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Jueves 23 de Julio 2026.

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Actualizado: hace 2 días

Job 27 (RVR1960) Profetas y Reyes



Job describe el castigo de los malos

1 Reasumió Job su discurso, y dijo:


2 Vive Dios, que ha quitado mi derecho,


Y el Omnipotente, que amargó el alma mía,


3 Que todo el tiempo que mi alma esté en mí,


Y haya hálito de Dios en mis narices,


4 Mis labios no hablarán iniquidad,


Ni mi lengua pronunciará engaño.


5 Nunca tal acontezca que yo os justifique;


Hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad.


6 Mi justicia tengo asida, y no la cederé;


No me reprochará mi corazón en todos mis días.


7 Sea como el impío mi enemigo,


Y como el inicuo mi adversario.


8 Porque ¿cuál es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado,


Cuando Dios le quitare la vida?


9 ¿Oirá Dios su clamor


Cuando la tribulación viniere sobre él?


10 ¿Se deleitará en el Omnipotente?


¿Invocará a Dios en todo tiempo?


11 Yo os enseñaré en cuanto a la mano de Dios;


No esconderé lo que hay para con el Omnipotente.


12 He aquí que todos vosotros lo habéis visto;


¿Por qué, pues, os habéis hecho tan enteramente vanos?


13 Esta es para con Dios la porción del hombre impío,


Y la herencia que los violentos han de recibir del Omnipotente:


14 Si sus hijos fueren multiplicados, serán para la espada;


Y sus pequeños no se saciarán de pan.


15 Los que de él quedaren, en muerte serán sepultados,


Y no los llorarán sus viudas.


16 Aunque amontone plata como polvo,


Y prepare ropa como lodo;


17 La habrá preparado él, mas el justo se vestirá,


Y el inocente repartirá la plata.


18 Edificó su casa como la polilla,


Y como enramada que hizo el guarda.


19 Rico se acuesta, pero por última vez;


Abrirá sus ojos, y nada tendrá.


20 Se apoderarán de él terrores como aguas;


Torbellino lo arrebatará de noche.


21 Le eleva el solano, y se va;


Y tempestad lo arrebatará de su lugar.


22 Dios, pues, descargará sobre él, y no perdonará;


Hará él por huir de su mano.


23 Batirán las manos sobre él,


Y desde su lugar le silbarán.


Comentario del Capitulo






Capítulo 22—Nínive, ciudad sobremanera grande


Cuando mi alma desfallecía en mí, acordéme de Jehová;

Y mi oración entró hasta ti en tu santo templo.

Los que guardan las vanidades ilusorias,

Su misericordia abandonan.

Yo empero con voz de alabanza te sacrificaré;

Pagaré lo que prometí.

La salvación pertenece a Jehová.” Jonás 1:7 - 2:10.


Por fin, Jonás había aprendido que “de Jehová es la salud.” Salmos 3:8. Al arrepentirse y al reconocer la gracia salvadora de Dios, obtuvo la liberación. Jonás fué librado de los peligros del hondo mar, y fué arrojado en tierra seca.


Una vez más se encargó al siervo de Dios que fuera a dar la advertencia a Nínive. “Y fué palabra de Jehová segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate, y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y publica en ella el pregón que yo te diré.” Esta vez no se detuvo a preguntar ni a dudar, sino que obedeció sin vacilar. “Levantóse Jonás, y fué a Nínive, conforme a la palabra de Jehová.” Jonás 3:1-3.


Al entrar Jonás en la ciudad, comenzó en seguida a pregonarle el mensaje: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruída.” Vers. 4. Iba de una calle a la otra, dejando oír la nota de advertencia.


El mensaje no fué dado en vano. El clamor que se elevó en las calles de la ciudad impía se transmitió de unos labios a otros, hasta que todos los habitantes hubieron oído el anunció sorprendente. El Espíritu de Dios hizo penetrar el mensaje en todos los corazones, e indujo a multitudes a temblar por sus pecados, y a arrepentirse en profunda humillación.


“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y pregonaron ayuno, y vistiéronse de sacos desde el mayor de ellos hasta el menor de ellos. Y llegó el negocio hasta el rey de Nínive, y levantóse de su silla, y echó de sí su vestido, y cubrióse de saco, y se sentó sobre ceniza. E hizo pregonar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna, no se les dé alimento, ni beban agua: y que se cubran de saco los hombres y los animales, y clamen a Dios fuertemente: y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que está en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y arrepentirá Dios, y se apartará del furor de su ira, y no pereceremos?” Vers. 5-9.


Mientras que el rey y los nobles, así como el común del pueblo, encumbrados y humildes, “se arrepintieron a la predicación de Jonás” (Mateo 12:41), y se unían para elevar su clamor al Dios del cielo, él les concedió su misericordia. “Y vió Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino: y arrepintióse del mal que había dicho les había de hacer, y no lo hizo.” (Jonás 3:10.) Su condenación fué evitada; el Dios de Israel fué exaltado y honrado en todo el mundo pagano, y su ley fué reverenciada. Nínive no debía caer hasta muchos años más tarde, presa de las naciones circundantes, porque se olvidó de Dios y manifestó un orgullo jactancioso. (Véase el capítulo 30, “Librados de Asiria.”)


Cuando Jonás conoció el propósito que Dios tenía de perdonar a la ciudad, que, a pesar de su maldad había sido inducida a arrepentirse en saco y ceniza, debiera haber sido el primero en regocijarse por la asombrosa gracia de Dios; pero en vez de hacerlo permitió que su mente se espaciase en la posibilidad de que se le considerase falso profeta. Celoso de su reputación, perdió de vista el valor infinitamente mayor de las almas de aquella miserable ciudad. Pero al notar la compasión manifestada por Dios hacia los arrepentidos ninivitas “Jonás se apesadumbró en extremo, y enojóse.” Preguntó al Señor: “¿No es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me precaví huyendo a Tarsis: porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo a enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.” Jonás 4:1, 2.


Una vez más cedió a su inclinación a dudar, y una vez más fué abrumado por el desaliento. Perdiendo de vista los intereses ajenos, y dominado por el sentimiento de que era preferible morir antes que ver sobrevivir la ciudad, exclamó, en su desconformidad: “Ahora pues, oh Jehová, ruégote que me mates; porque mejor me es la muerte que la vida.”


El Señor preguntó: “¿Haces tú bien en enojarte tanto? Y salióse Jonás de la ciudad, y asentó hacia el oriente de la ciudad, e hízose allí una choza, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué sería de la ciudad. Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le defendiese de su mal: y Jonás se alegró grandemente por la calabacera.” Vers. 3-6.









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