Jueves 26 de Septiembre de 2024.
- daniela0780
- 26 sept 2024
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Lucas 14 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
Jesús sana a un hidrópico
1 Aconteció un día de reposo, que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, estos le acechaban. 2 Y he aquí estaba delante de él un hombre hidrópico. 3 Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? 4 Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió. 5 Y dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo?, 6 Y no le podían replicar a estas cosas.
Los convidados a las bodas
7 Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: 8 Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, 9 y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a este; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. 10 Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. 11 Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.
12 Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13 Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14 y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.
Parábola de la gran cena
15 Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. 16 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. 21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23 Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.
Lo que cuesta seguir a Cristo
25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Cuando la sal pierde su sabor
(Mt. 5.13; Mr. 9.50)
34 Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? 35 Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.
Comentario del Capitulo

Capítulo 65 Cristo purifica de nuevo el templo
El segundo hijo representaba a los dirigentes de la nación judía. Algunos de los fariseos se habían arrepentido y recibido el bautismo de Juan; pero los dirigentes no quisieron reconocer que él había venido de Dios. Sus amonestaciones y denuncias no los habían inducido a reformarse. Ellos “desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.” Trataron su mensaje con desdén. Como el segundo hijo, que cuando fué llamado dijo: “Yo, señor, voy” pero no fué, los sacerdotes y gobernantes profesaban obediencia, pero desobedecían. Hacían gran profesión de piedad, aseveraban acatar la ley de Dios, pero prestaban solamente una falsa obediencia. Los publicanos eran denunciados y anatematizados por los fariseos como infieles; pero demostraban por su fe y sus obras que iban al reino de los cielos delante de aquellos hombres llenos de justicia propia, a los cuales se les había dado gran luz, pero cuyas obras no correspondían a su profesión de piedad.
Los sacerdotes y gobernantes no estaban dispuestos a soportar estas verdades escudriñadoras. Sin embargo, guardaron silencio, esperando que Jesús dijese algo que pudieran usar contra él; pero habían de soportar aun más.
“Oíd otra parábola—dijo Cristo:—Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dió a renta a labradores, y se partió lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y tomemos su heredad. Y tomando, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?”
Jesús se dirigió a todos los presentes; pero los sacerdotes y gobernantes respondieron. “A los malos destruirá miserablemente—dijeron,—y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos.” Los que hablaban no habían percibido al principio la aplicación de la parábola, mas ahora vieron que habían pronunciado su propia condenación. En la parábola, el señor de la viña representaba a Dios, la viña a la nación judía, el vallado la ley divina que la protegía. La torre era un símbolo del templo. El señor de la viña había hecho todo lo necesario para su prosperidad. “¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?” Así se representaba el infatigable cuidado de Dios por Israel. Y como los labradores debían devolver al dueño una debida proporción de los frutos de la viña, así el pueblo de Dios debía honrarle mediante una vida que correspondiese a sus sagrados privilegios. Pero como los labradores habían matado a los siervos que el señor les envió en busca de fruto, así los judíos habían dado muerte a los profetas a quienes Dios les enviara para llamarlos al arrepentimiento. Mensajero tras mensajero había sido muerto. Hasta aquí la aplicación de la parábola no podía confundirse, y en lo que siguiera no sería menos evidente. En el amado hijo a quien el señor de la viña envió finalmente a sus desobedientes siervos, a quien ellos habían prendido y matado, los sacerdotes y gobernantes vieron un cuadro claro de Jesús y su suerte inminente. Ya estaban ellos maquinando la muerte de Aquel a quien el Padre les había enviado como último llamamiento. En la retribución infligida a los ingratos labradores, estaba pintada la sentencia de los que matarían a Cristo.
Mirándolos con piedad, el Salvador continuó: “¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, ésta fué hecha por cabeza de esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.”
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