Domingo 14 de Julio de 2024.
- Amado V FV
- 14 jul 2024
- 4 Min. de lectura
Zacarías 2 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
Llamamiento a los cautivos
1 Alcé después mis ojos y miré, y he aquí un varón que tenía en su mano un cordel de medir. 2 Y le dije: ¿A dónde vas? Y él me respondió: A medir a Jerusalén, para ver cuánta es su anchura, y cuánta su longitud. 3 Y he aquí, salía aquel ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro, 4 y le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella. 5 Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de ella.
6 Eh, eh, huid de la tierra del norte, dice Jehová, pues por los cuatro vientos de los cielos os esparcí, dice Jehová. 7 Oh Sion, la que moras con la hija de Babilonia, escápate. 8 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo. 9 Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió. 10 Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. 11 Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti. 12 Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén.
13 Calle toda carne delante de Jehová; porque él se ha levantado de su santa morada.
Comentario del Capitulo

Capítulo 47-48 “Nada os será imposible”
Este capítulo está basado en Mateo 17:9-21; Marcos 9:9-29; Lucas 9:37-45.
Después de haber pasado toda la noche en el monte, a la salida del sol Jesús y sus discípulos descendieron a la llanura. Absortos en sus pensamientos, los discípulos marchaban asombrados y en silencio. Pedro mismo no tenía una palabra que decir. Gustosamente habrían permanecido en aquel santo lugar que había sido tocado por la luz del cielo, y donde el Hijo de Dios había manifestado su gloria; pero había que trabajar para el pueblo, que ya estaba buscando a Jesús desde lejos y cerca.
Al pie de la montaña se había reunido una gran compañía conducida allí por los discípulos que habían quedado atrás, pero que sabían adónde se había dirigido Jesús. Al acercarse el Salvador, encargó a sus tres compañeros que guardasen silencio acerca de lo que habían presenciado, diciendo: “No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.” La revelación hecha a los discípulos había de ser meditada en su corazón y no divulgada. El relatarla a las multitudes no habría hecho sino excitar el ridículo o la ociosa admiración. Y ni aun los nueve apóstoles iban a comprender la escena hasta después que Cristo hubiese resucitado de los muertos. Cuán lentos de comprensión eran los mismos tres discípulos favorecidos, puede verse en el hecho de que, a pesar de todo lo que Cristo había dicho acerca de lo que le esperaba, se preguntaban entre sí lo que significaría el resucitar de entre los muertos. Sin embargo, no pidieron explicación a Jesús. Sus palabras acerca del futuro los habían llenado de tristeza; no buscaron otra revelación concerniente a aquello que preferían creer que nunca acontecería.
Al divisar a Jesús, la gente que estaba en la llanura corrió a su encuentro, saludándole con expresiones de reverencia y gozo. Sin embargo, su ojo avizor discernió que estaban en gran perplejidad. Los discípulos parecían turbados. Acababa de ocurrir una circunstancia que les había ocasionado amargo chasco y humillación.
Mientras estaban esperando al pie de la montaña, un padre les había traído a su hijo para que lo librasen de un espíritu mudo que le atormentaba. Cuando Jesús mandó a los doce a predicar por Galilea, les había conferido autoridad sobre los espíritus inmundos para poder echarlos. Mientras conservaron firme su fe, los malos espíritus habían obedecido sus palabras. Ahora, en el nombre de Cristo, ordenaron al espíritu torturador que dejase a su víctima, pero el demonio no había hecho sino burlarse de ellos mediante un nuevo despliegue de su poder. Los discípulos, incapaces de explicarse su derrota, sentían que estaban atrayendo deshonor sobre sí mismos y su Maestro. Y en la muchedumbre había escribas que sacaban partido de esa oportunidad para humillarlos. Agolpándose en derredor de los discípulos, los acosaban con preguntas, tratando de demostrar que ellos y su Maestro eran impostores. Allí había un espíritu malo que ni los discípulos ni Cristo mismo podrían vencer, declararon triunfalmente los rabinos. La gente se inclinaba a concordar con los escribas, y dominaba a la muchedumbre un sentimiento de desprecio y burla.
Pero de repente las acusaciones cesaron. Se vió a Jesús y los tres discípulos que se acercaban, y con una rápida reversión de sentimientos, la gente se volvió para recibirlos. La noche de comunión con la gloria celestial había dejado su rastro sobre el Salvador y sus compañeros. En sus semblantes, había una luz que infundía reverencia a quienes los miraban. Los escribas se retiraron temerosos, mientras que la gente daba la bienvenida a Jesús.
Como si hubiese presenciado todo lo que había ocurrido, el Salvador vino a la escena del conflicto y fijando su mirada en los escribas preguntó: “¿Qué disputáis con ellos?”
Pero las voces que antes habían sido tan atrevidas y desafiantes permanecieron ahora calladas. El silencio embargaba a todo el grupo. Entonces el padre afligido se abrió paso entre la muchedumbre, y cayendo a los pies de Jesús expresó su angustia y desaliento:
“Maestro—dijo,—traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, donde quiera que le toma, le despedaza; ... y dije a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.”
Video Capitulo completo
Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.






