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Sábado 27 de Junio de 2026.

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Job 1 (RVR1960) Profetas y Reyes



Las calamidades de Job


1 Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. 2 Y le nacieron siete hijos y tres hijas. 3 Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales. 4 E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. 5 Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.


6 Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. 7 Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. 8 Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? 9 Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10 ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. 11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. 12 Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.


13 Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, 14 y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, 15 y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia. 16 Aún estaba este hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. 17 Todavía estaba este hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia. 18 Entre tanto que este hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; 19 y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia. 20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, 21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. 22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.


Comentario del Capitulo






Capítulo 16—Caída de la casa de Acab


Los que se entregan al sortilegio de Satanás, pueden jactarse de haber recibido grandes beneficios; pero ¿prueba esto que su conducta fué sabia o segura? ¿Qué representaría el que la vida fuese prolongada? ¿O que se obtuviesen ganancias temporales? ¿Puede haber al fin compensación por haber despreciado la voluntad de Dios? Cualesquiera ganancias aparentes resultarían al fin en una pérdida irreparable. No podemos quebrantar con impunidad una sola barrera que Dios haya erigido para proteger a su pueblo del poder de Satanás.


Como Ocozías no tenía hijo, le sucedió Joram, su hermano, quien reinó sobre las diez tribus por doce años, durante los cuales vivía todavía su madre, Jezabel, y continuó ejerciendo su mala influencia sobre los asuntos de la nación. Muchos del pueblo seguían practicando costumbres idólatras. Joram mismo “hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho. Mas allegóse a los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y no se apartó de ellos.” 2 Reyes 3:2, 3.


Fué mientras Joram reinaba sobre Israel cuando Josafat murió, y el hijo de él, también llamado Joram, subió al trono del reino de Judá. Por su casamiento con la hija de Acab y Jezabel, Joram de Judá se vió estrechamente ligado con el rey de Israel; y durante su reinado siguió en pos de Baal, “como hizo la casa de Achab.” “Demás de esto hizo altos en los montes de Judá, e hizo que los moradores de Jerusalem fornicasen, y a ello impelió a Judá.” 2 Crónicas 21:6, 11.


No se dejó al rey de Judá continuar sin reprensión en su terrible apostasía. El profeta Elías no había sido trasladado todavía, y no pudo guardar silencio mientras el reino de Judá seguía por el mismo camino que había llevado al reino septentrional al borde de la ruina. El profeta envió a Joram de Judá una comunicación escrita en la cual el rey impío leyó estas palabras pavorosas:


“Jehová, el Dios de David tu padre, ha dicho así: Por cuanto no has andado en los caminos de Josaphat tu padre, ni en los caminos de Asa, rey de Judá, antes has andado en el camino de los reyes de Israel, y has hecho que fornicase Judá, y los moradores de Jerusalem, como fornicó la casa de Achab; y además has muerto a tus hermanos, a la familia de tu padre, los cuales eran mejores que tú: he aquí Jehová herirá tu pueblo de una grande plaga.”


En cumplimiento de esta profecía, “despertó Jehová contra Joram el espíritu de los Filisteos, y de los Arabes que estaban junto a los Etíopes; y subieron contra Judá, e invadieron la tierra, y tomaron toda la hacienda que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos, y a sus mujeres; que no le quedó hijo, sino Joacaz el menor de sus hijos.


“Después de todo esto Jehová lo hirió en las entrañas de una enfermedad incurable. Y aconteció que, pasando un día tras otro, al fin, al cabo de dos años,” murió de esa “enfermedad muy penosa.” “Y reinó en lugar suyo Ochozías, su hijo.” 2 Crónicas 21:12-19; 2 Reyes 8:24.


Joram, hijo de Acab, reinaba todavía en el reino de Israel cuando su sobrino Ocozías subió al trono de Judá. Ocozías reinó solamente un año y durante ese tiempo, bajo la influencia de su madre Atalía, quien “le aconsejaba a obrar impíamente,” “anduvo en el camino de la casa de Achab, e hizo lo malo en ojos de Jehová.” 2 Crónicas 22:3; 2 Reyes 8:27. Vivía todavía su abuela Jezabel, y él se alió audazmente con Joram de Israel, su tío.


Ocozías de Judá no tardó en llegar a un fin trágico. Los miembros sobrevivientes de la casa de Acab fueron en verdad, “después de la muerte de su padre,” los que “le aconsejaron para su perdición.” 2 Crónicas 22:3, 4. Mientras Ocozías visitaba a su tío en Jezreel, Dios indicó al profeta Eliseo que mandase a uno de los hijos de los profetas a Ramot de Galaad para ungir a Jehú rey de Israel. Las fuerzas combinadas de Judá e Israel estaban entonces empeñadas en una campaña militar contra los sirios de Ramot de Galaad. Joram había sido herido en batalla, y había regresado a Jezreel, dejando a Jehú encargado de los ejércitos reales.


Al ungir a Jehú, el mensajero de Eliseo declaró: “Yo te he ungido por rey sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel.” Y luego dió solemnemente a Jehú un encargo especial del cielo. El Señor declaró por su mensajero: “Herirás a la casa de Achab tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel. Y perecerá toda la casa de Achab.” 2 Reyes 9:6-8.


Después que fuera proclamado rey por el ejército, Jehú se dirigió apresuradamente a Jezreel, donde inició su obra de ejecutar a los que habían preferido deliberadamente continuar en el pecado e inducir a otros a hacer lo mismo. Fueron muertos Joram de Israel, Ocozías de Judá y Jezabel la reina madre, con “todos los que habían quedado de la casa de Achab en Jezreel,” así como “todos sus príncipes,” “todos sus familiares, y ... sus sacerdotes.” Pasaron a cuchillo a “todos los profetas de Baal, a todos sus siervos, y a todos sus sacerdotes” que moraban en el centro dedicado al culto de Baal cerca de Samaria. Los ídolos fueron derribados y quemados, y el templo de Baal quedó en ruinas. “Así extinguió Jehú a Baal de Israel.” 2 Reyes 10:11, 19, 28.


Llegaron noticias de esta ejecución general a Atalía, hija de Jezabel, que ejercía todavía autoridad en el reino de Judá. Cuando vió que su hijo, el rey de Judá, había muerto “levantóse y destruyó toda la simiente real de la casa de Judá.” En esa matanza perecieron todos los descendientes de David que pudieran ser elegidos para el trono, con excepción de un niñito llamado Joas, a quien escondió en las dependencias del templo la esposa de Joiada el sumo sacerdote. Durante seis años el niño permaneció escondido, “entre tanto Athalía reinaba en el país.” 2 Crónicas 22:10, 12.


Al fin de este plazo, “los Levitas y todo Judá” (2 Crónicas 23:8), se unieron con Joiada el sumo sacerdote para coronar y ungir al niño Joas, y le aclamaron como su rey. “Y batiendo las manos dijeron: ¡Viva el rey!” 2 Reyes 11:12.


“Y como Athalía oyó el estruendo de la gente que corría, y de los que bendecían al rey, vino al pueblo a la casa de Jehová.” 2 Crónicas 23:12. “Y como miró, he aquí el rey que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompetas junto al rey; y que todo el pueblo del país hacía alegrías, y que tocaban las trompetas.








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