Martes 30 de Julio de 2024.
- Amado V FV
- 30 jul 2024
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Malaquías 4 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
El advenimiento del día de Jehová
1 Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. 2 Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. 3 Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.
4 Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.
5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6 Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.
Comentario del Capitulo

Capítulo 51 “La luz de la vida”
En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea ninguna fuerza exterior. Bajo la influencia del Espíritu de Dios, el hombre está libre para elegir a quien ha de servir. En el cambio que se produce cuando el alma se entrega a Cristo, hay la más completa sensación de libertad. La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios. DTG 431.4
La única condición bajo la cual es posible la libertad del hombre, es que éste llegue a ser uno con Cristo. “La verdad os libertará;” y Cristo es la verdad. El pecado puede triunfar solamente debilitando la mente y destruyendo la libertad del alma. La sujeción a Dios significa la rehabilitación de uno mismo, de la verdadera gloria y dignidad del hombre. La ley divina, a la cual somos inducidos a sujetarnos, es “la ley de libertad.”9 DTG 432.1
Los fariseos se habían declarado a sí mismos hijos de Abrahán. Jesús les dijo que solamente haciendo las obras de Abrahán podían justificar esta pretensión. Los verdaderos hijos de Abrahán vivirían como él una vida de obediencia a Dios. No procurarían matar a Aquel que hablaba la verdad que le había sido dada por Dios. Al conspirar contra Cristo, los rabinos no estaban haciendo las obras de Abrahán. La simple descendencia de Abrahán no tenía ningún valor. Sin una relación espiritual con él, la cual se hubiera manifestado poseyendo el mismo espíritu y haciendo las mismas obras, ellos no eran sus hijos. DTG 432.2
Este principio se aplica con igual propiedad a una cuestión que ha agitado por mucho tiempo al mundo cristiano: la cuestión de la sucesión apostólica. La descendencia de Abrahán no se probaba por el nombre y el linaje, sino por la semejanza del carácter. La sucesión apostólica tampoco descansa en la transmisión de la autoridad eclesiástica, sino en la relación espiritual. Una vida movida por el espíritu de los apóstoles, el creer y enseñar las verdades que ellos enseñaron: ésta es la verdadera evidencia de la sucesión apostólica. Es lo que constituye a los hombres sucesores de los primeros maestros del Evangelio. DTG 432.3
Jesús negó que los judíos fueran hijos de Abrahán. Dijo: “Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.” En mofa respondieron: “Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.” Estas palabras, que aludían a las circunstancias del nacimiento de Cristo, estaban destinadas a ser una estocada contra Cristo en presencia de los que estaban comenzando a creer en él. Jesús no prestó oído a esta ruin insinuación, sino que dijo: “Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais: porque yo de Dios he salido, y he venido.” DTG 432.4
Sus obras testificaban del parentesco de ellos con el que era mentiroso y asesino. “Vosotros de vuestro padre el diablo sois—dijo Jesús,—y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. El, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él.... Y porque yo digo verdad, no me creéis.” Porque Jesús hablaba la verdad y la decía con certidumbre, no fué recibido por los dirigentes judíos. Era la verdad lo que ofendía a estos hombres que se creían justos. La verdad exponía la falacia del error; condenaba sus enseñanzas y prácticas, y fué mal acogida. Ellos preferían cerrar los ojos a la verdad, antes que humillarse para confesar que habían estado en el error. No amaban la verdad. No la deseaban aunque era la verdad. DTG 433.1
“¿Quién de vosotros me convence de pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?”10 Día tras día, durante tres años los enemigos de Cristo le habían seguido, procurando hallar alguna mancha en su carácter. Satanás y toda la confederación del maligno habían estado tratando de vencerle; pero nada habían hallado en él de lo cual sacar ventaja. Hasta los demonios estaban obligados a confesar: “Sé quién eres, el Santo de Dios.”11 Jesús vivió la ley a la vista del cielo, de los mundos no caídos y de los hombres pecadores. Delante de los ángeles, de los hombres y de los demonios, había pronunciado sin que nadie se las discutiese palabras que, si hubiesen procedido de cualesquiera otros labios, hubieran sido blasfemia: “Yo, lo que a él agrada, hago siempre.” DTG 433.2
El hecho de que, a pesar de que no podían hallar pecado en él, los judíos no recibían a Cristo probaba que no estaban en comunión con Dios. No reconocían la voz de Dios en el mensaje de su Hijo. Pensaban que estaban condenando a Cristo; pero al rechazarlo estaban sentenciándose a sí mismos. “El que es de Dios—dijo Jesús,—las palabras de Dios oye: por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.” DTG 433.3
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