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Miércoles 5 de Agosto de 2026.

  • 5 ago
  • 3 min de lectura

Job 40 (RVR1960) Profetas y Reyes



1 Además respondió Jehová a Job, y dijo:


2 ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente?


El que disputa con Dios, responda a esto.


3 Entonces respondió Job a Jehová, y dijo:


4 He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé?


Mi mano pongo sobre mi boca.


5 Una vez hablé, mas no responderé;


Aun dos veces, mas no volveré a hablar.


Manifestaciones del poder de Dios

6 Respondió Jehová a Job desde el torbellino, y dijo:


7 Cíñete ahora como varón tus lomos;


Yo te preguntaré, y tú me responderás.


8 ¿Invalidarás tú también mi juicio?


¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?


9 ¿Tienes tú un brazo como el de Dios?


¿Y truenas con voz como la suya?


10 Adórnate ahora de majestad y de alteza,


Y vístete de honra y de hermosura.


11 Derrama el ardor de tu ira;


Mira a todo altivo, y abátelo.


12 Mira a todo soberbio, y humíllalo,


Y quebranta a los impíos en su sitio.


13 Encúbrelos a todos en el polvo,


Encierra sus rostros en la oscuridad;


14 Y yo también te confesaré


Que podrá salvarte tu diestra.


15 He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti;


Hierba come como buey.


16 He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos,


Y su vigor en los músculos de su vientre.


17 Su cola mueve como un cedro,


Y los nervios de sus muslos están entretejidos.


18 Sus huesos son fuertes como bronce,


Y sus miembros como barras de hierro.


19 Él es el principio de los caminos de Dios;


El que lo hizo, puede hacer que su espada a él se acerque.


20 Ciertamente los montes producen hierba para él;


Y toda bestia del campo retoza allá.


21 Se echará debajo de las sombras,


En lo oculto de las cañas y de los lugares húmedos.


22 Los árboles sombríos lo cubren con su sombra;


Los sauces del arroyo lo rodean.


23 He aquí, sale de madre el río, pero él no se inmuta;


Tranquilo está, aunque todo un Jordán se estrelle contra su boca.


24 ¿Lo tomará alguno cuando está vigilante,


Y horadará su nariz?


Comentario del Capitulo






Capítulo 25—El llamamiento de Isaías


El largo reinado de Uzías [también llamado Azarías] en la tierra de Judá y de Benjamín fué caracterizado por una prosperidad mayor que la conocida bajo cualquier otro gobernante desde la muerte de Salomón, casi dos siglos antes. Durante muchos años el rey gobernó con discreción. Gracias a la bendición del Cielo, sus ejércitos recobraron parte del territorio que se había perdido en años anteriores. Se reedificaron y fortificaron ciudades, y quedó muy fortalecida la posición de la nación entre los pueblos circundantes. El comercio revivió y afluyeron a Jerusalén las riquezas de las naciones. La fama de Uzías “se extendió lejos, porque se ayudó maravillosamente, hasta hacerse fuerte.” 2 Crónicas 26:15.


Sin embargo, esta prosperidad exterior no fué acompañada por el correspondiente reavivamiento del poder espiritual. Los servicios del templo continuaban como en años anteriores y las multitudes se congregaban para adorar al Dios viviente; pero el orgullo y el formalismo reemplazaban gradualmente la humildad y la sinceridad. Acerca de Uzías mismo hallamos escrito: “Cuando fué fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse; porque se rebeló contra Jehová su Dios.”


El pecado que tuvo resultados tan desastrosos para Uzías fué un acto de presunción. Violando una clara orden de Jehová, de que ninguno sino los descendientes de Aarón debía oficiar como sacerdote, el rey entró en el santuario “para quemar sahumerios en el altar.” El sumo sacerdote Azarías y sus compañeros protestaron y le suplicaron que se desviara de su propósito. Le dijeron: “Has prevaricado, y no te será para gloria.” Vers. 16, 18.









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