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Miércoles 20 de Mayo de 2026.

  • hace 3 días
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2 Crónicas 32 (RVR1960) Profetas y Reyes



Senaquerib invade a Judá


(2 R. 18.13-37; Is. 36.1-22)

1 Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib rey de los asirios e invadió a Judá, y acampó contra las ciudades fortificadas, con la intención de conquistarlas. 2 Viendo, pues, Ezequías la venida de Senaquerib, y su intención de combatir a Jerusalén, 3 tuvo consejo con sus príncipes y con sus hombres valientes, para cegar las fuentes de agua que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron. 4 Entonces se reunió mucho pueblo, y cegaron todas las fuentes, y el arroyo que corría a través del territorio, diciendo: ¿Por qué han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vengan? 5 Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos. 6 Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, y los hizo reunir en la plaza de la puerta de la ciudad, y habló al corazón de ellos, diciendo: 7 Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. 8 Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá.


9 Después de esto, Senaquerib rey de los asirios, mientras sitiaba a Laquis con todas sus fuerzas, envió sus siervos a Jerusalén para decir a Ezequías rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: 10 Así ha dicho Senaquerib rey de los asirios: ¿En quién confiáis vosotros, al resistir el sitio en Jerusalén? 11 ¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre y a sed, al decir: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria? 12 ¿No es Ezequías el mismo que ha quitado sus lugares altos y sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso? 13 ¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mi mano? 14 ¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano? 15 Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?


16 Y otras cosas más hablaron sus siervos contra Jehová Dios, y contra su siervo Ezequías. 17 Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos. 18 Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin de poder tomar la ciudad. 19 Y hablaron contra el Dios de Jerusalén, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres.


Jehová libra a Ezequías

(2 R. 19.1-37; Is. 37.1-38)

20 Mas el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo. 21 Y Jehová envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Este se volvió, por tanto, avergonzado a su tierra; y entrando en el templo de su dios, allí lo mataron a espada sus propios hijos. 22 Así salvó Jehová a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados. 23 Y muchos trajeron a Jerusalén ofrenda a Jehová, y ricos presentes a Ezequías rey de Judá; y fue muy engrandecido delante de todas las naciones después de esto.


Enfermedad de Ezequías

(2 R. 20.1-11; Is. 38.1-22)

24 En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte; y oró a Jehová, quien le respondió, y le dio una señal. 25 Mas Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, y contra Judá y Jerusalén. 26 Pero Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezequías.


Ezequías recibe a los enviados de Babilonia

(2 R. 20.12-19; Is. 39.1-8)

27 Y tuvo Ezequías riquezas y gloria, muchas en gran manera; y adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas, perfumes, escudos, y toda clase de joyas deseables. 28 Asimismo hizo depósitos para las rentas del grano, del vino y del aceite, establos para toda clase de bestias, y apriscos para los ganados. 29 Adquirió también ciudades, y hatos de ovejas y de vacas en gran abundancia; porque Dios le había dado muchas riquezas. 30 Este Ezequías cubrió los manantiales de Gihón la de arriba, y condujo el agua hacia el occidente de la ciudad de David. Y fue prosperado Ezequías en todo lo que hizo. 31 Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.


Muerte de Ezequías

(2 R. 20.20-21)

32 Los demás hechos de Ezequías, y sus misericordias, he aquí todos están escritos en la profecía del profeta Isaías hijo de Amoz, en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 33 Y durmió Ezequías con sus padres, y lo sepultaron en el lugar más prominente de los sepulcros de los hijos de David, honrándole en su muerte todo Judá y toda Jerusalén; y reinó en su lugar Manasés su hijo.


Comentario del Capitulo





Capítulo 6—La división del reino


Con la división del reino al principio del reinado de Roboam, la gloria de Israel empezó a desvanecerse, y nunca se recobró plenamente. A veces, durante los siglos que siguieron, el trono de David fué ocupado por hombres dotados de valor moral y previsión, y bajo la dirección de estos soberanos las bendiciones que descendían sobre los hombres de Judá se extendían a las naciones circundantes. A veces el nombre de Jehová quedaba exaltado sobre todos los dioses falsos, y su ley era reverenciada. De vez en cuando, se levantaban profetas poderosos, para fortalecer las manos de los gobernantes, y alentar al pueblo a mantenerse fiel. Pero las semillas del mal que ya estaban brotando cuando Roboam ascendió al trono, no fueron nunca desarraigadas por completo; y hubo momentos cuando el pueblo que una vez fuera favorecido por Dios cayó tan bajo que llegó a ser ludibrio entre los paganos.


Sin embargo, a pesar de la perversidad de aquellos que se inclinaban a las prácticas idólatras, Dios estaba dispuesto en su misericordia a hacer cuanto estaba en su poder para salvar de la ruina completa al reino dividido. Y a medida que transcurrían los años, y su propósito concerniente a Israel parecía destinado a quedar completamente frustrado por los ardides de hombres inspirados por los agentes satánicos, siguió manifestando sus designios benéficos mediante el cautiverio y la restauración de la nación escogida.


La división del reino fué tan sólo el comienzo de una historia admirable, en la cual se revelan la longanimidad y la tierna misericordia de Dios. Desde el crisol de aflicción por el cual debían pasar por causa de sus tendencias al mal hereditarias y cultivadas, aquellos a quienes Dios estaba tratando de purificar para sí como pueblo propio, celoso para las buenas obras, iban a reconocer finalmente: “No hay semejante a ti, oh Jehová; grande tú, y grande tu nombre en fortaleza. ¿Quién no te temerá, oh Rey de las gentes? ... Porque entre todos los sabios de las gentes, y en todos sus reinos, no hay semejante a ti... Mas Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno.” Jeremías 10:6, 7, 10.


Los adoradores de los ídolos iban a aprender al fin la lección de que los falsos dioses son impotentes para elevar y salvar a los seres humanos. “Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos.” Vers. 11. Únicamente siendo fiel al Dios vivo, Creador y Gobernante de todos, es cómo puede el hombre hallar descanso y paz.


De común acuerdo, Israel y Judá, castigados y penitentes, iban a renovar al fin su pacto con Jehová de los ejércitos, el Dios de sus padres; acerca del cual iban a declarar:


“El que hizo la tierra con su potencia,

el que puso en orden el mundo con su saber,

y extendió los cielos con su prudencia;

a su voz se da muchedumbre de aguas en el cielo,

y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia,

y saca el viento de sus depósitos.


“Todo hombre se embrutece y le falta ciencia;

avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor:

porque mentira es su obra de fundición,

y no hay espíritu en ellos;

vanidad son, obra de escarnios:

en el tiempo de su visitación perecerán.


“No es como ellos la suerte de Jacob:

porque él es el Hacedor de todo,

e Israel es la vara de su herencia:

Jehová de los ejércitos es su nombre.” Vers. 12-16.










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