Miércoles 12 de Noviembre de 2025.
- daniela0780
- 12 nov 2025
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Josue 23 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Exhortación de Josué al pueblo
1 Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, 2 llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. 3 Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros. 4 He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas naciones, así las destruidas como las que quedan, desde el Jordán hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol. 5 Y Jehová vuestro Dios las echará de delante de vosotros, y las arrojará de vuestra presencia; y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho. 6 Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a diestra ni a siniestra; 7 para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. 8 Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy. 9 Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro. 10 Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo. 11 Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. 12 Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, 13 sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.
14 Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas. 15 Pero así como ha venido sobre vosotros toda palabra buena que Jehová vuestro Dios os había dicho, también traerá Jehová sobre vosotros toda palabra mala, hasta destruiros de sobre la buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado, 16 si traspasareis el pacto de Jehová vuestro Dios que él os ha mandado, yendo y honrando a dioses ajenos, e inclinándoos a ellos. Entonces la ira de Jehová se encenderá contra vosotros, y pereceréis prontamente de esta buena tierra que él os ha dado.
Comentario del Capitulo

Capítulo 40 Balaam
Con los nobles y los príncipes de Moab, el rey se quedó de pie al lado del sacrificio, mientras que la multitud se congregó alrededor de ellos, y todos esperaban el regreso del profeta. Por último volvió, y el pueblo esperó oír las palabras capaces de paralizar para siempre aquel poder extraño que se manifestaba en favor de los odiados israelitas. Balaam dijo:
“De Aram me trajo Balac,
rey de Moab, desde los montes del oriente.
“¡Ven, maldíceme a Jacob; ven, execra a Israel!”.
¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo?
¿Por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?
Porque desde la cumbre de las peñas puedo verlo,
desde los collados puedo mirarlo;
es un pueblo que habita confiado y no se cuenta entre las naciones.
¿Quién contará el polvo de Jacob
o el número de la cuarta parte de Israel?
Que muera yo la muerte de los rectos
y mi fin sea como el suyo”.
Balaam confesó que había venido con el objeto de maldecir a Israel; pero las palabras que pronunció contradijeron rotundamente los sentimientos de su corazón. Se lo obligó a pronunciar bendiciones, mientras que su alma estaba llena de maldiciones.
Mientras Balaam miraba el campamento de Israel, contempló con asombro la evidencia de su prosperidad. Se lo habían pintado como una multitud ruda y desorganizada que infestaba el país con grupos de merodeadores que afligían y aterrorizaban las naciones circunvecinas; pero lo que veía era todo lo contrario. Notó la vasta extensión y el orden perfecto del campamento, y que todo denotaba disciplina y orden cabales. Le fue revelado el favor que Dios dispensaba a Israel, y el carácter distintivo de ese pueblo escogido. No había de equipararse a las otras naciones, sino de superarlas en todo. El “pueblo que habita confiado, y no se cuenta entre las naciones”. Cuando se pronunciaron estas palabras, los israelitas aun no se habían establecido permanentemente en un sitio, y Balaam no conocía su carácter particular y especial ni sus modales y costumbres. Pero ¡cuán sorprendentemente se cumplió esta profecía en la historia ulterior de Israel! A través de todos los años de su cautiverio y de todos los siglos de su dispersión, han subsistido como pueblo distinto de los demás. Así también los hijos de Dios, el verdadero Israel, aunque dispersados entre todas las naciones, no son sino advenedizos en la tierra, y su ciudadanía está en los cielos.
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