Viernes 2 de Agosto 2024.
- Amado V FV
- 2 ago 2024
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Mateo 3 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
Predicación de Juan el Bautista
(Mr. 1.1-8; Lc. 3.1-9,15-17; Jn. 1.19-28)
1 En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3 Pues este es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
Enderezad sus sendas.
4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre. 5 Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, 6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.
7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, 9 y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. 10 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 12 Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
El bautismo de Jesús
(Mr. 1.9-11; Lc. 3.21-22)
13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. 14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. 16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. 17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
Comentario del Capitulo

Capítulo 51 “La luz de la vida”
Los vecinos del joven y los que le habían conocido ciego dijeron: “¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?” Le miraban con duda; pues sus ojos estaban abiertos, su semblante cambiado y alegre, y parecía ser otro hombre. La pregunta pasaba de uno a otro. Algunos decían: “Este es;” otros: “A él se parece.” Pero el que había recibido la gran bendición decidió la cuestión diciendo: “Yo soy.” Entonces les habló de Jesús y de la manera en que él había sido sanado, y ellos le preguntaron: “¿Dónde está aquél? El dijo: No sé.” DTG 437.3
Entonces le llevaron ante el concilio de los fariseos. Nuevamente se le preguntó al hombre cómo había recibido la vista. “Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. Entonces unos de los fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado.” Los fariseos esperaban hacer aparecer a Jesús como pecador, y que por lo tanto no era el Mesías. No sabían que el que había sanado al ciego había hecho el sábado y conocía todas sus obligaciones. Aparentaban tener admirable celo por la observancia del día de reposo, pero en ese mismo día estaban planeando un homicidio. Sin embargo, al enterarse de este milagro muchos quedaron muy impresionados y convencidos de que Aquel que había abierto los ojos del ciego era más que un hombre común. En respuesta al cargo de que Jesús era pecador porque no guardaba el sábado, dijeron: “¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales?” DTG 437.4
Los rabinos volvieron a dirigirse al ciego: “¿Tú, qué dices del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.” Los fariseos aseguraron entonces que no había nacido ciego ni recibido la vista. Llamaron a sus padres, y les preguntaron, diciendo: “¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego?” DTG 438.1
Allí estaba el hombre mismo declarando que había sido ciego y que se le había dado la vista; pero los fariseos preferían negar la evidencia de sus propios sentidos antes que admitir que estaban en el error. Tan poderoso es el prejuicio, tan torcida es la justicia farisaica. DTG 438.2
A los fariseos les quedaba una esperanza, la de intimidar a los padres del hombre. Con aparente sinceridad, preguntaron: “¿Cómo, pues, ve ahora?” Los padres temieron comprometerse, porque se había declarado que cualquiera que reconociese a Jesús como el Cristo, fuese echado “de la sinagoga;” es decir, excluído de la sinagoga por treinta días. Durante ese tiempo ningún hijo sería circuncidado o ningún muerto sería lamentado en el hogar ofensor. La sentencia era considerada como una gran calamidad; y si no mediaba arrepentimiento, era seguida por una pena mucho mayor. La obra realizada en favor de su hijo había convencido a los padres; sin embargo respondieron: “Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego: mas cómo vea ahora, no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él tiene edad, preguntadle a él, él hablará de sí.” Así transfirieron toda la responsabilidad a su hijo; porque no se atrevían a confesar a Cristo. DTG 438.3
El dilema en el cual fueron puestos los fariseos, sus dudas y prejuicios, su incredulidad en los hechos del caso, fueron revelados a la multitud, especialmente al pueblo común. Jesús había realizado frecuentemente sus milagros en plena calle, y sus obras servían siempre para aliviar el sufrimiento. La pregunta que estaba en muchas mentes era: ¿Haría Dios esas obras poderosas mediante un impostor como afirmaban los fariseos que era Jesús? La discusión se había vuelto encarnizada por ambas partes. DTG 438.4
Los fariseos veían que estaban dando publicidad a la obra hecha por Jesús. No podían negar el milagro. El ciego rebosaba gozo y gratitud; contemplaba las maravillas de la naturaleza y se llenaba de deleite ante la hermosura de la tierra y del cielo. Relataba libremente su caso y otra vez ellos trataron de imponerle silencio, diciendo: “Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador.” Es decir: No repitas que este hombre te dió la vista; es Dios quien lo ha hecho. DTG 439.1
El ciego respondió: “Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.” DTG 439.2
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