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Domingo 26 de Julio de 2026.

  • hace 4 días
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Job 30 (RVR1960) Profetas y Reyes



Job lamenta su desdicha actual

1 Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo,


A cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi ganado.


2 ¿Y de qué me serviría ni aun la fuerza de sus manos?


No tienen fuerza alguna.


3 Por causa de la pobreza y del hambre andaban solos;


Huían a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y desierto.


4 Recogían malvas entre los arbustos,


Y raíces de enebro para calentarse.


5 Eran arrojados de entre las gentes,


Y todos les daban grita como tras el ladrón.


6 Habitaban en las barrancas de los arroyos,


En las cavernas de la tierra, y en las rocas.


7 Bramaban entre las matas,


Y se reunían debajo de los espinos.


8 Hijos de viles, y hombres sin nombre,


Más bajos que la misma tierra.


9 Y ahora yo soy objeto de su burla,


Y les sirvo de refrán.


10 Me abominan, se alejan de mí,


Y aun de mi rostro no detuvieron su saliva.


11 Porque Dios desató su cuerda, y me afligió,


Por eso se desenfrenaron delante de mi rostro.


12 A la mano derecha se levantó el populacho;


Empujaron mis pies,


Y prepararon contra mí caminos de perdición.


13 Mi senda desbarataron,


Se aprovecharon de mi quebrantamiento,


Y contra ellos no hubo ayudador.


14 Vinieron como por portillo ancho,


Se revolvieron sobre mi calamidad.


15 Se han revuelto turbaciones sobre mí;


Combatieron como viento mi honor,


Y mi prosperidad pasó como nube.


16 Y ahora mi alma está derramada en mí;


Días de aflicción se apoderan de mí.


17 La noche taladra mis huesos,


Y los dolores que me roen no reposan.


18 La violencia deforma mi vestidura; me ciñe como el cuello de mi túnica.


19 Él me derribó en el lodo,


Y soy semejante al polvo y a la ceniza.


20 Clamo a ti, y no me oyes;


Me presento, y no me atiendes.


21 Te has vuelto cruel para mí;


Con el poder de tu mano me persigues.


22 Me alzaste sobre el viento, me hiciste cabalgar en él,


Y disolviste mi sustancia.


23 Porque yo sé que me conduces a la muerte,


Y a la casa determinada a todo viviente.


24 Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro;


¿Clamarán los sepultados cuando él los quebrantare?


25 ¿No lloré yo al afligido?


Y mi alma, ¿no se entristeció sobre el menesteroso?


26 Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal;


Y cuando esperaba luz, vino la oscuridad.


27 Mis entrañas se agitan, y no reposan;


Días de aflicción me han sobrecogido.


28 Ando ennegrecido, y no por el sol;


Me he levantado en la congregación, y clamado.


29 He venido a ser hermano de chacales,


Y compañero de avestruces.


30 Mi piel se ha ennegrecido y se me cae,


Y mis huesos arden de calor.


31 Se ha cambiado mi arpa en luto,


Y mi flauta en voz de lamentadores.


Comentario del Capitulo






Capítulo 23—El cautiverio asirio


Los años finales del malhadado reino de Israel se vieron señalados por tanta violencia y derramamiento de sangre que no se había conocido cosa semejante ni aun en los peores tiempos de lucha e intranquilidad bajo la casa de Acab. Durante más de dos siglos los gobernantes de las diez tribus habían estado sembrando vientos; y ahora cosechaban torbellinos. Un rey tras otro perecía asesinado para que otros ambiciosos reinasen. El Señor declaró acerca de estos usurpadores impíos: “Ellos hicieron reyes, mas no por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe.” Oseas 8:4. Todo principio de justicia era desechado y los que debieran haberse destacado delante de las naciones de la tierra como depositarios de la gracia divina “contra Jehová prevaricaron” (Oseas 5:7) y unos contra otros.


Mediante las reprensiones más severas, Dios procuró despertar a la nación impenitente y hacerle comprender su inminente peligro de ser destruida por completo. Mediante Oseas y Amós envió un mensaje tras otro a las diez tribus, para instarlas a arrepentirse plenamente y para amenazarlas con el desastre que resultaría de sus continuas transgresiones. Declaró Oseas: “Habéis arado impiedad, segasteis iniquidad: comeréis fruto de mentira: porque confiaste en tu camino, en la multitud de tus fuertes. Por tanto, en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus fortalezas serán destruídas... En la mañana será del todo cortado el rey de Israel.” Oseas 10:13-15.


Acerca de Efraín testificó el profeta: “Comieron extraños su substancia, y él no lo supo; y aun vejez se ha esparcido por él, y él no lo entendió.” “Israel desamparó el bien.” “Quebrantado en juicio,” incapaz de discernir el resultado desastroso de su mala conducta, el pueblo de las diez tribus quedaría pronto condenado a errar “entre las gentes.” Oseas 7:9; 8:3; 5:11; 9:17.


Algunos de los caudillos de Israel tenían un agudo sentido de su pérdida de prestigio, y deseaban recuperarlo. Pero en vez de apartarse de las prácticas que habían debilitado al reino, continuaban en la iniquidad, congratulándose de que cuando llegase la ocasión podrían alcanzar el poder político que deseaban aliándose con los paganos. “Y verá Ephraim su enfermedad, y Judá su llaga: irá entonces Ephraim al Assur.” “Y fué Ephraim como paloma incauta, sin entendimiento: llamarán a Egipto, acudirán al Asirio.” “Hicieron alianza con los Asirios.” Oseas 5:13; 7:11; 12:2.


Mediante el varón de Dios que se había presentado ante el altar de Betel, mediante Elías y Eliseo, mediante Amós y Oseas, el Señor había señalado repetidas veces a las diez tribus los males de la desobediencia. Sin embargo y a pesar de las reprensiones y súplicas, Israel se había hundido más y más en la apostasía. Declaró el Señor: “Porque como becerra cerrera se apartó Israel.” “Está mi pueblo adherido a la rebelión contra mí.” Oseas 4:16; 11:7.








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