top of page

Martes 24 de Febrero de 2026.

  • hace 1 día
  • 5 Min. de lectura

2 Reyes 1 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Muerte de Ocozías

1 Después de la muerte de Acab, se rebeló Moab contra Israel.


2 Y Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad. 3 Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? 4 Por tanto, así ha dicho Jehová: Del lecho en que estás no te levantarás, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue.


5 Cuando los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por qué os habéis vuelto? 6 Ellos le respondieron: Encontramos a un varón que nos dijo: Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que estás no te levantarás; de cierto morirás. 7 Entonces él les dijo: ¿Cómo era aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales palabras? 8 Y ellos le respondieron: Un varón que tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero. Entonces él dijo: Es Elías tisbita.


9 Luego envió a él un capitán de cincuenta con sus cincuenta, el cual subió a donde él estaba; y he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte. Y el capitán le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas. 10 Y Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta.


11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta; y le habló y dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho así: Desciende pronto. 12 Y le respondió Elías y dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, y lo consumió a él y a sus cincuenta.


13 Volvió a enviar al tercer capitán de cincuenta con sus cincuenta; y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, se puso de rodillas delante de Elías y le rogó, diciendo: Varón de Dios, te ruego que sea de valor delante de tus ojos mi vida, y la vida de estos tus cincuenta siervos. 14 He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a los dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta; sea estimada ahora mi vida delante de tus ojos. 15 Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías: Desciende con él; no tengas miedo de él. Y él se levantó, y descendió con él al rey. 16 Y le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para consultar en su palabra? No te levantarás, por tanto, del lecho en que estás, sino que de cierto morirás.


17 Y murió conforme a la palabra de Jehová, que había hablado Elías. Reinó en su lugar Joram, en el segundo año de Joram hijo de Josafat, rey de Judá; porque Ocozías no tenía hijo. 18 Los demás hechos de Ocozías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?


Comentario del Capitulo




Capítulo 64 David fugitivo


El rey vigilaba estrictamente a David, con la esperanza de descubrir alguna muestra de temeridad e indiscreción que sirviera de excusa para hacerlo caer en desgracia. Le parecía imposible quedarse satisfecho mientras no pudiera quitar la vida al joven en forma tal que permitiera justificar ante la nación su acto inicuo. Puso una trampa para los pies de David al incitarlo a que guerreara con mayor vigor contra los filisteos, con la promesa de recompensar su valor dándole la mano de su hija mayor (Merab). La contestación de David a esta propuesta fue: “¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para ser yerno del rey?” El monarca demostró su falta de sinceridad casando a la princesa con otro.


El hecho de que Mical, hija menor de Saúl, amara a David le suministró al rey otra ocasión para maquinar contra su rival. La mano de Mical le fue ofrecida al joven, a condición de que diera pruebas de haber derrotado y matado a un número determinado de los enemigos de la nación. “Saúl pensaba echar a David en manos de los filisteos”; pero Dios protegió a su siervo. David regresó vencedor de la batalla, para ser hecho yerno del rey.


“Mas Mical la otra hija de Saúl amaba a David”, y el monarca vio con enojo que sus maquinaciones habían resultado en la elevación de aquel a quien trataba de destruir. Más que nunca se sintió seguro de que era el hombre que el Señor había declarado mejor que él, y que reinaría en el trono de Israel en su lugar.


Quitándose la máscara, ordenó a Jonatán y a todos los oficiales de la corte que mataran al objeto de su odio. Jonatán reveló a David la intención del rey, y le pidió que se escondiera mientras él rogaba a su padre que le perdonara la vida al libertador de Israel. Jonatán expuso al rey lo que David había hecho para preservar el honor y aún la vida de la nación, y cuán terrible sería la culpa del asesino de aquel a quien Dios había usado como instrumento para dispersar a sus enemigos. La conciencia del rey se conmovió, y se le ablandó el corazón. “Escuchó Saúl la voz de Jonatán, juró: ¡Vive Jehová! no morirá”. Se trajo a David a la presencia de Saúl, y siguió sirviéndole, como lo había hecho en el pasado.


Nuevamente se declaró la guerra entre los israelitas y los filisteos, y David dirigió al ejército contra el enemigo. Los hebreos obtuvieron una gran victoria, y la población del reino alabó la sabiduría y el heroísmo de David. Esto sirvió para despertar la antigua amargura de Saúl contra él. Mientras el joven tocaba ante el rey, llenando el palacio con dulces melodías, la pasión de Saúl lo dominó, y arrojó a David una lanza, pensando clavar al músico a la pared; pero el ángel del Señor desvió el arma mortal. David escapó, y huyó a su casa.


Saúl envió espías para que lo arrestaran cuando saliera de su casa a la mañana siguiente, y le dieran muerte. Mical informó a David del propósito de su padre. Lo instó a huir para salvar su vida, y bajándole por la ventana, lo ayudó a escapar. Él huyó adonde vivía Samuel, en Ramá, y el profeta, sin temer el desagrado del rey, dio la bienvenida al fugitivo.









Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







bottom of page