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Viernes 27 de Marzo de 2026.

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1 Crónicas 7 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Descendientes de Isacar

1 Los hijos de Isacar fueron cuatro: Tola, Fúa, Jasub y Simrón. 2 Los hijos de Tola: Uzi, Refaías, Jeriel, Jahmai, Jibsam y Semuel, jefes de las familias de sus padres. De Tola fueron contados por sus linajes en el tiempo de David, veintidós mil seiscientos hombres muy valerosos. 3 Hijo de Uzi fue Israhías; y los hijos de Israhías: Micael, Obadías, Joel e Isías; por todos, cinco príncipes. 4 Y había con ellos en sus linajes, por las familias de sus padres, treinta y seis mil hombres de guerra; porque tuvieron muchas mujeres e hijos. 5 Y sus hermanos por todas las familias de Isacar, contados todos por sus genealogías, eran ochenta y siete mil hombres valientes en extremo.


Descendientes de Benjamín

6 Los hijos de Benjamín fueron tres: Bela, Bequer y Jediael. 7 Los hijos de Bela: Ezbón, Uzi, Uziel, Jerimot e Iri; cinco jefes de casas paternas, hombres de gran valor, y de cuya descendencia fueron contados veintidós mil treinta y cuatro. 8 Los hijos de Bequer: Zemira, Joás, Eliezer, Elioenai, Omri, Jerimot, Abías, Anatot y Alamet; todos estos fueron hijos de Bequer. 9 Y contados por sus descendencias, por sus linajes, los que eran jefes de familias resultaron veinte mil doscientos hombres de grande esfuerzo. 10 Hijo de Jediael fue Bilhán; y los hijos de Bilhán: Jeús, Benjamín, Aod, Quenaana, Zetán, Tarsis y Ahisahar. 11 Todos estos fueron hijos de Jediael, jefes de familias, hombres muy valerosos, diecisiete mil doscientos que salían a combatir en la guerra. 12 Supim y Hupim fueron hijos de Hir; y Husim, hijo de Aher.


Descendientes de Neftalí

13 Los hijos de Neftalí: Jahzeel, Guni, Jezer y Salum, hijos de Bilha.


Descendientes de Manasés

14 Los hijos de Manasés: Asriel, al cual dio a luz su concubina la siria, la cual también dio a luz a Maquir padre de Galaad. 15 Y Maquir tomó mujer de Hupim y Supim, cuya hermana tuvo por nombre Maaca; y el nombre del segundo fue Zelofehad. Y Zelofehad tuvo hijas. 16 Y Maaca mujer de Maquir dio a luz un hijo, y lo llamó Peres; y el nombre de su hermano fue Seres, cuyos hijos fueron Ulam y Requem. 17 Hijo de Ulam fue Bedán. Estos fueron los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés. 18 Y su hermana Hamolequet dio a luz a Isod, Abiezer y Mahala. 19 Y los hijos de Semida fueron Ahián, Siquem, Likhi y Aniam.


Descendientes de Efraín

20 Los hijos de Efraín: Sutela, Bered su hijo, Tahat su hijo, Elada su hijo, Tahat su hijo, 21 Zabad su hijo, Sutela su hijo, Ezer y Elad. Mas los hijos de Gat, naturales de aquella tierra, los mataron, porque vinieron a tomarles sus ganados. 22 Y Efraín su padre hizo duelo por muchos días, y vinieron sus hermanos a consolarlo. 23 Después él se llegó a su mujer, y ella concibió y dio a luz un hijo, al cual puso por nombre Bería, por cuanto había estado en aflicción en su casa. 24 Y su hija fue Seera, la cual edificó a Bet-horón la baja y la alta, y a Uzen-seera. 25 Hijo de este Bería fue Refa, y Resef, y Telah su hijo, y Tahán su hijo, 26 Laadán su hijo, Amiud su hijo, Elisama su hijo, 27 Nun su hijo, Josué su hijo. 28 Y la heredad y habitación de ellos fue Bet-el con sus aldeas; y hacia el oriente Naarán, y a la parte del occidente Gezer y sus aldeas; asimismo Siquem con sus aldeas, hasta Gaza y sus aldeas; 29 y junto al territorio de los hijos de Manasés, Bet-seán con sus aldeas, Taanac con sus aldeas, Meguido con sus aldeas, y Dor con sus aldeas. En estos lugares habitaron los hijos de José hijo de Israel.


