Antípatris. 32 Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la fortaleza. 33 Cuando aquellos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. 34 Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y habiendo entendido que era de Cilicia, 35 le dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores. Y mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.
Comentario del Capitulo

Capítulo 76 Judas
A pesar de la propia enseñanza del Salvador, Judas estaba de continuo sugiriendo la idea de que Cristo iba a reinar como rey en Jerusalén. Procuró obtenerlo cuando los cinco mil fueron alimentados. En esta ocasión, Judas ayudó a distribuir el alimento a la hambrienta multitud. Tuvo oportunidad de ver el beneficio que estaba a su alcance impartir a otros. Sintió la satisfacción que siempre proviene de servir a Dios. Ayudó a traer a los enfermos y dolientes de entre la multitud a Cristo. Vió qué alivio, qué gozo y alegría penetraban en los corazones humanos por el poder sanador del Restaurador. Podría haber comprendido los métodos de Cristo. Pero estaba cegado por sus propios deseos egoístas. Judas fué el primero en aprovecharse del entusiasmo despertado por el milagro de los panes El fué quien puso en pie el proyecto de tomar a Cristo por la fuerza y hacerle rey. Sus esperanzas eran grandes y su des encanto fué amargo.
El discurso de Cristo en la sinagoga acerca del pan de vida, fué el punto decisivo en la historia de Judas. Oyó las palabras: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.” Vió que Cristo ofrecía beneficio espiritual más bien que mundanal. Se consideraba como previsor, y pensó que podía vislumbrar que Cristo no tendría honores ni podría conceder altos puestos a sus seguidores. Resolvió no unirse tan íntimamente con Cristo que no pudiese apartarse. Quedaría a la expectativa, y así lo hizo.
Desde ese tiempo expresó dudas que confundían a los discípulos. Introducía controversias y sentimientos engañosos, repitiendo los argumentos presentados por los escribas y fariseos contra los asertos de Cristo. Todas las dificultades y cruces, grandes y pequeñas, las contrariedades y aparentes estorbos para el adelantamiento del Evangelio, eran interpretados por Judas como evidencias contra su veracidad. Introducía pasajes de la Escritura que no tenían relación con las verdades que Cristo presentaba. Estos pasajes, separados de su contexto, dejaban perplejos a los discípulos y aumentaban el desaliento que constantemente los apremiaba. Sin embargo, Judas hacía todo esto de una manera que parecía concienzuda. Y mientras los discípulos buscaban pruebas que confirmasen las palabras del gran Maestro, Judas los conducía casi imperceptiblemente por otro camino. Así, de una manera muy religiosa y aparentemente sabia, daba a los asuntos un cariz diferente del que Jesús les había dado y atribuía a sus palabras un significado que él no les había impartido. Sus sugestiones excitaban constantemente un deseo ambicioso de preferencia temporal, y así apartaban a los discípulos de las cosas importantes que debieran haber considerado. La disensión en cuanto a cuál de ellos era el mayor era generalmente provocada por Judas.
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