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Martes 12 de Agosto de 2025.

  • daniela0780
  • 12 ago 2025
  • 8 Min. de lectura

Números 1 (RVR1960) Patriarcas y Profetas



Censo de Israel en Sinaí

1 Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo de reunión, en el día primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo: 2 Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas. 3 De veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus ejércitos. 4 Y estará con vosotros un varón de cada tribu, cada uno jefe de la casa de sus padres. 5 Estos son los nombres de los varones que estarán con vosotros: De la tribu de Rubén, Elisur hijo de Sedeur. 6 De Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai. 7 De Judá, Naasón hijo de Aminadab. 8 De Isacar, Natanael hijo de Zuar. 9 De Zabulón, Eliab hijo de Helón. 10 De los hijos de José: de Efraín, Elisama hijo de Amiud; de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur. 11 De Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni. 12 De Dan, Ahiezer hijo de Amisadai. 13 De Aser, Pagiel hijo de Ocrán. 14 De Gad, Eliasaf hijo de Deuel. 15 De Neftalí, Ahira hijo de Enán. 16 Estos eran los nombrados de entre la congregación, príncipes de las tribus de sus padres, capitanes de los millares de Israel.


17 Tomaron, pues, Moisés y Aarón a estos varones que fueron designados por sus nombres, 18 y reunieron a toda la congregación en el día primero del mes segundo, y fueron agrupados por familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres por cabeza, de veinte años arriba. 19 Como Jehová lo había mandado a Moisés, los contó en el desierto de Sinaí.


20 De los hijos de Rubén, primogénito de Israel, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres por cabeza, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 21 los contados de la tribu de Rubén fueron cuarenta y seis mil quinientos.


22 De los hijos de Simeón, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, fueron contados conforme a la cuenta de los nombres por cabeza, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 23 los contados de la tribu de Simeón fueron cincuenta y nueve mil trescientos.


24 De los hijos de Gad, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 25 los contados de la tribu de Gad fueron cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta.


26 De los hijos de Judá, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 27 los contados de la tribu de Judá fueron setenta y cuatro mil seiscientos.


28 De los hijos de Isacar, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 29 los contados de la tribu de Isacar fueron cincuenta y cuatro mil cuatrocientos.


30 De los hijos de Zabulón, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de sus nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 31 los contados de la tribu de Zabulón fueron cincuenta y siete mil cuatrocientos.


32 De los hijos de José; de los hijos de Efraín, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 33 los contados de la tribu de Efraín fueron cuarenta mil quinientos.


34 Y de los hijos de Manasés, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 35 los contados de la tribu de Manasés fueron treinta y dos mil doscientos.


36 De los hijos de Benjamín, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 37 los contados de la tribu de Benjamín fueron treinta y cinco mil cuatrocientos.


38 De los hijos de Dan, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 39 los contados de la tribu de Dan fueron sesenta y dos mil setecientos.


40 De los hijos de Aser, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 41 los contados de la tribu de Aser fueron cuarenta y un mil quinientos.


42 De los hijos de Neftalí, por su descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 43 los contados de la tribu de Neftalí fueron cincuenta y tres mil cuatrocientos.


44 Estos fueron los contados, los cuales contaron Moisés y Aarón, con los príncipes de Israel, doce varones, uno por cada casa de sus padres. 45 Y todos los contados de los hijos de Israel por las casas de sus padres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra en Israel, 46 fueron todos los contados seiscientos tres mil quinientos cincuenta.


Nombramiento de los levitas

47 Pero los levitas, según la tribu de sus padres, no fueron contados entre ellos; 48 porque habló Jehová a Moisés, diciendo: 49 Solamente no contarás la tribu de Leví, ni tomarás la cuenta de ellos entre los hijos de Israel, 50 sino que pondrás a los levitas en el tabernáculo del testimonio, y sobre todos sus utensilios, y sobre todas las cosas que le pertenecen; ellos llevarán el tabernáculo y todos sus enseres, y ellos servirán en él, y acamparán alrededor del tabernáculo. 51 Y cuando el tabernáculo haya de trasladarse, los levitas lo desarmarán, y cuando el tabernáculo haya de detenerse, los levitas lo armarán; y el extraño que se acercare morirá. 52 Los hijos de Israel acamparán cada uno en su campamento, y cada uno junto a su bandera, por sus ejércitos; 53 pero los levitas acamparán alrededor del tabernáculo del testimonio, para que no haya ira sobre la congregación de los hijos de Israel; y los levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio. 54 E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés; así lo hicieron.


