Lunes 29 de Julio de 2024.
- Amado V FV
- 29 jul 2024
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Malaquías 3 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
1 He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. 2 ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. 3 Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. 4 Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos.
5 Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.
El pago de los diezmos
6 Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. 7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? 8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. 10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11 Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. 12 Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.
Diferencia entre el justo y el malo
13 Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? 14 Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? 15 Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no solo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon.
16 Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. 17 Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. 18 Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.
Comentario del Capitulo

Capítulo 51 “La luz de la vida”
Dios es luz; y en las palabras: “Yo soy la luz del mundo,” Cristo declaró su unidad con Dios, y su relación con toda la familia humana. Era él quien al principio había hecho “que de las tinieblas resplandeciese la luz.”3 El es la luz del sol, la luna y las estrellas. El era la luz espiritual que mediante símbolos, figuras y profecías, había resplandecido sobre Israel. Pero la luz no era dada solamente para los judíos. Como los rayos del sol penetran hasta los remotos rincones de la tierra, así la luz del Sol de justicia brilla sobre toda alma. DTG 429.2
“Aquel era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.” El mundo ha tenido sus grandes maestros, hombres de intelecto gigantesco y penetración maravillosa, hombres cuyas declaraciones han estimulado el pensamiento y abierto vastos campos de conocimiento; y esos hombres han sido honrados como guías y benefactores de su raza. Pero hay Uno que está por encima de ellos. “Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios.” “A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró.”4 Podemos remontar la línea de los grandes maestros del mundo hasta donde se extienden los anales humanos; pero la Luz era anterior a ellos. Como la luna y los planetas del sistema solar brillan por la luz reflejada del sol, así, hasta donde su enseñanza es verdadera, los grandes pensadores del mundo reflejan los rayos del Sol de justicia. Toda gema del pensamiento, todo destello de la inteligencia, procede de la Luz del mundo. Hoy día oímos hablar mucho de la “educación superior.” La verdadera “educación superior” la imparte Aquel “en el cual están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento.” “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”5 “El que me sigue—dijo Jesús,—no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” DTG 429.3
Con las palabras: “Yo soy la luz del mundo,” Jesús declaró ser el Mesías. En el templo donde Cristo estaba enseñando, Simón el anciano lo había declarado “luz para ser revelada a los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel.”6 En esas palabras, le había aplicado una profecía familiar para todo Israel. El Espíritu Santo había declarado por el profeta Isaías: “Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te di por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra.”7 Se entendía generalmente que esta profecía se refería al Mesías, y cuando Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo,” el pueblo no pudo dejar de reconocer su aserto de ser el Prometido. DTG 430.1
Para los fariseos y gobernantes este aserto parecía una arrogante presunción. No podían tolerar que un hombre semejante a ellos tuviera tales pretensiones. Simulando ignorar sus palabras, preguntaron: “¿Tú quién eres?” Estaban empeñados en forzarle a declararse el Cristo. Su apariencia y su obra eran tan diferentes de las expectativas del pueblo que, como sus astutos enemigos creían, una proclama directa de sí mismo como el Mesías, hubiera provocado su rechazamiento como impostor. DTG 430.2
Pero a su pregunta: “¿Tú quién eres?” él replicó: “El que al principio también os he dicho.” Lo que se había revelado por sus palabras se revelaba también por su carácter. El era la personificación de las verdades que enseñaba. “Nada hago de mí mismo—continuó diciendo,—mas como el Padre me enseñó, esto hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que a él agrada, hago siempre.” No procuró probar su pretensión mesiánica, sino que mostró su unión con Dios. Si sus mentes hubiesen estado abiertas al amor de Dios, hubieran recibido a Jesús. DTG 430.3
Entre sus oyentes, muchos eran atraídos a él con fe, y a éstos les dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.” DTG 431.1
Estas palabras ofendieron a los fariseos. Pasando por alto la larga sujeción de la nación a un yugo extranjero, exclamaron coléricamente: “Simiente de Abraham somos, y jamás servimos a nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres?” Jesús miró a esos hombres esclavos de la malicia, cuyos pensamientos se concentraban en la venganza, y contestó con tristeza: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado.” Ellos estaban en la peor clase de servidumbre: regidos por el espíritu del maligno. DTG 431.2
Todo aquel que rehusa entregarse a Dios está bajo el dominio de otro poder. No es su propio dueño. Puede hablar de libertad, pero está en la más abyecta esclavitud. No le es dado ver la belleza de la verdad, porque su mente está bajo el dominio de Satanás. Mientras se lisonjea de estar siguiendo los dictados de su propio juicio, obedece la voluntad del príncipe de las tinieblas. Cristo vino a romper las cadenas de la esclavitud del pecado para el alma. “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús—se nos dice—me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”8 DTG 431.3
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