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Domingo 9 de Agosto de 2026.

  • hace 4 días
  • 3 min de lectura

Salmos 2 (RVR1960) Profetas y Reyes



El reino del ungido de Jehová

1 ¿Por qué se amotinan las gentes,


Y los pueblos piensan cosas vanas?


2 Se levantarán los reyes de la tierra,


Y príncipes consultarán unidos


Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:


3 Rompamos sus ligaduras,


Y echemos de nosotros sus cuerdas.


4 El que mora en los cielos se reirá;


El Señor se burlará de ellos.


5 Luego hablará a ellos en su furor,


Y los turbará con su ira.


6 Pero yo he puesto mi rey


Sobre Sion, mi santo monte.


7 Yo publicaré el decreto;


Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;


Yo te engendré hoy.


8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones,


Y como posesión tuya los confines de la tierra.


9 Los quebrantarás con vara de hierro;


Como vasija de alfarero los desmenuzarás.


10 Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes;


Admitid amonestación, jueces de la tierra.


11 Servid a Jehová con temor,


Y alegraos con temblor.


12 Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino;


Pues se inflama de pronto su ira.


Bienaventurados todos los que en él confían.



Comentario del Capitulo






Capítulo 26—“He ahí a vuestro Dios”


En los tiempos de Isaías la comprensión espiritual de la humanidad se hallaba obscurecida por un concepto erróneo acerca de Dios. Durante mucho tiempo Satanás había procurado inducir a los hombres a considerar a su Creador como autor del pecado, el sufrimiento y la muerte. Los que habían sido así engañados se imaginaban que Dios era duro y exigente. Le veían como al acecho para denunciar y condenar, nunca dispuesto a recibir al pecador mientras hubiese una excusa legal para no ayudarle. La ley de amor que rige el cielo había sido calumniada por el gran engañador y presentada como una restricción de la felicidad humana, un yugo gravoso del cual debían escapar gustosos. Declaraba que era imposible obedecer sus preceptos, y que los castigos por la transgresión se imponían arbitrariamente.


Los israelitas no tenían excusa por olvidarse del verdadero carácter de Jehová. Con frecuencia se les había revelado como “Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad.” Salmos 86:15. Había testificado: “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.” Oseas 11:1.


El Señor había tratado a Israel con ternura al librarlo de la servidumbre egipcia y mientras viajaba hacia la tierra prometida. “En toda angustia de ellos él fué angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo.” Isaías 63:9.


“Mi rostro irá contigo” (Éxodo 33:14), fué la promesa hecha durante el viaje a través del desierto. Y fué acompañada por una maravillosa revelación del carácter de Jehová, que permitió a Moisés proclamar a todo Israel la bondad de Dios e instruirlo en forma más completa acerca de los atributos de su Rey invisible. “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado.” Éxodo 34:6, 7.









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