Viernes 25 de Julio 2025.
- 25 jul 2025
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Levítico 10 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
El pecado de Nadab y Abiú
1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. 2 Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. 3 Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.
4 Y llamó Moisés a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel tío de Aarón, y les dijo: Acercaos y sacad a vuestros hermanos de delante del santuario, fuera del campamento. 5 Y ellos se acercaron y los sacaron con sus túnicas fuera del campamento, como dijo Moisés. 6 Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación; pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, sí lamentarán por el incendio que Jehová ha hecho. 7 Ni saldréis de la puerta del tabernáculo de reunión, porque moriréis; por cuanto el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme al dicho de Moisés.
8 Y Jehová habló a Aarón, diciendo: 9 Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, 10 para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, 11 y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés.
12 Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar sus hijos que habían quedado: Tomad la ofrenda que queda de las ofrendas encendidas a Jehová, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa. 13 La comeréis, pues, en lugar santo; porque esto es para ti y para tus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, pues que así me ha sido mandado. 14 Comeréis asimismo en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el pecho mecido y la espaldilla elevada, porque por derecho son tuyos y de tus hijos, dados de los sacrificios de paz de los hijos de Israel. 15 Con las ofrendas de las grosuras que se han de quemar, traerán la espaldilla que se ha de elevar y el pecho que será mecido como ofrenda mecida delante de Jehová; y será por derecho perpetuo tuyo y de tus hijos, como Jehová lo ha mandado.
16 Y Moisés preguntó por el macho cabrío de la expiación, y se halló que había sido quemado; y se enojó contra Eleazar e Itamar, los hijos que habían quedado de Aarón, diciendo: 17 ¿Por qué no comisteis la expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová. 18 Ved que la sangre no fue llevada dentro del santuario; y vosotros debíais comer la ofrenda en el lugar santo, como yo mandé. 19 Y respondió Aarón a Moisés: He aquí hoy han ofrecido su expiación y su holocausto delante de Jehová; pero a mí me han sucedido estas cosas, y si hubiera yo comido hoy del sacrificio de expiación, ¿sería esto grato a Jehová? 20 Y cuando Moisés oyó esto, se dio por satisfecho.
Comentario del Capitulo

Capítulo 18-19 El regreso a Canaán
De aquella lucha nocturna al lado del Jaboc, Jacob salió hecho un hombre distinto. La confianza en sí mismo había desaparecido. Desde entonces en adelante ya no manifestó su astucia anterior. En vez de la hipocrecía y el engaño, los principios de su vida fueron la sinceridad y la veracidad. Había aprendido a confiar con sencillez en el brazo omnipotente; y en la prueba y la aflicción se sometió humildemente a la voluntad de Dios. Los elementos más bajos de su carácter habían sido consumidos en el horno, y el oro verdadero se purificó, hasta que la fe de Abraham e Isaac apareció en Jacob con toda nitidez.
El pecado de Jacob y la serie de sucesos que había acarreado no dejaron de ejercer su influencia para el mal, y ella produjo amargo fruto en el carácter y la vida de sus hijos. Cuando estos hijos llegaron a la adultez, cometieron graves faltas. Las consecuencias de la poligamia se revelaron en la familia. Este terrible mal tiende a secar las fuentes mismas del amor, y su influencia debilita los vínculos más sagrados. Los celos de las varias madres habían amargado la relación familiar; los niños eran contenciosos y contrarios a la dirección, y la vida del padre fue nublada por la ansiedad y el dolor.
Sin embargo, hubo uno de carácter muy diferente; a saber, el hijo mayor de Raquel, José, cuya rara hermosura personal no parecía sino reflejar la hermosura de su espíritu y su corazón. Puro, activo y alegre, el joven reveló también seriedad y firmeza moral. Escuchaba las enseñanzas de su padre y se deleitaba en obedecer a Dios. Las cualidades que lo distinguieron más tarde en Egipto, la benignidad, la fidelidad y la veracidad, aparecían ya en su vida diaria. Habiendo muerto su madre, sus afectos se aferraron más estrechamente a su padre, y el corazón de Jacob estaba ligado a este hijo de su vejez. “Amaba [...] a José mas que a todos sus hijos”.
Pero hasta este cariño había de ser motivo de pena y dolor. Inprudentemente Jacob dejó ver su predilección por José, y esto motivó los celos de sus demás hijos. Al ver José la mala conducta de sus hermanos, se afligía mucho; se atrevió a reprenderlos suavemente, pero esto despertó tanto más el odio y el resentimiento de ellos. A José le era insufrible verlos pecar contra Dios, y expuso la situación a su padre, esperando que su autoridad los indujera a enmendarse.
Jacob procuró cuidadosamente no provocar la ira de sus hijos mediante la dureza o la severidad. Con profunda bondad expresó su preocupación respecto a ellos, y les suplicó que respetaran sus canas y no cubrieran de oprobio su nombre; y sobre todo, que no deshonraran a Dios, menospreciando sus preceptos. Avergonzados de que se conociera su maldad, los jóvenes parecían arrepentidos; lo único que hicieron fue que ocultaron sus verdaderos sentimientos, que se habían exacerbado por esta revelación de su pecado.
El imprudente regalo que Jacob hizo a José de una costosa túnica como la que usaban las personas de distinción, les pareció otra prueba de parcialidad, y suscitó la sospecha de que pensaba excluir a los mayores para dar la primogenitura al hijo de Raquel.
Su malicia aumentó aun más cuando el joven les contó un día un sueño que había tenido. “Estábamos atando manojos en medio del campo, y mi manojo se levantaba y se quedaba derecho, y vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban ante el mío”.
“¿Reinarás tú sobre nosotros, o dominarás sobre nosotros?”, exclamaron sus hermanos llenos de envidiosa ira.
Poco después, tuvo otro sueño de semejante significado, que les contó también: “He tenido otro sueño. Soñé que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban hacia mí”. Génesis 37:9. Este sueño se interpretó tan pronto como el primero. El padre que estaba presente, lo reprendió, diciendo: “¿Qué sueño es éste que soñaste? ¿Hemos de venir yo y tu madre, y tus hermanos, a postrarnos a ti a tierra?” No obstante la aparente severidad de estas palabras, Jacob creyó que el Señor estaba revelando el porvenir a José.
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