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Martes 4 de Agosto de 2026.

  • 4 ago
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Job 39 (RVR1960) Profetas y Reyes



1 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses?


¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?


2 ¿Contaste tú los meses de su preñez,


Y sabes el tiempo cuando han de parir?


3 Se encorvan, hacen salir sus hijos,


Pasan sus dolores.


4 Sus hijos se fortalecen, crecen con el pasto;


Salen, y no vuelven a ellas.


5 ¿Quién echó libre al asno montés,


Y quién soltó sus ataduras?


6 Al cual yo puse casa en la soledad,


Y sus moradas en lugares estériles.


7 Se burla de la multitud de la ciudad;


No oye las voces del arriero.


8 Lo oculto de los montes es su pasto,


Y anda buscando toda cosa verde.


9 ¿Querrá el búfalo servirte a ti,


O quedar en tu pesebre?


10 ¿Atarás tú al búfalo con coyunda para el surco?


¿Labrará los valles en pos de ti?


11 ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fuerza,


Y le fiarás tu labor?


12 ¿Fiarás de él para que recoja tu semilla,


Y la junte en tu era?


13 ¿Diste tú hermosas alas al pavo real,


O alas y plumas al avestruz?


14 El cual desampara en la tierra sus huevos,


Y sobre el polvo los calienta,


15 Y olvida que el pie los puede pisar,


Y que puede quebrarlos la bestia del campo.


16 Se endurece para con sus hijos, como si no fuesen suyos,


No temiendo que su trabajo haya sido en vano;


17 Porque le privó Dios de sabiduría,


Y no le dio inteligencia.


18 Luego que se levanta en alto,


Se burla del caballo y de su jinete.


19 ¿Diste tú al caballo la fuerza?


¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes?


20 ¿Le intimidarás tú como a langosta?


El resoplido de su nariz es formidable.


21 Escarba la tierra, se alegra en su fuerza,


Sale al encuentro de las armas;


22 Hace burla del espanto, y no teme,


Ni vuelve el rostro delante de la espada.


23 Contra él suenan la aljaba,


El hierro de la lanza y de la jabalina;


24 Y él con ímpetu y furor escarba la tierra,


Sin importarle el sonido de la trompeta;


25 Antes como que dice entre los clarines: ¡Ea!


Y desde lejos huele la batalla,


El grito de los capitanes, y el vocerío.


26 ¿Vuela el gavilán por tu sabiduría,


Y extiende hacia el sur sus alas?


27 ¿Se remonta el águila por tu mandamiento,


Y pone en alto su nido?


28 Ella habita y mora en la peña,


En la cumbre del peñasco y de la roca.


29 Desde allí acecha la presa;


Sus ojos observan de muy lejos.


30 Sus polluelos chupan la sangre;


Y donde hubiere cadáveres, allí está ella.



Comentario del Capitulo






Capítulo 24—“Destruído por falta de conocimiento”


El tiempo que precedió al cautiverio de las diez tribus de Israel se destacó por una desobediencia y una perversidad similares. No se tenía en cuenta para nada la ley de Dios, y esto abrió las compuertas de la iniquidad sobre Israel. Oseas declaró: “Jehová pleitea con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, y mentir, y matar, y hurtar y adulterar prevalecieron, y sangres se tocaron con sangres.” Oseas 4:1, 2.


Las profecías de juicio que dieran Amós y Oseas iban acompañadas de predicciones referentes a una gloria futura. A las diez tribus, durante mucho tiempo rebeldes e impenitentes, no se les prometió una restauración completa de su poder anterior en Palestina. Hasta el fin del tiempo, habrían de andar “errantes entre las gentes.” Pero mediante Oseas fué dada una profecía que les ofreció el privilegio de tener parte en la restauración final que ha de experimentar el pueblo de Dios al fin de la historia de esta tierra, cuando Cristo aparezca como Rey de reyes y Señor de señores. Declaró el profeta: “Muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, y sin príncipe, y sin sacrificio, y sin estatua, y sin ephod, y sin teraphim. Después—agregó el profeta—volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” Oseas 3:4, 5.


En un lenguaje simbólico Oseas presentó a las diez tribus el plan que Dios tenía para volver a otorgar a toda alma penitente que se uniese con su iglesia en la tierra las bendiciones concedidas a Israel en los tiempos cuando éste le era leal en la tierra prometida. Refiriéndose a Israel como a quien deseaba manifestar misericordia, el Señor declaró: “Empero he aquí, yo la induciré, y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón. Y daréle sus viñas desde allí, y el valle de Achor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto. Y será que en aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Marido mío, y nunca más me llamarás Baali [Margen: Mi señor]. Porque quitaré de su boca los nombres de los Baales, y nunca más serán mentados por sus nombres.” Oseas 2:14-17.


En los últimos días de la historia de esta tierra, debe renovarse el pacto de Dios con su pueblo que guarda sus mandamientos. “En aquel día yo haré por ellos un pacto con las fieras del campo, y con las aves del cielo, y con los reptiles del suelo; y quebraré el arco y la espada, y quitaré la guerra de en medio de la tierra; y haré que duerman ellos seguros. Y te desposaré conmigo para siempre: sí, te desposaré conmigo en justicia, y en rectitud, y en misericordia y en compasiones; también te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Jehová.


“Sucederá también que en aquel día yo responderé, dice Jehová; yo responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra; y la tierra responderá al trigo y al vino y al aceite; y ellos responderán a Jezreel. Y te sembraré para mí mismo en la tierra; y me compadeceré de la no compadecida, y al que dije que no era mi pueblo, le diré: ¡Pueblo mío eres! y él me dirá a mí: ¡Tú ere mi Dios!” Vers. 18-23 (VM).



“Y acontecerá en aquel tiempo, que los que hubieren quedado de Israel, y los que hubieren quedado de la casa de Jacob, ... se apoyarán con verdad en Jehová Santo de Israel.” Isaías 10:20. De “toda nación y tribu y lengua y pueblo” saldrán algunos que responderán gozosamente al mensaje: “Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida.” Se apartarán de todo ídolo que los una a la tierra, y adorarán “a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas.” Se librarán de todo enredo, y se destacarán ante el mundo como monumentos de la misericordia de Dios. Obedientes a los requerimientos divinos, serán reconocidos por los ángeles y por los hombres como quienes guardaron “los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.” Apocalipsis 14:6, 7, 12.


“He aquí vienen dîas, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleva la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán. Y tornaré el cautiverio de mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; y plantarán viñas, y beberán el vino de ellas; y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les dí, ha dicho Jehová Dios tuyo.” Amós 9:13-15.








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