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Viernes 23 de Octubre de 2026.

hace 1 hora
4 min de lectura

Salmo 77 (RVR1960) Profetas y Reyes



Meditación sobre los hechos poderosos de Dios

Al músico principal; para Jedutún. Salmo de Asaf.

1 Con mi voz clamé a Dios,


A Dios clamé, y él me escuchará.


2 Al Señor busqué en el día de mi angustia;


Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso;


Mi alma rehusaba consuelo.


3 Me acordaba de Dios, y me conmovía;


Me quejaba, y desmayaba mi espíritu. Selah


4 No me dejabas pegar los ojos;


Estaba yo quebrantado, y no hablaba.


5 Consideraba los días desde el principio,


Los años de los siglos.


6 Me acordaba de mis cánticos de noche;


Meditaba en mi corazón,


Y mi espíritu inquiría:


7 ¿Desechará el Señor para siempre,


Y no volverá más a sernos propicio?


8 ¿Ha cesado para siempre su misericordia?


¿Se ha acabado perpetuamente su promesa?


9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia?


¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah


10 Dije: Enfermedad mía es esta;


Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo.


11 Me acordaré de las obras de JAH;


Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.


12 Meditaré en todas tus obras,


Y hablaré de tus hechos.


13 Oh Dios, santo es tu camino;


¿Qué dios es grande como nuestro Dios?


14 Tú eres el Dios que hace maravillas;


Hiciste notorio en los pueblos tu poder.


15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo,


A los hijos de Jacob y de José. Selah


16 Te vieron las aguas, oh Dios;


Las aguas te vieron, y temieron;


Los abismos también se estremecieron.


17 Las nubes echaron inundaciones de aguas;


Tronaron los cielos,


Y discurrieron tus rayos.


18 La voz de tu trueno estaba en el torbellino;


Tus relámpagos alumbraron el mundo;


Se estremeció y tembló la tierra.


19 En el mar fue tu camino,


Y tus sendas en las muchas aguas;


Y tus pisadas no fueron conocidas.


20 Condujiste a tu pueblo como ovejas


Por mano de Moisés y de Aarón.


Comentario del Capitulo





Capítulo 42—La verdadera grandeza


Cuando Daniel, en respuesta a la convocación real, estuvo en presencia del rey, Nabucodonosor le dijo: “Beltsasar, príncipe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, exprésame las visiones de mi sueño que he visto, y su declaración.” Después de relatar el sueño, Nabucodonosor dijo: “Tú pues, Beltsasar, dirás la declaración de él, porque todos los sabios de mi reino nunca pudieron mostrarme su interpretación: mas tú puedes, porque hay en ti espíritu de los dioses santos.”


Para Daniel el significado del sueño era claro, y le alarmó. “Estuvo callando casi una hora, y sus pensamientos lo espantaban.” Viendo la vacilación y la angustia de Daniel, el rey expresó su simpatía hacia su siervo. Dijo: “Beltsasar, el sueño ni su declaración no te espante.”


Daniel contestó: “Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su declaración para los que mal te quieren.” El profeta comprendía que Dios le imponía el deber de revelar a Nabucodonosor el castigo que iba a caer sobre él por causa de su orgullo y arrogancia. Daniel debía interpretar el sueño en un lenguaje que el rey pudiese comprender; y aunque su terrible significado le había hecho vacilar en mudo asombro, sabía que debía declarar la verdad, cualesquiera que fuesen las consecuencias para sí.


Entonces Daniel dió a conocer el mandato del Todopoderoso. Dijo: “El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y que su altura llegaba hasta el cielo, y su vista por toda la tierra; y cuya copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él; debajo del cual moraban las bestias del campo, y en sus ramas habitaban las aves del cielo, tú mismo eres, oh rey, que creciste, y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza, y ha llegado hasta el cielo, y tu señorío hasta el cabo de la tierra.


“Y cuanto a lo que vió el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo, y decía: Cortad el árbol y destruidlo: mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de metal en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte sea con las bestias del campo, hasta que pasen sobre él siete tiempos: esta es la declaración, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre el rey mi señor: que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que entiendas que el Altísimo se enseñorea en el reino de los hombres, y que a quien él quisiere lo dará. Y lo que dijeron, que dejasen en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino se te quedará firme, luego que entiendas que el señorío es en los cielos.”


Habiendo interpretado fielmente el sueño, Daniel rogó al orgulloso monarca que se arrepintiese y se volviese a Dios, para que haciendo el bien evitase la calamidad que le amenazaba. Suplicó el profeta: “Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.”


Por un tiempo la impresión que habían hecho la amonestación y el consejo del profeta fué profunda en el ánimo de Nabucodonosor; pero el corazón que no ha sido transformado por la gracia de Dios no tarda en perder las impresiones del Espíritu Santo. La complacencia propia y la ambición no habían sido desarraigadas todavía del corazón del rey, y más tarde volvieron a aparecer. A pesar de las instrucciones que le fueron dadas tan misericordiosamente, y a pesar de las advertencias que representaban las cosas que le habían sucedido antes, Nabucodonosor volvió a dejarse dominar por un espíritu de celos contra los reinos que iban a seguir. Su gobierno, que hasta entonces había sido en buena medida justo y misericordioso, se volvió opresivo. Endureciendo su corazón, usó los talentos que Dios le había dado para glorificarse a sí mismo, y para ensalzarse sobre el Dios que le había dado la vida y el poder.









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