Martes 23 de Septiembre de 2025.
- daniela0780
- 23 sept 2025
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Deuteronomio 7 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Advertencias contra la idolatría de Canaán
(Ex. 34.11-17)
1 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, 2 y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. 3 Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo. 4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto. 5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego.
Un pueblo santo para Jehová
6 Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. 7 No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; 8 sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto. 9 Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones; 10 y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago. 11 Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas.
Bendiciones de la obediencia
(Lv. 26.3-13; Dt. 28.1-14)
12 Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. 13 Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. 14 Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. 15 Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren. 16 Y consumirás a todos los pueblos que te da Jehová tu Dios; no los perdonará tu ojo, ni servirás a sus dioses, porque te será tropiezo.
17 Si dijeres en tu corazón: Estas naciones son mucho más numerosas que yo; ¿cómo las podré exterminar? 18 no tengas temor de ellas; acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto; 19 de las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano poderosa y el brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó; así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres. 20 También enviará Jehová tu Dios avispas sobre ellos, hasta que perezcan los que quedaren y los que se hubieren escondido de delante de ti. 21 No desmayes delante de ellos, porque Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios grande y temible. 22 Y Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti poco a poco; no podrás acabar con ellas en seguida, para que las fieras del campo no se aumenten contra ti. 23 Mas Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y él las quebrantará con grande destrozo, hasta que sean destruidas. 24 Él entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo; nadie te hará frente hasta que los destruyas. 25 Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios; 26 y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema.
Comentario del Capitulo

Capítulo 29 La enemistad de Satanás hacia la ley
Dios libró a Israel mediante extraordinarias manifestaciones de su poder, y con juicios sobre todos los dioses de Egipto. “Sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos. Les dio las tierras de las naciones y las labores de los pueblos heredaron, para que guardaran sus estatutos y cumplieran sus leyes”. Salmos 105:43-45. Los rescató de la esclavitud en que se hallaban, para poder llevarlos a una buena tierra, que en su misericordia había preparado para ellos como un refugio contra sus enemigos, a una tierra donde pudieran vivir bajo la sombra de sus alas. Quería atraerlos a sí mismo, para rodearlos con sus brazos eternos; y les requirió que en retribución a toda su bondad y misericordia hacia ellos no tener dioses ajenos ante él, el Dios viviente, y que ensalzaran su nombre y lo glorificaran en la tierra.
Durante su esclavitud en Egipto, muchos de los israelitas habían perdido en alto grado el conocimiento de la ley de Dios, y habían mezclado los preceptos divinos con costumbres y tradiciones paganas. Dios los llevó al Sinaí, y allí con su propia voz proclamó su ley.
Satanás y los ángeles malos asistieron a la escena. Aun mientras Dios proclamaba su ley a su pueblo, Satanás estaba tramando proyectos para inducirlo a pecar. Ante el mismo rostro del cielo quería arrebatar a este pueblo a quien Dios había elegido. Llevándolos a la idolatría, iba a destruir la eficacia de todo culto; pues ¿cómo puede elevarse el hombre, adorando lo que es inferior a él mismo y que puede simbolizarse con creaciones de sus propias manos? Si el hombre pudiera llegar a ser tan ciego con respecto al poder, la majestad y la gloria del Dios infinito como para representarlo por medio de una imagen o hasta por medio de una bestia o un reptil; si pudiera olvidar, hasta tal punto su propio parentesco divino; si olvidara que fue hecho a la imagen de su Creador, hasta el punto de inclinarse ante objetos repugnantes e irracionales; entonces quedaría el camino libre para la plena licencia, se desencadenarían las malas pasiones de su corazón, y Satanás ejercería dominio absoluto.
Al pie mismo del Sinaí, empezó Satanás a ejecutar sus planes para derribar la ley de Dios y continuó así la obra que había iniciado en el cielo. Durante los cuarenta días que Moisés pasó en el monte con Dios, Satanás se ocupó en sembrar la duda, la apostasía y la rebelión. Mientras Dios escribía su ley, para entregarla al pueblo de su pacto, los israelitas, negando su lealtad a Jehová, pedían dioses de oro. Cuando Moisés regresó de la solemne presencia de la gloria divina, con los preceptos de la ley a la cual el pueblo se había comprometido a obedecer, encontró al pueblo en actitud de abierto desafío a los mandamientos de esa ley y adorando una imagen de oro.
Al provocar a Israel a cometer este atrevido insulto y esta blasfemia contra Jehová, Satanás se propuso causar la ruina completa del pueblo. Puesto que se habían manifestado tan envilecidos, tan privados de todo entendimiento acerca de los privilegios y bendiciones que Dios les había ofrecido, y tan olvidados de sus repetidas promesas solemnes de lealtad, Satanás creyó que el Señor los repudiaría y los entregaría a la destrucción. Así obtendría el exterminio de la descendencia de Abraham, esa simiente prometida cuya responsabilidad era preservar el conocimiento del Dios viviente, y por medio de ella traer a Aquel que había de ser la verdadera simiente, y que vencería a Satanás.
El gran rebelde había tramado destruir a Israel, y así frustrar los propósitos de Dios. Pero otra vez fue derrotado. A pesar de ser tan pecadores, los israelitas no fueron destruidos. Mientras que los que se habían puesto tercamente del lado de Satanás fueron eliminados, los humildes y los que se arrepintieron fueron perdonados bondadosamente. La historia de este pecado iba a destacarse como un testimonio perpetuo de la culpa y el castigo de la idolatría, y de la justicia y longanimidad de Dios.
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