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Miércoles 14 de Octubre de 2026.

hace 14 horas
5 min de lectura

Salmo 68 (RVR1960) Profetas y Reyes



El Dios del Sinaí y del santuario

Al músico principal. Salmo de David. Cántico.

1 Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos,


Y huyan de su presencia los que le aborrecen.


2 Como es lanzado el humo, los lanzarás;


Como se derrite la cera delante del fuego,


Así perecerán los impíos delante de Dios.


3 Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios,


Y saltarán de alegría.


4 Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre;


Exaltad al que cabalga sobre los cielos.


JAH es su nombre; alegraos delante de él.


5 Padre de huérfanos y defensor de viudas


Es Dios en su santa morada.


6 Dios hace habitar en familia a los desamparados;


Saca a los cautivos a prosperidad;


Mas los rebeldes habitan en tierra seca.


7 Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo,


Cuando anduviste por el desierto, Selah


8 La tierra tembló;


También destilaron los cielos ante la presencia de Dios;


Aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel.


9 Abundante lluvia esparciste, oh Dios;


A tu heredad exhausta tú la reanimaste.


10 Los que son de tu grey han morado en ella;


Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre.


11 El Señor daba palabra;


Había grande multitud de las que llevaban buenas nuevas.


12 Huyeron, huyeron reyes de ejércitos,


Y las que se quedaban en casa repartían los despojos.


13 Bien que fuisteis echados entre los tiestos,


Seréis como alas de paloma cubiertas de plata,


Y sus plumas con amarillez de oro.


14 Cuando esparció el Omnipotente los reyes allí,


Fue como si hubiese nevado en el monte Salmón.


15 Monte de Dios es el monte de Basán;


Monte alto el de Basán.


16 ¿Por qué observáis, oh montes altos,


Al monte que deseó Dios para su morada?


Ciertamente Jehová habitará en él para siempre.


17 Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares;


El Señor viene del Sinaí a su santuario.


18 Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad,


Tomaste dones para los hombres,


Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios.


19 Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios


El Dios de nuestra salvación. Selah


20 Dios, nuestro Dios ha de salvarnos,


Y de Jehová el Señor es el librar de la muerte.


21 Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos,


La testa cabelluda del que camina en sus pecados.


22 El Señor dijo: De Basán te haré volver;


Te haré volver de las profundidades del mar;


23 Porque tu pie se enrojecerá de sangre de tus enemigos,


Y de ella la lengua de tus perros.


24 Vieron tus caminos, oh Dios;


Los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario.


25 Los cantores iban delante, los músicos detrás;


En medio las doncellas con panderos.


26 Bendecid a Dios en las congregaciones;


Al Señor, vosotros de la estirpe de Israel.


27 Allí estaba el joven Benjamín, señoreador de ellos,


Los príncipes de Judá en su congregación,


Los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.


28 Tu Dios ha ordenado tu fuerza;


Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros.


29 Por razón de tu templo en Jerusalén


Los reyes te ofrecerán dones.


30 Reprime la reunión de gentes armadas,


La multitud de toros con los becerros de los pueblos,


Hasta que todos se sometan con sus piezas de plata;


Esparce a los pueblos que se complacen en la guerra.


31 Vendrán príncipes de Egipto;


Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios.


32 Reinos de la tierra, cantad a Dios,


Cantad al Señor; Selah


33 Al que cabalga sobre los cielos de los cielos, que son desde la antigüedad;


He aquí dará su voz, poderosa voz.


34 Atribuid poder a Dios;


Sobre Israel es su magnificencia,


Y su poder está en los cielos.


35 Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios;


El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo.


Bendito sea Dios.


Comentario del Capitulo





Capítulo 39—En la corte de Babilonia


El cuerpo es un medio muy importante de desarrollar la mente y el alma para la edificación del carácter. De ahí que el adversario de las almas encauce sus tentaciones para debilitar y degradar las facultades físicas. El éxito que obtiene en ello significa con frecuencia la entrega de todo el ser al mal. A menos que las tendencias de la naturaleza física estén dominadas por un poder superior, obrarán con certidumbre ruina y muerte. El cuerpo debe ser puesto en sujeción a las facultades superiores del ser. Las pasiones deben ser controladas por la voluntad, que debe estar a su vez bajo el control de Dios. La facultad regia de la razón, santificada por la gracia divina, debe regir la vida. El poder intelectual, el vigor físico y la longevidad dependen de leyes inmutables. Mediante la obediencia a esas leyes, el hombre puede ser vencedor de sí mismo, vencedor de sus propias inclinaciones, vencedor de principados y potestades, de los “gobernadores de estas tinieblas” y de las “malicias espirituales en los aires.” Efesios 6:12.


En el antiguo ritual que era el Evangelio en símbolos, ninguna ofrenda imperfecta podía ser llevada al altar de Dios. El sacrificio que había de representar a Cristo debía ser sin mancha. La palabra de Dios señala esto como ilustración de lo que deben ser sus hijos: un “sacrificio vivo,” santo y “sin mancha.” Romanos 12:1; Efesios 5:27.


Los notables hebreos fueron hombres de pasiones como las nuestras; y no obstante las influencias seductoras de la corte babilónica, permanecieron firmes, porque confiaban en una fuerza infinita. En ellos una nación pagana contempló una ilustración de la bondad y beneficencia de Dios, así como del amor de Cristo. En lo que experimentaron tenemos un ejemplo del triunfo de los buenos principios sobre la tentación, de la pureza sobre la depravación, de la devoción y la lealtad sobre el ateísmo y la idolatría.


Los jóvenes de hoy pueden tener el espíritu que dominó a Daniel; pueden sacar fuerza de la misma fuente, poseer el mismo poder de dominio propio y revelar la misma gracia en su vida, aun en circunstancias tan desfavorables como las que predominaban entonces. Aunque rodeados por tentaciones a satisfacer sus apetitos, especialmente en nuestras grandes ciudades, donde resulta fácil y atrayente toda complacencia sensual, pueden permanecer por la gracia de Dios firmes en su propósito de honrar a Dios. Mediante una determinación enérgica y una vigilancia constante, pueden resistir toda tentación que asalte el alma. Pero sólo podrá alcanzar la victoria el que resuelva hacer el bien por el bien mismo.


¡Qué carrera fué la de esos nobles hebreos! Poco se imaginaban cuando se despedían del hogar de su infancia cuál sería su alto destino. Se entregaron a la dirección divina con tal fidelidad y constancia que Dios pudo cumplir su propósito por su intermedio.


Las mismas poderosas verdades que fueron reveladas mediante estos hombres, Dios desea revelarlas mediante los jóvenes y los niños de hoy. La vida de Daniel y sus compañeros es una demostración de lo que él hará en favor de los que se entreguen a él y procuren con todo el corazón realizar su propósito.








Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







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