Viernes 3 de Julio de 2026.
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Job 7 (RVR1960) Profetas y Reyes
Job argumenta contra Dios
1 ¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra,
Y sus días como los días del jornalero?
2 Como el siervo suspira por la sombra,
Y como el jornalero espera el reposo de su trabajo,
3 Así he recibido meses de calamidad,
Y noches de trabajo me dieron por cuenta.
4 Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré?
Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.
5 Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo;
Mi piel hendida y abominable.
6 Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor,
Y fenecieron sin esperanza.
7 Acuérdate que mi vida es un soplo,
Y que mis ojos no volverán a ver el bien.
8 Los ojos de los que me ven, no me verán más;
Fijarás en mí tus ojos, y dejaré de ser.
9 Como la nube se desvanece y se va,
Así el que desciende al Seol no subirá;
10 No volverá más a su casa,
Ni su lugar le conocerá más.
11 Por tanto, no refrenaré mi boca;
Hablaré en la angustia de mi espíritu,
Y me quejaré con la amargura de mi alma.
12 ¿Soy yo el mar, o un monstruo marino,
Para que me pongas guarda?
13 Cuando digo: Me consolará mi lecho,
Mi cama atenuará mis quejas;
14 Entonces me asustas con sueños,
Y me aterras con visiones.
15 Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación,
Y quiso la muerte más que mis huesos.
16 Abomino de mi vida; no he de vivir para siempre;
Déjame, pues, porque mis días son vanidad.
17 ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas,
Y para que pongas sobre él tu corazón,
18 Y lo visites todas las mañanas,
Y todos los momentos lo pruebes?
19 ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada,
Y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?
20 Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres?
¿Por qué me pones por blanco tuyo,
Hasta convertirme en una carga para mí mismo?
21 ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad?
Porque ahora dormiré en el polvo,
Y si me buscares de mañana, ya no existiré.
Comentario del Capitulo

Capítulo 17—El llamamiento de Eliseo
El corazón de Elías quedó alentado al ver él lo que lograban esas escuelas. La obra de reforma no había terminado, pero en todo el reino podía verse que se verificaba la palabra del Señor: “Y yo haré que queden en Israel siete mil; todas rodillas que no se encorvaron a Baal.” 1 Reyes 19:18.
Mientras Eliseo acompañaba al profeta en su jira de servicio de una escuela a la otra, su fe y su resolución fueron probadas una vez más. En Gilgal y también en Betel y en Jericó, el profeta le invitó a que se volviera atrás. Dijo Elías: “Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Beth-el.” Pero en su tarea anterior, al guiar el arado, Eliseo había aprendido a no cejar ni a desalentarse; y ahora que había puesto la mano al arado en otro ramo del deber, no iba a dejarse desviar de su propósito. No quería separarse de su maestro mientras hubiese oportunidad de adquirir mayor preparación para servir. Aunque Elías no lo sabía, la revelación de que iba a ser trasladado había sido comunicada a sus discípulos en las escuelas de los profetas, y en particular a Eliseo. De manera que el probado siervo del hombre de Dios se mantuvo a su lado. Cada vez que le invitó a regresar, dió esta respuesta: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.”
“Fueron pues ambos a dos... Y ellos dos se pararon junto al Jordán. Tomando entonces Elías su manto, doblólo e hirió las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos en seco. Y como hubieron pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieres que haga por ti, antes que sea quitado de contigo.”
Eliseo no solicitó honores mundanales ni algún puesto elevado entre los grandes de la tierra. Lo que él anhelaba era una gran medida del Espíritu que Dios había otorgado tan liberalmente al que estaba a punto de ser honrado por la traslación. Sabía que nada que no fuese el Espíritu que había descansado sobre Elías podría hacerle idóneo para ocupar en Israel el lugar al cual Dios le había llamado; de modo que pidió: “Ruégote que tenga yo ... una doble porción de tu espíritu.” (V.M.)
En respuesta a esta petición, Elías dijo: “Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será así hecho; mas si no, no. Y aconteció que, yendo ellos hablando, he aquí, un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos: y Elías subió al cielo en un torbellino.” 2 Reyes 2:1-11.
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