Lunes 28 de Septiembre de 2026.
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Salmo 52 (RVR1960) Profetas y Reyes
Futilidad de la jactancia del malo
Al músico principal. Masquil de David, cuando vino Doeg edomita y dio cuenta a Saúl diciéndole: David ha venido a casa de Ahimelec.
1 ¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso?
La misericordia de Dios es continua.
2 Agravios maquina tu lengua;
Como navaja afilada hace engaño.
3 Amaste el mal más que el bien,
La mentira más que la verdad. Selah
4 Has amado toda suerte de palabras perniciosas,
Engañosa lengua.
5 Por tanto, Dios te destruirá para siempre;
Te asolará y te arrancará de tu morada,
Y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Selah
6 Verán los justos, y temerán;
Se reirán de él, diciendo:
7 He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza,
Sino que confió en la multitud de sus riquezas,
Y se mantuvo en su maldad.
8 Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios;
En la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre.
9 Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así;
Y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos.
Comentario del Capitulo

Capítulo 36—El último rey de Judá
El asombro de los congregados representantes de las naciones no conoció límites cuando Jeremías, llevando un yugo sobre el cuello, les hizo conocer la voluntad de Dios.
Frente a una oposición resuelta, Jeremías abogó firmemente por la política de sumisión. Entre los que querían contradecir el consejo del Señor, se destacaba Hananías, uno de los falsos profetas contra los cuales el pueblo había sido amonestado. Pensando obtener el favor del rey y de la corte real, alzó la voz para protestar y declarar que Dios le había dado palabras de aliento para los judíos. Dijo: “Así habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Quebranté el yugo del rey de Babilonia. Dentro de dos años de días tornaré a este lugar todos los vasos de la casa de Jehová, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, llevó de este lugar para meterlos en Babilonia; y yo tornaré a este lugar a Jechonías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los trasportados de Judá que entraron en Babilonia, dice Jehová; porque yo quebrantaré el yugo del rey de Babilonia.” Jeremías 28:2-4.
En presencia de los sacerdotes y del pueblo, Jeremías les rogó que se sometiesen al rey de Babilonia por el plazo que el Señor había especificado. Citó a los hombres de Judá las profecías de Oseas, Habacuc, Sofonías y otros cuyos mensajes de reprensión y amonestación habían sido similares a los propios. Les recordó acontecimientos que habían sucedido en cumplimiento de profecías relativas a la retribución por el pecado del cual no se habían arrepentido. En lo pasado, los juicios de Dios habían caído sobre los impenitentes en cumplimiento exacto de su propósito tal como había sido revelado por intermedio de sus mensajeros.
Y Jeremías propuso en conclusión: “El profeta que profetizó de paz, cuando sobreviniere la palabra del profeta, será conocido el profeta que Jehová en verdad lo envió.” Vers. 9. Si Israel prefería correr el riesgo entrañado, los acontecimientos demostrarían en forma eficaz quién era el profeta verdadero.
Las palabras con que Jeremías aconsejó la sumisión incitaron a Hananías a desafiar la veracidad del mensaje comunicado. Tomando el yugo simbólico de sobre el cuello de Jeremías, lo rompió, diciendo: “Así ha dicho Jehová: De esta manera quebraré el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las gentes dentro de dos años de días.
“Y fuése Jeremías su camino.” Vers. 11. Aparentemente, no podía hacer otra cosa sino retirarse de la escena del conflicto. Pero se le dió otro mensaje. Se le ordenó: “Ve, y habla a Hananías, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yugos de madera quebraste, mas en vez de ellos harás yugos de hierro. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo de hierro puse sobre el cuello de todas estas gentes, para que sirvan a Nabucodonosor rey de Babilonia, y han de servirle...
“Entonces dijo el profeta Jeremías a Hananías profeta; Ahora oye, Hananías; Jehová no te envió, y tú has hecho confiar a este pueblo en mentira. Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te envío de sobre la haz de la tierra morirás en este año, porque hablaste rebelión contra Jehová. Y en el mismo año murió Hananías en el mes séptimo.” Vers. 13-17.
El falso profeta había fortalecido la incredulidad del pueblo en lo que respectaba a Jeremías y su mensaje. Impíamente se había declarado mensajero del Señor y había muerto en consecuencia. En el quinto mes del año fué cuando Jeremías profetizó la muerte de Hananías, y en el mes séptimo el cumplimiento de sus palabras demostró la veracidad de ellas.
La agitación causada por las declaraciones de los falsos profetas había hecho a Sedequías sospechoso de traición, y sólo una acción presta y decisiva podía permitirle seguir reinando como vasallo. Aprovechó la oportunidad de ejecutar una acción tal poco después que regresaron los embajadores de Jerusalén a las naciones circundantes, pues entonces el rey de Judá acompañó a Seraías, “el principal camarero” (Jeremías 51:59), en una misión importante a Babilonia. Durante esta visita a la corte caldea, Sedequías renovó su juramento de fidelidad a Nabucodonosor.
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