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Lunes 27 de Julio de 2026.

  • hace 3 días
  • 4 min de lectura

Job 31 (RVR1960) Profetas y Reyes



Job afirma su integridad

1 Hice pacto con mis ojos;


¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?


2 Porque ¿qué galardón me daría de arriba Dios,


Y qué heredad el Omnipotente desde las alturas?


3 ¿No hay quebrantamiento para el impío,


Y extrañamiento para los que hacen iniquidad?


4 ¿No ve él mis caminos,


Y cuenta todos mis pasos?


5 Si anduve con mentira,


Y si mi pie se apresuró a engaño,


6 Péseme Dios en balanzas de justicia,


Y conocerá mi integridad.


7 Si mis pasos se apartaron del camino,


Si mi corazón se fue tras mis ojos,


Y si algo se pegó a mis manos,


8 Siembre yo, y otro coma,


Y sea arrancada mi siembra.


9 Si fue mi corazón engañado acerca de mujer,


Y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,


10 Muela para otro mi mujer,


Y sobre ella otros se encorven.


11 Porque es maldad e iniquidad


Que han de castigar los jueces.


12 Porque es fuego que devoraría hasta el Abadón,


Y consumiría toda mi hacienda.


13 Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva,


Cuando ellos contendían conmigo,


14 ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase?


Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo?


15 El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él?


¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz?


16 Si estorbé el contento de los pobres,


E hice desfallecer los ojos de la viuda;


17 Si comí mi bocado solo,


Y no comió de él el huérfano


18 (Porque desde mi juventud creció conmigo como con un padre,


Y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda);


19 Si he visto que pereciera alguno sin vestido,


Y al menesteroso sin abrigo;


20 Si no me bendijeron sus lomos,


Y del vellón de mis ovejas se calentaron;


21 Si alcé contra el huérfano mi mano,


Aunque viese que me ayudaran en la puerta;


22 Mi espalda se caiga de mi hombro,


Y el hueso de mi brazo sea quebrado.


23 Porque temí el castigo de Dios,


Contra cuya majestad yo no tendría poder.


24 Si puse en el oro mi esperanza,


Y dije al oro: Mi confianza eres tú;


25 Si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen,


Y de que mi mano hallase mucho;


26 Si he mirado al sol cuando resplandecía,


O a la luna cuando iba hermosa,


27 Y mi corazón se engañó en secreto,


Y mi boca besó mi mano;


28 Esto también sería maldad juzgada;


Porque habría negado al Dios soberano.


29 Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía,


Y me regocijé cuando le halló el mal


30 (Ni aun entregué al pecado mi lengua,


Pidiendo maldición para su alma);


31 Si mis siervos no decían:


¿Quién no se ha saciado de su carne?


32 (El forastero no pasaba fuera la noche;


Mis puertas abría al caminante);


33 Si encubrí como hombre mis transgresiones,


Escondiendo en mi seno mi iniquidad,


34 Porque tuve temor de la gran multitud,


Y el menosprecio de las familias me atemorizó,


Y callé, y no salí de mi puerta;


35 ¡Quién me diera quien me oyese!


He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí,


Aunque mi adversario me forme proceso.


36 Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro,


Y me lo ceñiría como una corona.


37 Yo le contaría el número de mis pasos,


Y como príncipe me presentaría ante él.


38 Si mi tierra clama contra mí,


Y lloran todos sus surcos;


39 Si comí su sustancia sin dinero,


O afligí el alma de sus dueños,


40 En lugar de trigo me nazcan abrojos,


Y espinos en lugar de cebada.


Aquí terminan las palabras de Job.


Comentario del Capitulo






Capítulo 23—El cautiverio asirio


Hubo tiempos en que los juicios del Cielo cayeron en forma muy gravosa sobre el pueblo rebelde. Dios declaró: “Por esta causa corté con los profetas, con las palabras de mi boca los maté; y tus juicios serán como luz que sale. Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos. Mas ellos, cual Adam, traspasaron el pacto: allí prevaricaron contra mí.” Oseas 6:5-7.


El mensaje que les llegó finalmente fué: “Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel... Pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. Conforme a su grandeza así pecaron contra mí: trocaré su honra en afrenta. ... Y visitaré sobre él sus caminos, y pagaréle conforme a sus obras.” Oseas 4:1, 6-9.


La iniquidad de Israel durante el último medio siglo antes de la cautividad asiria, fué como los días de Noé y como toda otra época cuando los hombres rechazaron a Dios y se entregaron por completo al mal hacer. La exaltación de la naturaleza sobre el Dios de la naturaleza, la adoración de las criaturas en vez del Creador, resultaron siempre en los males más groseros. Asimismo cuando el pueblo de Israel, en su culto de Baal y Astarte, rindió supremo homenaje a las fuerzas de la naturaleza, se separó de todo lo que es elevador y ennoblecedor y cayó fácilmente presa de la tentación. Una vez derribadas las defensas del alma, los extraviados adoradores no tuvieron barrera contra el pecado, y se entregaron a las malas pasiones del corazón humano.


Contra la intensa opresión, la flagrante injusticia, el lujo y el despilfarro desmedidos, los desvergonzados banquetes y borracheras, la licencia y las orgías de su época, los profetas alzaron la voz; pero vanas fueron sus protestas, vana su denuncia del pecado. Declaró Amós: “Ellos aborrecieron en la puerta al reprensor, y al que hablaba lo recto abominaron.” “Afligen al justo, y reciben cohecho, y a los pobres en la puerta hacen perder su causa.” Amós 5:10, 12.


Tales fueron algunos de los resultados que tuvo la erección de los dos becerros de oro por Jeroboam. La primera desviación de las formas establecidas de culto introdujo formas de idolatría aun más groseras, hasta que finalmente casi todos los habitantes de la tierra se entregaron a las seductoras prácticas del culto de la naturaleza. Olvidando a su Hacedor, los hijos de Israel “llegaron al profundo, corrompiéronse.” Oseas 9:9.








Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







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