Martes 26 de Agosto de 2025.
- daniela0780
- 26 ago 2025
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Actualizado: 28 ago 2025
Números 15 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Leyes sobre las ofrendas
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de vuestra habitación que yo os doy, 3 y hagáis ofrenda encendida a Jehová, holocausto, o sacrificio, por especial voto, o de vuestra voluntad, o para ofrecer en vuestras fiestas solemnes olor grato a Jehová, de vacas o de ovejas; 4 entonces el que presente su ofrenda a Jehová traerá como ofrenda la décima parte de un efa de flor de harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite. 5 De vino para la libación ofrecerás la cuarta parte de un hin, además del holocausto o del sacrificio, por cada cordero. 6 Por cada carnero harás ofrenda de dos décimas de flor de harina, amasada con la tercera parte de un hin de aceite; 7 y de vino para la libación ofrecerás la tercera parte de un hin, en olor grato a Jehová. 8 Cuando ofrecieres novillo en holocausto o sacrificio, por especial voto, o de paz a Jehová, 9 ofrecerás con el novillo una ofrenda de tres décimas de flor de harina, amasada con la mitad de un hin de aceite; 10 y de vino para la libación ofrecerás la mitad de un hin, en ofrenda encendida de olor grato a Jehová.
11 Así se hará con cada buey, o carnero, o cordero de las ovejas, o cabrito. 12 Conforme al número así haréis con cada uno, según el número de ellos. 13 Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda encendida de olor grato a Jehová. 14 Y cuando habitare con vosotros extranjero, o cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras generaciones, si hiciere ofrenda encendida de olor grato a Jehová, como vosotros hiciereis, así hará él. 15 Un mismo estatuto tendréis vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; como vosotros, así será el extranjero delante de Jehová. 16 Una misma ley y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora.
17 También habló Jehová a Moisés, diciendo: 18 Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra a la cual yo os llevo, 19 cuando comencéis a comer del pan de la tierra, ofreceréis ofrenda a Jehová. 20 De lo primero que amaséis, ofreceréis una torta en ofrenda; como la ofrenda de la era, así la ofreceréis. 21 De las primicias de vuestra masa daréis a Jehová ofrenda por vuestras generaciones. 22 Y cuando errareis, y no hiciereis todos estos mandamientos que Jehová ha dicho a Moisés, 23 todas las cosas que Jehová os ha mandado por medio de Moisés, desde el día que Jehová lo mandó, y en adelante por vuestras edades, 24 si el pecado fue hecho por yerro con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo por holocausto en olor grato a Jehová, con su ofrenda y su libación conforme a la ley, y un macho cabrío en expiación. 25 Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado, porque yerro es; y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda encendida a Jehová, y sus expiaciones delante de Jehová por sus yerros. 26 Y será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que mora entre ellos, por cuanto es yerro de todo el pueblo.
27 Si una persona pecare por yerro, ofrecerá una cabra de un año para expiación. 28 Y el sacerdote hará expiación por la persona que haya pecado por yerro; cuando pecare por yerro delante de Jehová, la reconciliará, y le será perdonado. 29 El nacido entre los hijos de Israel, y el extranjero que habitare entre ellos, una misma ley tendréis para el que hiciere algo por yerro. 30 Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo. 31 Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y menospreció su mandamiento, enteramente será cortada esa persona; su iniquidad caerá sobre ella.
Lapidación de un violador del día de reposo
32 Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo.[a] 33 Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; 34 y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. 35 Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. 36 Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.
Franjas en los vestidos
37 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 38 Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. 39 Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os prostituyáis. 40 Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios. 41 Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios.