Descendientes de Aser

30 Los hijos de Aser: Imna, Isúa, Isúi, Bería, y su hermana Sera. 31 Los hijos de Bería: Heber, y Malquiel, el cual fue padre de Birzavit. 32 Y Heber engendró a Jaflet, Somer, Hotam, y Súa hermana de ellos. 33 Los hijos de Jaflet: Pasac, Bimhal y Asvat. Estos fueron los hijos de Jaflet. 34 Y los hijos de Semer: Ahí, Rohga, Jehúba y Aram. 35 Los hijos de Helem su hermano: Zofa, Imna, Seles y Amal. 36 Los hijos de Zofa: Súa, Harnefer, Súal, Beri, Imra, 37 Beser, Hod, Sama, Silsa, Itrán y Beera. 38 Los hijos de Jeter: Jefone, Pispa y Ara. 39 Y los hijos de Ula: Ara, Haniel y Rezia. 40 Todos estos fueron hijos de Aser, cabezas de familias paternas, escogidos, esforzados, jefes de príncipes; y contados que fueron por sus linajes entre los que podían tomar las armas, el número de ellos fue veintiséis mil hombres.


Comentario del Capitulo




Capítulo 70 El reinado de David


Pero su acto de cortesía fue mal interpretado. Los amonitas aborrecían al verdadero Dios, y eran acerbos enemigos de Israel. La aparente bondad de Naas hacia David había sido motivada enteramente por la hostilidad contra Saúl, rey de Israel. Los consejeros de Hanún torcieron el significado del mensaje de David. “¿Crees acaso que por honrar a tu padre, David te ha enviado mensajeros a que te consuelen? ¿No te ha enviado David sus siervos para reconocer la ciudad, inspeccionarla y destruirla?”


Medio siglo antes las instrucciones de sus consejeros indujeron a Naas a imponer sus crueles condiciones al pueblo de Jabes de Galaad, cuando la sitiaban los amonitas, y sus habitantes solicitaron un pacto de paz. Naas había exigido que se les sacara a todos el ojo derecho. Los amonitas aun recordaban vívidamente cómo el rey de Israel había frustrado aquel cruel propósito, y había rescatado a la gente a la que ellos querían humillar y mutilar. Los animaba todavía el mismo odio hacia Israel. No podían concebir el espíritu generoso que había inspirado el mensaje de David.


Cuando Satanás domina las mentes humanas, las incita a la envidia y las sospechas para que interpreten mal las mejores intenciones. Escuchando a sus consejeros, Hanún consideró a los mensajeros de David como espías, y los abrumó con desprecios e insultos. A los amonitas se les permitió ejecutar sin restricción los malos designios de su corazón, para que su verdadero carácter sea revelado a David. Dios no quería que Israel se coligara con ese pueblo pagano y pérfido.


En los tiempos antiguos, como ahora, el cargo de embajador era considerado sagrado. De conformidad con el derecho universal de las naciones, aseguraba protección contra la violencia y los insultos personales. El embajador era representante de su soberano, y cualquier indignidad que se le infligiera exigía prontas represalias. Sabiendo los amonitas que el insulto hecho a Israel sería seguramente vengado, hicieron preparativos para la guerra. “Al ver los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, Hanún y los hijos de Amón enviaron mil talentos de plata para tomar a sueldo carros y gente de a caballo de Mesopotamia, de Siria, de Maaca y de Soba. Y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros [...]. Y se reunieron también los hijos de Amón en sus ciudades y acudieron a la guerra”. 1 Crónicas 19:6, 7.


Era en verdad una alianza formidable. Los habitantes de la región situada entre el río Eufrates y el Mediterráneo habían hecho una liga con los amonitas. Había al norte y al este de Canaán enemigos armados, unidos para aplastar a Israel.


Los hebreos no esperaron que fuera invadido su país. Sus fuerzas, bajo el mando de Joab, cruzaron el Jordán y avanzaron hacia la capital amonita. Mientras el capitán hebreo dirigía su ejército al campo, procuró alentarlo para el conflicto, diciéndole: “Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le parezca”. Vers. 13. Las fuerzas unidas de los aliados fueron vencidas en el primer encuentro. Pero aun no estaban dispuestas a renunciar a la lucha, y el año siguiente reanudaron la guerra. El rey de Siria reunió sus fuerzas, y amenazó a Israel con un ejército enorme. David, dándose cuenta de cuánto dependía del resultado de esta lucha, se encargó personalmente de la campaña, y por la bendición de Dios infligió a los aliados una derrota tan desastrosa que los sirios, desde el Líbano hasta el Eufrates, no solo renunciaron a la guerra, sino que pagaron tributo a Israel. David prosiguió con vigor la guerra contra Amón, hasta que cayeron sus fortalezas y toda la región quedó bajo el dominio de Israel.


Los peligros que habían amenazado a la nación con la destrucción total, resultaron, mediante la providencia de Dios, en medios de llevarla a una grandeza sin precedente. Al conmemorar sus notorios libramientos, David cantó así:


“¡Viva Jehová y bendita sea mi roca!

Y enaltecido sea el Dios de mi salvación,

el Dios que venga mis agravios

y somete pueblos debajo de mí,

el que me libra de mis enemigos

e incluso me eleva sobre los que se levantan contra mí.

Me libraste de hombre violento.









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