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Viernes 6 de Febrero de 2025.

  • 6 feb
  • 5 Min. de lectura

1 Reyes 5 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Pacto de Salomón con Hiram

(2 Cr. 2.1-18)

1 Hiram rey de Tiro envió también sus siervos a Salomón, luego que oyó que lo habían ungido por rey en lugar de su padre; porque Hiram siempre había amado a David. 2 Entonces Salomón envió a decir a Hiram: 3 Tú sabes que mi padre David no pudo edificar casa al nombre de Jehová su Dios, por las guerras que le rodearon, hasta que Jehová puso sus enemigos bajo las plantas de sus pies. 4 Ahora Jehová mi Dios me ha dado paz por todas partes; pues ni hay adversarios, ni mal que temer. 5 Yo, por tanto, he determinado ahora edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, según lo que Jehová habló a David mi padre, diciendo: Tu hijo, a quien yo pondré en lugar tuyo en tu trono, él edificará casa a mi nombre. 6 Manda, pues, ahora, que me corten cedros del Líbano; y mis siervos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario que tú dijeres; porque tú sabes bien que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar madera como los sidonios.


7 Cuando Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró en gran manera, y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dio hijo sabio a David sobre este pueblo tan grande. 8 Y envió Hiram a decir a Salomón: He oído lo que me mandaste a decir; yo haré todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro y la madera de ciprés. 9 Mis siervos la llevarán desde el Líbano al mar, y la enviaré en balsas por mar hasta el lugar que tú me señales, y allí se desatará, y tú la tomarás; y tú cumplirás mi deseo al dar de comer a mi familia. 10 Dio, pues, Hiram a Salomón madera de cedro y madera de ciprés, toda la que quiso. 11 Y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su familia, y veinte coros de aceite puro; esto daba Salomón a Hiram cada año. 12 Jehová, pues, dio a Salomón sabiduría como le había dicho; y hubo paz entre Hiram y Salomón, e hicieron pacto entre ambos.


13 Y el rey Salomón decretó leva en todo Israel, y la leva fue de treinta mil hombres, 14 los cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil, cada mes por turno, viniendo así a estar un mes en el Líbano, y dos meses en sus casas; y Adoniram estaba encargado de aquella leva. 15 Tenía también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores en el monte; 16 sin los principales oficiales de Salomón que estaban sobre la obra, tres mil trescientos, los cuales tenían a cargo el pueblo que hacía la obra. 17 Y mandó el rey que trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la casa, y piedras labradas. 18 Y los albañiles de Salomón y los de Hiram, y los hombres de Gebal, cortaron y prepararon la madera y la cantería para labrar la casa.


Comentario del Capitulo




Capítulo 60 La presunción de Saúl


Los ángeles del cielo escudaron a Jonatán y a su acompañante; pelearon a su lado, y los filisteos sucumbieron delante de ellos. La tierra tembló como si se aproximara una gran multitud de soldados a caballo y carros de guerra. Jonatán reconoció las muestras de ayuda divina, y hasta los filisteos comprendieron que Dios obraba por la liberación de Israel. Un gran temor se apoderó de la hueste enemiga, tanto en el campo de batalla como en la guarnición. En la confusión que siguió, tomando equivocadamente a sus propios soldados como enemigos, los filisteos comenzaron a matarse mutuamente.


Pronto se oyó en el campamento de Israel el ruido de la batalla. Los centinelas del rey le informaron que había una gran confusión entre los filisteos, y que su número estaba disminuyendo. Sin embargo, no había noticia de que alguna parte del ejército hebreo hubiera salido del campamento. Al inquirir sobre el asunto, se comprobó que nadie se había ausentado del campamento excepto Jonatán y su escudero. Pero viendo que los filisteos iban perdiendo, Saúl llevó su ejército a participar en el asalto. Los desertores hebreos que se habían pasado al enemigo se volvieron ahora contra él; gran número salió también de sus escondites, y mientras los filisteos huían el ejército de Saúl les infligió terribles estragos.


Decidido a aprovechar hasta lo sumo su ventaja, el rey prohibió precipitadamente a sus soldados que comieran alimento alguno durante todo el día, y reforzó su mandamiento por esta solemne imprecación: “Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que me haya vengado de mis enemigos, sea maldito”. Ya se había ganado la victoria, sin el conocimiento ni la cooperación de Saúl; pero él esperaba distinguirse mediante la destrucción total del ejército derrotado. La orden de no comer fue motivada por una ambición egoísta, y demostraba que el rey era indiferente a las necesidades de su pueblo cuando ellas contrariaban su deseo de ensalzamiento propio, Y al confirmar esta prohibición mediante un juramento solemne, demostró Saúl que era profano a la vez que temerario. Las palabras mismas de la maldición atestiguan que el celo de Saúl era en favor suyo, y no para la gloria de Dios. Declaró que su propósito no era “que el Señor fuese vengado de sus enemigos”, sino “que me haya vengado de mis enemigos”.


La prohibición dio lugar a que el pueblo violara el mandamiento de Dios. Habían estado peleando todo el día, y se sentían débiles por falta de alimento; y tan pronto como terminaron las horas abarcadas por la restricción, cayeron sobre el botín de guerra, y devoraron carne con sangre, violando así la ley que prohibía comer sangre.


Durante la batalla, Jonatán, que nada sabía del mandamiento del rey, lo violó inadvertidamente al comer un poco de miel mientras pasaba por el bosque. Saúl lo supo por la noche. Había declarado que la violación de su edicto sería castigada con la muerte. Aunque Jonatán no se había hecho culpable de un pecado voluntario, a pesar de que Dios le había preservado la vida milagrosamente y había obrado la liberación por medio de él, el rey declaró que la sentencia debía ejecutarse. Perdonar la vida a su hijo habría sido de parte de Saúl reconocer tácitamente que había pecado al hacer un voto tan temerario. Habría humillado su orgullo personal. “¡Vive Jehová!, que ha salvado a Israel, que aunque se trate de mi hijo Jonatán, de seguro morirá”. 1 Samuel 14:39.










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