Comentario del Capitulo

Capítulo 24-25 La Pascua
Antes de obtener la libertad, los siervos debían demostrar fe en la gran liberación que estaba a punto de realizarse. Debían poner la señal de la sangre sobre sus casas, y ellos y sus familias debían separarse de los egipcios y reunirse dentro de sus propias moradas. Si los israelitas hubieran menospreciado en lo más mínimo las instrucciones que se les dieron, si no hubieran separado a sus hijos de los egipcios, si hubieran dado muerte al cordero, pero no hubieran rociado los postes con la sangre, o hubieran salido algunos fuera de sus casas, no habrían estado seguros. Podrían haber creído honradamente que habían hecho todo lo necesario, pero su sinceridad no los habría salvado. Aquellos que hubiesen dejado de cumplir las instrucciones del Señor, habrían perdido su primogénito por obra del destructor.
Mediante su obediencia el pueblo debía mostrar su fe. Asimismo todo aquel que espera ser salvo por los méritos de la sangre de Cristo debe comprender que él mismo tiene algo que hacer para asegurar su salvación. Únicamente Cristo puede redimirnos de la pena de la transgresión, pero nosotros debemos volvernos del pecado a la obediencia. El hombre es salvo por la fe, no por las obras; sin embargo, su fe debe manifestarse por sus obras. Dios entregó a su Hijo para que muriera en propiciación por el pecado; ha manifestado la luz de la verdad, el camino de la vida; ha dado facilidades, ordenanzas y privilegios; y el hombre debe cooperar con estos agentes de la salvación; ha de apreciar y usar la ayuda que Dios ha provisto; debe creer y obedecer todos los requerimientos divinos.
Mientras Moisés repetía a Israel lo que Dios había provisto para su liberación, “el pueblo se inclinó y adoró”. Éxodo 12:27. La feliz esperanza de libertad, el tremendo conocimiento del inminente juicio que caería sobre sus opresores, los cuidados y trabajos necesarios para su pronta salida, todo lo eclipsó de momento la gratitud hacia su bondadoso Libertador.
Muchos de los egipcios fueron inducidos a reconocer al Dios de los hebreos como el único Dios verdadero, y suplicaron que se les permitiera ampararse en los hogares de Israel cuando el ángel exterminador pasara por la tierra. Fueron recibidos con júbilo, y se comprometieron a servir de allí en adelante al Dios de Jacob y a salir de Egipto con su pueblo.
Los israelitas obedecieron las instrucciones que Dios les había dado. Rápida y secretamente hicieron los preparativos para su partida. Las familias estaban reunidas, el cordero pascual muerto, la carne asada, el pan sin levadura y las hierbas amargas preparados. El padre y sacerdote de la casa roció con sangre los postes de la puerta, y se unió a su familia dentro de la casa. Con premura y en silencio se comió el cordero pascual. Con reverente temor el pueblo oró y aguardó; el corazón de todo primogénito, desde el hombre más fuerte hasta el niño, tembló con indescriptible miedo. Los padres y las madres estrechaban en sus brazos a sus queridos primogénitos, al pensar en el espantoso golpe que caería aquella noche. Pero a ningún hogar de Israel llegó el ángel exterminador. La señal de la sangre, garantía de la protección del Salvador, estaba sobre sus puertas, y el exterminador no entró.
A la medianoche hubo “un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiera un muerto”. Todos los primogénitos de la tierra, “desde el primogénito del faraón que se sentaba sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales” (Éxodo 12:29-33), fueron asesinados por el ángel exterminador. A través del vasto reino de Egipto, el orgullo de toda casa había sido humillado. Los gritos y gemidos de los dolientes llenaban los aires. El rey y los cortesanos, con rostros pálidos y piernas temblorosas, estaban aterrados por el horror prevaleciente. El faraón recordó entonces que una vez había exclamado: “¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”. Éxodo 5:2. Ahora, su orgullo, que una vez osara levantarse contra el cielo, estaba humillado hasta el polvo; “hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: “Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id a servir a Jehová, como habéis dicho. Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí. “Los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra, porque decían: “Todos moriremos””. También los consejeros reales y el pueblo suplicaron a los israelitas que se fueran de la tierra, “porque decían: “Todos somos muertos””.
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