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Sábado 3 de Agosto de 2024.

  • Foto del escritor: Amado V FV
    Amado V FV
  • 3 ago 2024
  • 5 Min. de lectura

Mateo 4 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.



Tentación de Jesús

(Mr. 1.12-13; Lc. 4.1-13)

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. 2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. 5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:


A sus ángeles mandará acerca de ti,y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.


7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.


Jesús principia su ministerio

(Mr. 1.14-20; Lc. 4.14-15; 5.1-11; 6.17-19)

12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; 13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, 14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:


15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

Camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles;


16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;

Y a los asentados en región de sombra de muerte,

Luz les resplandeció.


17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. 21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.


23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. 25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.




Comentario del Capitulo




Capítulo 51 “La luz de la vida”


Entonces le preguntaron otra vez: “¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” Procuraron confundirlo con muchas palabras, a fin de que él se juzgase engañado. Satanás y sus ángeles malos estaban de parte de los fariseos, y unían sus fuerzas y argucias al razonamiento de los hombres a fin de contrarrestar la influencia de Cristo. Embotaron las convicciones hondamente arraigadas en muchas mentes. Los ángeles de Dios también estaban presentes para fortalecer al hombre cuya vista había sido restaurada. DTG 439.3

Los fariseos no comprendían que estaban tratando más que con un hombre inculto que había nacido ciego; no conocían a Aquel con quien estaban en controversia. La luz divina brillaba en las cámaras del alma del ciego. Mientras aquellos hipócritas procuraban hacerle descreído, Dios le ayudó a demostrar, por el vigor y la agudeza de sus respuestas, que no había de ser entrampado. Replicó: “Ya os lo he dicho, y no habéis atendido: ¿por qué lo queréis otra vez oír? ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le ultrajaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios: mas éste no sabemos de dónde es.” DTG 439.4

El Señor Jesús conocía la prueba por la cual estaba pasando el hombre, y le dió gracia y palabras, de modo que llegó a ser un testigo por Cristo. Respondió a los fariseos con palabras que eran una hiriente censura a sus preguntas. Aseveraban ser los expositores de las Escrituras y los guías religiosos de la nación; sin embargo, había allí Uno que hacía milagros, y ellos confesaban ignorar tanto la fuente de su poder, como su carácter y pretensiones. “Por cierto, maravillosa cosa es ésta—dijo el hombre,—que vosotros no sabéis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a éste oye. Desde el siglo no fué oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego. Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.” DTG 439.5

El hombre había hecho frente a sus inquisidores en su propio terreno. Su razonamiento era incontestable. Los fariseos estaban atónitos y enmudecieron, hechizados ante sus palabras penetrantes y resueltas. Durante un breve momento guardaron silencio. Luego esos ceñudos sacerdotes y rabinos recogieron sus mantos, como si hubiesen temido contaminarse por el trato con él, sacudieron el polvo de sus pies, y lanzaron denuncias contra él: “En pecados eres nacido todo, ¿y tú nos enseñas?” Y le excomulgaron. DTG 440.1

Jesús se enteró de lo hecho; y hallándolo poco después, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” DTG 440.2

Por primera vez el ciego miraba el rostro de Aquel que le sanara. Delante del concilio había visto a sus padres turbados y perplejos; había mirado los ceñudos rostros de los rabinos; ahora sus ojos descansaban en el amoroso y pacífico semblante de Jesús. Antes de eso, a gran costo para él, le había reconocido como delegado del poder divino; ahora se le concedió una revelación mayor. DTG 440.3

A la pregunta del Salvador: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” el ciego respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?” Y Jesús dijo: “Y le has visto, y el que habla contigo, él es.” El hombre se arrojó a los pies del Salvador para adorarle. No solamente había recibido la vista natural, sino que habían sido abiertos los ojos de su entendimiento. Cristo había sido revelado a su alma, y le recibió como el Enviado de Dios. DTG 440.4

Había un grupo de fariseos reunido cerca, y el verlos trajo a la mente de Jesús el contraste que siempre se manifestaba en el efecto de sus obras y palabras. Dijo: “Yo, para juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.” Cristo había venido para abrir los ojos ciegos, para dar luz a los que moran en tinieblas. Había declarado ser la luz del mundo, y el milagro que acababa de realizar era un testimonio de su misión. El pueblo que contempló al Salvador en su venida fué favorecido con una manifestación más abundante de la presencia divina que la que el mundo jamás había gozado antes. El conocimiento de Dios fué revelado más perfectamente. Pero por esta misma revelación, los hombres fueron juzgados. Su carácter fué probado, y determinado su destino. DTG 440.5


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