Comentario del Capitulo




Capítulo 22 Moisés


En la corte del faraón, Moisés recibió la más alta educación civil y militar. El monarca había decidido hacer de su nieto adoptivo el sucesor del trono, y el joven fue educado para esa alta posición. “Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras”. Hechos 7:22. Su capacidad como caudillo militar lo convirtió en el favorito del ejército egipcio, y la mayoría lo consideraba como un personaje notable. Satanás había sido derrotado en sus propósitos. El mismo decreto que condenaba a muerte a los niños hebreos había sido usado por Dios para educar y adiestrar al futuro caudillo de su pueblo.


A los ancianos de Israel les comunicaron los ángeles que la época de su liberación se acercaba, y que Moisés era el hombre que Dios emplearía para realizar esta obra. Los ángeles también instruyeron a Moisés, diciéndole que Jehová lo había elegido para poner fin a la servidumbre de su pueblo. Suponiendo Moisés que los hebreos habían de obtener su libertad mediante la fuerza de las armas, esperaba dirigir los ejércitos hebreos contra los ejércitos egipcios, y teniendo esto en cuenta, fue cuidadoso con sus afectos, para evitar que por apego a su madre adoptiva o al faraón no se sintiera libre para hacer la voluntad de Dios.


De conformidad con las leyes de Egipto, todos los que ocupaban el trono de los faraones debían llegar a ser miembros de la casta sacerdotal: y Moisés, como presunto heredero debía ser iniciado en los misterios de la religión nacional. Se responsabilizó de esto a los sacerdotes. Pero aunque era celoso e incansable estudiante, no pudieron inducirlo a la adoración de los dioses. Fue amenazado con perder la corona, y se le advirtió de que sería desheredado por la princesa si insistía en su apego a la fe hebrea. Pero permaneció inconmovible en su determinación de no rendir homenaje a otro Dios que no sea el Creador del cielo y de la tierra. Razonó con los sacerdotes y los adoradores de los dioses egipcios, mostrándoles la insensatez de su veneración supersticiosa hacia objetos inanimados. Nadie pudo refutar sus argumentos o cambiar su propósito; sin embargo, por un tiempo su firmeza fue tolerada a causa de su elevada posición, y por el favor que le dispensaban tanto el rey como el pueblo.


“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de los egipcios, porque tenía puesta la mirada en la recompensa”. Hebreos 11:24-26. Moisés estaba capacitado para destacarse entre los grandes de la tierra, para brillar en las cortes del reino más glorioso, y para empuñar el cetro de su poder. Su grandeza intelectual lo distingue entre los grandes de todas las edades, y no tiene par como historiador, poeta, filósofo, general y legislador. Con el mundo a su alcance, tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas de riqueza, grandeza y fama, “prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado”.


Moisés había sido instruido tocante al galardón final que será dado a los humildes y obedientes siervos de Dios, y en comparación con el cual la ganancia mundanal se hundía en su propia insignificancia. El magnífico palacio del faraón y el trono del monarca fueron ofrecidos a Moisés para seducirlo; pero él sabía que los placeres pecaminosos que hacen a los hombres olvidarse de Dios imperaban en sus cortes señoriales. Vio más allá del esplendoroso palacio, más allá de la corona de un monarca, los altos honores que se otorgarán a los santos del Altísimo en un reino que no tendrá mancha de pecado. Vio por la fe una corona imperecedera que el Rey del cielo colocará en la frente del vencedor. Esta fe lo indujo a apartarse de los señores de esta tierra, y a unirse con la nación humilde, pobre y despreciada que había preferido obedecer a Dios antes que servir al pecado.


Moisés permaneció en la corte hasta los cuarenta años de edad. Con frecuencia pensaba en la abyecta condición de su pueblo, y visitaba a sus hermanos sujetos a servidumbre, y los animaba con la seguridad de que Dios obraría su liberación. A menudo, provocado al resentimiento por las escenas de injusticia y opresión que veía, anhelaba vengar sus males. Un día, en una de sus visitas, al ver que un egipcio golpeaba a un israelita, se arrojó sobre aquel y lo mató. No hubo testigos del hecho, excepto el israelita, y Moisés sepultó inmediatamente el cuerpo en la arena. Habiendo demostrado que estaba listo para apoyar la causa de su pueblo, esperaba verlo levantarse para recobrar su libertad. “Él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya, pero ellos no lo habían entendido así”. Hechos 7:25. Aun no estaban preparados para la libertad.


Al siguiente día Moisés vio a dos hebreos que reñían entre sí, uno de ellos era evidentemente culpable. Moisés lo reprendió, y el hombre, oponiéndosele, le negó el derecho a intervenir y lo acusó así vilmente de un crimen: “¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?”





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