Domingo 1 de Noviembre de 2026.
hace 2 horas
4 min de lectura
Salmo 86 (RVR1960) Profetas y Reyes
Oración pidiendo la continuada misericordia de Dios
Oración de David.
1 Inclina, oh Jehová, tu oído, y escúchame,
Porque estoy afligido y menesteroso.
2 Guarda mi alma, porque soy piadoso;
Salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía.
3 Ten misericordia de mí, oh Jehová;
Porque a ti clamo todo el día.
4 Alegra el alma de tu siervo,
Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma.
5 Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador,
Y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
6 Escucha, oh Jehová, mi oración,
Y está atento a la voz de mis ruegos.
7 En el día de mi angustia te llamaré,
Porque tú me respondes.
8 Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses,
Ni obras que igualen tus obras.
9 Todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán delante de ti, Señor,
Y glorificarán tu nombre.
10 Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas;
Solo tú eres Dios.
11 Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad;
Afirma mi corazón para que tema tu nombre.
12 Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón,
Y glorificaré tu nombre para siempre.
13 Porque tu misericordia es grande para conmigo,
Y has librado mi alma de las profundidades del Seol.
14 Oh Dios, los soberbios se levantaron contra mí,
Y conspiración de violentos ha buscado mi vida,
Y no te pusieron delante de sí.
15 Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente,
Lento para la ira, y grande en misericordia y verdad,
16 Mírame, y ten misericordia de mí;
Da tu poder a tu siervo,
Y guarda al hijo de tu sierva.
17 Haz conmigo señal para bien,
Y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados;
Porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste.
Comentario del Capitulo

Capítulo 44—En el foso de los leones
Este capítulo está basado en Daniel 6.
Cuando Darío el Medo subió al trono antes ocupado por los gobernantes babilónicos, procedió inmediatamente a reorganizar el gobierno. Decidió “constituir sobre el reino ciento veinte gobernadores,... y sobre ellos tres presidentes, de los cuales Daniel era el uno, a quienes estos gobernadores diesen cuenta, porque el rey no recibiese daño. Pero el mismo Daniel era superior a estos gobernadores y presidentes, porque había en él más abundancia de espíritu: y el rey pensaba de ponerlo sobre todo el reino.”
Los honores otorgados a Daniel despertaron los celos de los principales del reino, y buscaron ocasión de quejarse contra él; pero no pudieron hallar motivo para ello, “porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fué en él hallado.”
La conducta intachable de Daniel excitó aún más los celos de sus enemigos. Se vieron obligados a reconocer: “No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna, si no la hallamos contra él en la ley de su Dios.”
Por lo tanto, los presidentes y príncipes, consultándose, idearon un plan por el cual esperaban lograr la destrucción del profeta. Resolvieron pedir al rey que firmase un decreto que ellos iban a preparar, en el cual se prohibiría a cualquier persona del reino que por treinta días pidiese algo a Dios o a los hombres, excepto al rey Darío. La violación de este decreto se castigaría arrojando al culpable en el foso de los leones.
Por consiguiente, los príncipes prepararon un decreto tal, y lo presentaron a Darío para que lo firmara. Apelando a su vanidad, le convencieron de que el cumplimiento de este edicto acrecentaría grandemente su honor y autoridad. Como no conocía el propósito sutil de los príncipes, el rey no discernió la animosidad que había en el decreto, y cediendo a sus adulaciones, lo firmó.
Los enemigos de Daniel salieron de la presencia de Darío regocijándose por la trampa que estaba ahora bien preparada para el siervo de Jehová. En la conspiración así tramada, Satanás había desempeñado un papel importante. El profeta ocupaba un puesto de mucha autoridad en el reino, y los malos ángeles temían que su influencia debilitase el dominio que ejercían sobre sus gobernantes. Esos agentes satánicos eran los que habían movido los príncipes a envidia; eran los que habían inspirado el plan para destruir a Daniel; y los príncipes, prestándose a ser instrumentos del mal, lo pusieron en práctica.
Los enemigos del profeta contaban con la firme adhesión de Daniel a los buenos principios para que su plan tuviese éxito. Y no se habían equivocado en su manera de estimar su carácter. El reconoció prestamente el propósito maligno que habían tenido al fraguar el decreto, pero no cambió su conducta en un solo detalle. ¿Por qué dejaría de orar ahora, cuando más necesitaba hacerlo? Antes renunciaría a la vida misma que a la esperanza de ayuda que hallaba en Dios. Cumplía con calma sus deberes como presidente de los príncipes; y a la hora de la oración entraba en su cámara, y con las ventanas abiertas hacia Jerusalén, según su costumbre, ofrecía su petición al Dios del cielo. No procuraba ocultar su acto. Aunque conocía muy bien las consecuencias que tendría su fidelidad a Dios, su ánimo no vaciló. No permitiría que aquellos que maquinaban su ruina pudieran ver siquiera la menor apariencia de que su relación con el Cielo se hubiese cortado. En todos los casos en los cuales el rey tuviese derecho a ordenar, Daniel le obedecería; pero ni el rey ni su decreto podían desviarle de su lealtad al Rey de reyes.
Así declaró el profeta con osadía serena y humilde que ninguna potencia terrenal tiene derecho a interponerse entre el alma y Dios. Rodeado de idólatras, atestiguó fielmente esta verdad. Su adhesión indómita a lo recto fué una luz que brilló en las tinieblas morales de aquella corte pagana. Daniel se destaca hoy ante el mundo como digno ejemplo de intrepidez y fidelidad cristianas.
Durante todo un día los príncipes vigilaron a Daniel. Tres veces le vieron ir a su cámara, y tres veces oyeron su voz elevarse en ferviente intercesión para con Dios. A la mañana siguiente, presentaron su queja al rey. Daniel, su estadista más honrado y fiel, había desafiado el decreto real. Recordaron al rey: “¿No has confirmado edicto que cualquiera que pidiere a cualquier dios u hombre en el espacio de treinta días, excepto a ti, oh rey, fuese echado en el foso de los leones?”
Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.






