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Viernes 17 de Julio de 2026.

  • hace 3 días
  • 4 min de lectura

Job 21 (RVR1960) Profetas y Reyes



Job afirma que los malos prosperan

1 Entonces respondió Job, y dijo:


2 Oíd atentamente mi palabra,


Y sea esto el consuelo que me deis.


3 Toleradme, y yo hablaré;


Y después que haya hablado, escarneced.


4 ¿Acaso me quejo yo de algún hombre?


¿Y por qué no se ha de angustiar mi espíritu?


5 Miradme, y espantaos,


Y poned la mano sobre la boca.


6 Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro,


Y el temblor estremece mi carne.


7 ¿Por qué viven los impíos,


Y se envejecen, y aun crecen en riquezas?


8 Su descendencia se robustece a su vista,


Y sus renuevos están delante de sus ojos.


9 Sus casas están a salvo de temor,


Ni viene azote de Dios sobre ellos.


10 Sus toros engendran, y no fallan;


Paren sus vacas, y no malogran su cría.


11 Salen sus pequeñuelos como manada,


Y sus hijos andan saltando.


12 Al son de tamboril y de cítara saltan,


Y se regocijan al son de la flauta.


13 Pasan sus días en prosperidad,


Y en paz descienden al Seol.


14 Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros,


Porque no queremos el conocimiento de tus caminos.


15 ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos?


¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él?


16 He aquí que su bien no está en mano de ellos;


El consejo de los impíos lejos esté de mí.


17 ¡Oh, cuántas veces la lámpara de los impíos es apagada,


Y viene sobre ellos su quebranto,


Y Dios en su ira les reparte dolores!


18 Serán como la paja delante del viento,


Y como el tamo que arrebata el torbellino.


19 Dios guardará para los hijos de ellos su violencia;


Le dará su pago, para que conozca.


20 Verán sus ojos su quebranto,


Y beberá de la ira del Todopoderoso.


21 Porque ¿qué deleite tendrá él de su casa después de sí,


Siendo cortado el número de sus meses?


22 ¿Enseñará alguien a Dios sabiduría,


Juzgando él a los que están elevados?


23 Este morirá en el vigor de su hermosura, todo quieto y pacífico;


24 Sus vasijas estarán llenas de leche,


Y sus huesos serán regados de tuétano.


25 Y este otro morirá en amargura de ánimo,


Y sin haber comido jamás con gusto.


26 Igualmente yacerán ellos en el polvo,


Y gusanos los cubrirán.


27 He aquí, yo conozco vuestros pensamientos,


Y las imaginaciones que contra mí forjáis.


28 Porque decís: ¿Qué hay de la casa del príncipe,


Y qué de la tienda de las moradas de los impíos?


29 ¿No habéis preguntado a los que pasan por los caminos,


Y no habéis conocido su respuesta,


30 Que el malo es preservado en el día de la destrucción?


Guardado será en el día de la ira.


31 ¿Quién le denunciará en su cara su camino?


Y de lo que él hizo, ¿quién le dará el pago?


32 Porque llevado será a los sepulcros,


Y sobre su túmulo estarán velando.


33 Los terrones del valle le serán dulces;


Tras de él será llevado todo hombre,


Y antes de él han ido innumerables.


34 ¿Cómo, pues, me consoláis en vano,


Viniendo a parar vuestras respuestas en falacia?


Comentario del Capitulo






Capítulo 20—Naamán


Con el transcurso de los años, el siervo de Eliseo, Giezi, había tenido oportunidad de desarrollar el mismo espíritu de abnegación que caracterizaba la obra de su amo. Había tenido el privilegio de llegar a ser noble portaestandarte en el ejército del Señor. Durante mucho tiempo habían estado a su alcance los mejores dones del Cielo; y sin embargo, apartándose de ellos, había codiciado en su lugar el vil metal de las riquezas mundanales. Y ahora los anhelos ocultos de su espíritu avariento le indujeron a ceder a la tentación abrumadora. Razonó: “He aquí mi señor estorbó a este Siro Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído... Correré yo tras él, y tomaré de él alguna cosa.” Y así fué como en secreto “siguió Giezi a Naamán.”


“Y como le vió Naamán que venía corriendo tras él, apeóse del carro para recibirle, y dijo: ¿Va bien?” Entonces Giezi mintió deliberadamente. Dijo: “Mi señor me envía a decir: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Ephraim dos mancebos de los hijos de los profetas: ruégote que les des un talento de plata, y sendas mudas de vestidos.” Gustosamente Naamán accedió a dar lo pedido, insistiendo en que Giezi recibiese dos talentos de plata en vez de uno, “y dos mudas de vestidos,” y envió a sus siervos para que transportasen ese tesoro.


Al acercarse a la casa de Eliseo, Giezi despidió a los criados y ocultó la plata y las prendas de ropa. Hecho esto, “entró, y púsose delante de su señor;” para evitar una censura, profirió una segunda mentira. En respuesta a la pregunta del profeta: “¿De dónde vienes?” Giezi contestó: “Tu siervo no ha ido a ninguna parte.”


La denuncia severa que oyó entonces demostró que Eliseo lo sabía todo. Preguntó: “¿No fué también mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? La lepra de Naamán se te pegará a ti, y a tu simiente para siempre.” La retribución alcanzó prestamente al culpable. Salió de la presencia de Eliseo “leproso, blanco como la nieve.”








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