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Viernes 14 de Agosto de 2026.

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Salmos 7 (RVR1960) Profetas y Reyes



Plegaria pidiendo vindicación

Sigaión de David, que cantó a Jehová acerca de las palabras de Cus hijo de Benjamín.

1 Jehová Dios mío, en ti he confiado;


Sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame,


2 No sea que desgarren mi alma cual león,


Y me destrocen sin que haya quien me libre.


3 Jehová Dios mío, si yo he hecho esto,


Si hay en mis manos iniquidad;


4 Si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo


(Antes he libertado al que sin causa era mi enemigo),


5 Persiga el enemigo mi alma, y alcáncela;


Huelle en tierra mi vida,


Y mi honra ponga en el polvo. Selah


6 Levántate, oh Jehová, en tu ira;


Álzate en contra de la furia de mis angustiadores,


Y despierta en favor mío el juicio que mandaste.


7 Te rodeará congregación de pueblos,


Y sobre ella vuélvete a sentar en alto.


8 Jehová juzgará a los pueblos;


Júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia,


Y conforme a mi integridad.


9 Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo;


Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón.


10 Mi escudo está en Dios,


Que salva a los rectos de corazón.


11 Dios es juez justo,


Y Dios está airado contra el impío todos los días.


12 Si no se arrepiente, él afilará su espada;


Armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.


13 Asimismo ha preparado armas de muerte,


Y ha labrado saetas ardientes.


14 He aquí, el impío concibió maldad,


Se preñó de iniquidad,


Y dio a luz engaño.


15 Pozo ha cavado, y lo ha ahondado;


Y en el hoyo que hizo caerá.


16 Su iniquidad volverá sobre su cabeza,


Y su agravio caerá sobre su propia coronilla.


17 Alabaré a Jehová conforme a su justicia,


Y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo.


Comentario del Capitulo






Capítulo 26—“He ahí a vuestro Dios”


No escuches al enemigo cuando te sugiere que te mantengas alejado de Cristo hasta que hayas mejorado; hasta que seas bastante bueno para allegarte a Dios. Si aguardas hasta entonces, no te acercarás nunca a él. Cuando Satanás te señale tus vestiduras inmundas, repite la promesa del Salvador: “Al que a mí viene, no le echo fuera.” Juan 6:37. Di al enemigo que la sangre de Cristo te limpia de todo pecado. Haz tuya la oración de David: “Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.” Salmos 51:7.


Las exhortaciones dirigidas por el profeta a Judá para que contemplase al Dios viviente y aceptase sus ofrecimientos misericordiosos, no fueron vanas. Hubo algunos que le escucharon con fervor, y se apartaron de sus ídolos para adorar a Jehová. Aprendieron a ver amor, misericordia y tierna compasión en su Hacedor. Y en los días sombríos que iban a presentarse en la historia de Judá, cuando sólo quedaría un residuo en la tierra, las palabras del profeta iban a continuar dando fruto en una reforma decidida. Declaró Isaías: “En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel. Y no mirará a los altares que hicieron sus manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los bosques, ni a las imágenes del sol.” Isaías 17:7, 8.










Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







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