Martes 14 de Abril de 2026.
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1 Crónicas 25 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Distribución de músicos y cantores
Asimismo David y los jefes del ejército apartaron para el ministerio a los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutún, para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos; y el número de ellos, hombres idóneos para la obra de su ministerio, fue: 2 De los hijos de Asaf: Zacur, José, Netanías y Asarela, hijos de Asaf, bajo la dirección de Asaf, el cual profetizaba bajo las órdenes del rey. 3 De los hijos de Jedutún: Gedalías, Zeri, Jesaías, Hasabías, Matatías y Simei; seis, bajo la dirección de su padre Jedutún, el cual profetizaba con arpa, para aclamar y alabar a Jehová. 4 De los hijos de Hemán: Buquías, Matanías, Uziel, Sebuel, Jeremot, Hananías, Hanani, Eliata, Gidalti, Romanti-ezer, Josbecasa, Maloti, Hotir y Mahaziot. 5 Todos estos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en las cosas de Dios, para exaltar su poder; y Dios dio a Hemán catorce hijos y tres hijas. 6 Y todos estos estaban bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de Jehová, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios. Asaf, Jedutún y Hemán estaban por disposición del rey. 7 Y el número de ellos, con sus hermanos, instruidos en el canto para Jehová, todos los aptos, fue doscientos ochenta y ocho. 8 Y echaron suertes para servir por turnos, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo.
9 La primera suerte salió por Asaf, para José; la segunda para Gedalías, quien con sus hermanos e hijos fueron doce; 10 la tercera para Zacur, con sus hijos y sus hermanos, doce; 11 la cuarta para Izri, con sus hijos y sus hermanos, doce; 12 la quinta para Netanías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 13 la sexta para Buquías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 14 la séptima para Jesarela, con sus hijos y sus hermanos, doce; 15 la octava para Jesahías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 16 la novena para Matanías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 17 la décima para Simei, con sus hijos y sus hermanos, doce; 18 la undécima para Azareel, con sus hijos y sus hermanos, doce; 19 la duodécima para Hasabías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 20 la decimatercera para Subael, con sus hijos y sus hermanos, doce; 21 la decimacuarta para Matatías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 22 la decimaquinta para Jeremot, con sus hijos y sus hermanos, doce; 23 la decimasexta para Hananías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 24 la decimaséptima para Josbecasa, con sus hijos y sus hermanos, doce; 25 la decimaoctava para Hanani, con sus hijos y sus hermanos, doce; 26 la decimanovena para Maloti, con sus hijos y sus hermanos, doce; 27 la vigésima para Eliata, con sus hijos y sus hermanos, doce; 28 la vigesimaprimera para Hotir, con sus hijos y sus hermanos, doce; 29 la vigesimasegunda para Gidalti, con sus hijos y sus hermanos, doce; 30 la vigesimatercera para Mahaziot, con sus hijos y sus hermanos, doce; 31 la vigesimacuarta para Romanti-ezer, con sus hijos y sus hermanos, doce.
Comentario del Capitulo

Capítulo 73 Los últimos años de David
A la mañana siguiente el profeta Gad le trajo a David un mensaje: “Así ha dicho Jehová: “Escoge para ti: tres años de hambre, o tres meses de derrotas ante tus enemigos, con la espada de tus adversarios, o bien tres días durante los cuales la espada de Jehová y la peste recorran la tierra, y el ángel de Jehová haga destrucción en todos los términos de Israel”. Mira, pues, qué responderé a quien me ha enviado”.
La respuesta del rey fue: “Estoy en gran angustia. Pero es preferible caer ahora en manos de Jehová, porque sus misericordias son muchas, que caer en manos de los hombres”. 2 Samuel 24:14.
La tierra fue herida por una pestilencia, que destruyó a setenta mil personas en Israel. La pestilencia no había llegado a la capital cuando “vio al ángel de Jehová que estaba entre el cielo y la tierra, con una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalén. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, vestidos de ropas ásperas”. El rey imploró a Dios en favor de Israel: “¿No soy yo el que hizo contar al pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, caiga ahora tu mano sobre mí, y sobre la casa de mi padre, pero no envíes la peste sobre tu pueblo”.
La realización del censo había causado desafecto entre el pueblo; pero este había participado de los mismos pecados que motivaron la acción de David. Así como el Señor, por medio del pecado de Absalón, trajo castigos sobre David, por medio del error de David, castigó los pecados de Israel.
El ángel exterminador se había detenido en las inmediaciones de Jerusalén. Estaba en el monte Moria, “en la era de Ornán Jebuseo”. Por indicación del profeta, David fue a la montaña, y edificó allí un altar a Jehová, “y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz. Entonces Jehová oyó las súplicas de la tierra y cesó la plaga en Israel”. 2 Samuel 24:25.
El sitio en que se construyó el altar, que de allí en adelante debía de considerarse como tierra santa para siempre, fue obsequiado al rey por Ornán. Pero el rey se negó a recibirlo. “No, todo quiero comprarlo por su justo precio; porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste. Y dio David a Ornán por aquel lugar la suma de seiscientos siclos de oro”. 1 Crónicas 21:24, 25. Este sitio, ya memorable por ser el lugar donde Abraham había construído el altar para ofrecer a su hijo, y era ahora santificado por esta gran liberación, fue posteriormente escogido como el sitio donde Salomón erigió el templo.
Otra sombra aún había de oscurecer los últimos años de David. Había llegado a la edad de setenta años. Las penurias y vicisitudes de su vida errante en los días de su juventud, sus muchas guerras, los cuidados y las tribulaciones de sus años ulteriores, habían minado su vitalidad. Aunque conservaba su claridad y vigor mentales, la debilidad y la edad, con el consiguiente deseo de reclusión, le impedían comprender rápidamente lo que sucedía en el reino, y nuevamente surgió la rebelión a la sombra misma del trono. Otra vez se manifestó el fruto de la complacencia paternal de David.
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