Viernes 1 de Mayo de 2026.
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2 Crónicas 13 (RVR1960) Profetas y Reyes
Reinado de Abías
(1 R. 15.1-8)
1 A los dieciocho años del rey Jeroboam, reinó Abías sobre Judá, 2 y reinó tres años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Micaías hija de Uriel de Gabaa.
Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam. 3 Entonces Abías ordenó batalla con un ejército de cuatrocientos mil hombres de guerra, valerosos y escogidos; y Jeroboam ordenó batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos. 4 Y se levantó Abías sobre el monte de Zemaraim, que está en los montes de Efraín, y dijo: Oídme, Jeroboam y todo Israel. 5 ¿No sabéis vosotros que Jehová Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de sal? 6 Pero Jeroboam hijo de Nabat, siervo de Salomón hijo de David, se levantó y rebeló contra su señor. 7 Y se juntaron con él hombres vanos y perversos, y pudieron más que Roboam hijo de Salomón, porque Roboam era joven y pusilánime, y no se defendió de ellos.
8 Y ahora vosotros tratáis de resistir al reino de Jehová en mano de los hijos de David, porque sois muchos, y tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses. 9 ¿No habéis arrojado vosotros a los sacerdotes de Jehová, a los hijos de Aarón y a los levitas, y os habéis designado sacerdotes a la manera de los pueblos de otras tierras, para que cualquiera venga a consagrarse con un becerro y siete carneros, y así sea sacerdote de los que no son dioses? 10 Mas en cuanto a nosotros, Jehová es nuestro Dios, y no le hemos dejado; y los sacerdotes que ministran delante de Jehová son los hijos de Aarón, y los que están en la obra son levitas, 11 los cuales queman para Jehová los holocaustos cada mañana y cada tarde, y el incienso aromático; y ponen los panes sobre la mesa limpia, y el candelero de oro con sus lámparas para que ardan cada tarde; porque nosotros guardamos la ordenanza de Jehová nuestro Dios, mas vosotros le habéis dejado. 12 Y he aquí Dios está con nosotros por jefe, y sus sacerdotes con las trompetas del júbilo para que suenen contra vosotros. Oh hijos de Israel, no peleéis contra Jehová el Dios de vuestros padres, porque no prosperaréis.
13 Pero Jeroboam hizo tender una emboscada para venir a ellos por la espalda; y estando así delante de ellos, la emboscada estaba a espaldas de Judá. 14 Y cuando miró Judá, he aquí que tenía batalla por delante y a las espaldas; por lo que clamaron a Jehová, y los sacerdotes tocaron las trompetas. 15 Entonces los de Judá gritaron con fuerza; y así que ellos alzaron el grito, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá; 16 y huyeron los hijos de Israel delante de Judá, y Dios los entregó en sus manos. 17 Y Abías y su gente hicieron en ellos una gran matanza, y cayeron heridos de Israel quinientos mil hombres escogidos. 18 Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo, y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres. 19 Y siguió Abías a Jeroboam, y le tomó algunas ciudades, a Bet-el con sus aldeas, a Jesana con sus aldeas, y a Efraín con sus aldeas. 20 Y nunca más tuvo Jeroboam poder en los días de Abías; y Jehová lo hirió, y murió. 21 Pero Abías se hizo más poderoso. Tomó catorce mujeres, y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas. 22 Los demás hechos de Abías, sus caminos y sus dichos, están escritos en la historia de Iddo profeta.
Comentario del Capitulo

Capítulo 2 El templo y su dedicación
Tanto en el culto público como en el privado, nos incumbe inclinarnos de rodillas delante de Dios cuando le dirigimos nuestras peticiones. Jesús, nuestro ejemplo, “puesto de rodillas, oró.”. Lucas 22:41. Acerca de sus discípulos quedó registrado que también “Pedro puesto de rodillas, oró.”. Hechos 9:40. Pablo declaró: “Doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo.”. Efesios 3:14. Cuando Esdras confesó delante de Dios los pecados de Israel, se arrodilló. Esdras 9:5. Daniel “hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y confesaba delante de su Dios.”. Daniel 6:10.
La verdadera reverencia hacia Dios nos es inspirada por un sentido de su infinita grandeza y un reconocimiento de su presencia. Este sentido del Invisible debe impresionar profundamente todo corazón. La presencia de Dios hace que tanto el lugar como la hora de la oración sean sagrados. Y al manifestar reverencia por nuestra actitud y conducta, se profundiza en nosotros el sentimiento que la inspira. “Santo y temible es su nombre” (Salmos 111:9, VM), declara el salmista. Los ángeles se velan el rostro cuando pronuncian ese nombre. ¡Con qué reverencia debieran pronunciarlo nuestros labios, puesto que somos seres caídos y pecaminosos!
¡Cuán apropiado sería que jóvenes y ancianos ponderasen las palabras de la Escritura que demuestran cómo debe considerarse el lugar señalado por la presencia especial de Dios! El ordenó a Moisés, al lado de la zarza ardiente: “Quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.” Éxodo 3:5.
Jacob, después de contemplar la visión del ángel, exclamó: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía... No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.”. Génesis 28:16, 17.
En lo que dijo durante el servicio de dedicación, Salomón había procurado eliminar del ánimo de los presentes las supersticiones relativas al Creador que habían confundido a los paganos. El Dios del cielo no queda encerrado en templos hechos por manos humanas, como los dioses de los paganos; y sin embargo puede reunirse con sus hijos por su Espíritu cuando ellos se congregan en la casa dedicada a su culto.
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