top of page

Miércoles 24 de Diciembre de 2025.

  • daniela0780
  • 24 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

1 Samuel 16 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Samuel unge a David

1 Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey. 2 Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido. 3 Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere. 4 Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida? 5 Él respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.


6 Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. 7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. 8 Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a este ha escogido Jehová. 9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a este ha elegido Jehová. 10 E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a estos. 11 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son estos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. 12 Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque este es. 13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.


David toca para Saúl

14 El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. 15 Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. 16 Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio. 17 Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo. 18 Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él. 19 Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas. 20 Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo. 21 Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas. 22 Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos. 23 Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.



Comentario del Capitulo




Capítulo 52—Las fiestas anuales

Este capítulo está basado en Levítico 23.


Había tres asambleas anuales de todo Israel para rendir culto en el santuario. Éxodo 23:14-16. Por algún tiempo Silo fue el lugar de reunión; pero más tarde Jerusalén llegó a ser el centro del culto de la nación, y allí se congregaban las tribus para las fiestas solemnes.


El pueblo estaba rodeado de tribus feroces y belicosas, ansiosas de apoderarse de sus tierras; y sin embargo, tres veces al año todos los hombres robustos y fuertes para la guerra, y toda la gente que podía soportar el viaje, tenían orden de dejar sus casas para dirigirse al lugar de reunión, cerca del centro del país. ¿Qué impediría a sus enemigos que se precipitasen sobre aquellas moradas y familias sin protección y destruirlas a sangre y fuego? ¿Qué estorbaría una invasión de la tierra, que reduciría a Israel al cautiverio bajo el dominio de algún enemigo extraño? Dios había prometido ser el protector de su pueblo. “El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende”. Salmos 34:7. Mientras los israelitas subieran para adorar, el poder divino refrenaría a sus enemigos. Dios había prometido: “Yo arrojaré de tu presencia a las naciones y ensancharé tu territorio. Nadie codiciará tu tierra cuando subas tres veces al año a presentarte delante de Jehová, tu Dios”. Éxodo 34:24.


La primera de estas fiestas, la pascua, o fiesta de los panes ázimos o sin levadura, se celebraba en Abib, el primer mes del año judío, que correspondía a fines de marzo y principios de abril. Entonces el frío del invierno había pasado, como también la lluvia tardía, y toda la naturaleza se regocijaba en la frescura y hermosura de la primavera. La hierba reverdecía en las colinas y los valles, y por todas partes las flores silvestres adornaban los campos. La luna, ya casi llena, embellecía las noches. Era la estación tan bien descrita por el santo poeta que cantó:


“Ya ha pasado el invierno, la lluvia ha cesado y se fue;

han brotado las flores en la tierra,

ha venido el tiempo de la canción

y se oye el arrullo de la tórtola en nuestro país.

Ya la higuera ha dado sus higos”. Cantares 2:11-13.


Por todo el país, grupos de peregrinos se dirigían hacia Jerusalén. Los pastores que habían dejado por el momento sus rebaños y sus montes, así como los pescadores del Mar de Galilea, los labradores de los campos y los hijos de los profetas que acudían de las escuelas sagradas, todos dirigían sus pasos hacia el sitio donde se revelaba la presencia de Dios. Viajaban en cortas etapas, pues muchos iban a pie. Las caravanas veían continuamente aumentar sus filas, y a menudo se hacían muy numerosas antes de llegar a la santa ciudad.


La alegría de la naturaleza despertaba alborozo en el corazón de Israel y gratitud hacia el Dador de todas las cosas buenas. Se cantaban los grandiosos salmos hebreos que ensalzaban la gloria y la majestad de Jehová. A la señal de la trompeta, con acompañamiento de címbalos, se elevaba el coro de agradecimiento, entonado por centenares de voces:


“Yo me alegré con los que me decían:

“¡A la casa de Jehová iremos!”.

Nuestros pies estuvieron dentro

de tus puertas, Jerusalén.[...]

Allá subieron las tribus, las tribus de Jah, [...]

para alabar el nombre de Jehová [...]. Pedid por la paz de Jerusalén;

¡sean prosperados los que te aman! Salmos 122:1-6.









Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







bottom of page