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Domingo 16 de Junio de 2024.

  • Foto del escritor: Amado V FV
    Amado V FV
  • 16 jun 2024
  • 5 Min. de lectura

Amos 6 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.



Destrucción de Israel

1 ¡Ay de los reposados en Sion, y de los confiados en el monte de Samaria, los notables y principales entre las naciones, a los cuales acude la casa de Israel! 2 Pasad a Calne, y mirad; y de allí id a la gran Hamat; descended luego a Gat de los filisteos; ved si son aquellos reinos mejores que estos reinos, si su extensión es mayor que la vuestra, 3 oh vosotros que dilatáis el día malo, y acercáis la silla de iniquidad. 4 Duermen en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos; y comen los corderos del rebaño, y los novillos de en medio del engordadero; 5 gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos musicales, como David; 6 beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José. 7 Por tanto, ahora irán a la cabeza de los que van a cautividad, y se acercará el duelo de los que se entregan a los placeres.


8 Jehová el Señor juró por sí mismo, Jehová Dios de los ejércitos ha dicho: Abomino la grandeza de Jacob, y aborrezco sus palacios; y entregaré al enemigo la ciudad y cuanto hay en ella.


9 Y acontecerá que si diez hombres quedaren en una casa, morirán. 10 Y un pariente tomará a cada uno, y lo quemará para sacar los huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquel: Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová.


11 Porque he aquí, Jehová mandará, y herirá con hendiduras la casa mayor, y la casa menor con aberturas. 12 ¿Correrán los caballos por las peñas? ¿Ararán en ellas con bueyes? ¿Por qué habéis vosotros convertido el juicio en veneno, y el fruto de justicia en ajenjo? 13 Vosotros que os alegráis en nada, que decís: ¿No hemos adquirido poder con nuestra fuerza? 14 Pues he aquí, oh casa de Israel, dice Jehová Dios de los ejércitos, levantaré yo sobre vosotros a una nación que os oprimirá desde la entrada de Hamat hasta el arroyo del Arabá.


Comentario del Capitulo




Capítulo 38-39 Venid, reposad un poco

Este capítulo está basado en Mateo 14:1, 2, 12, 13; Marcos 6:30-32; Lucas 9:7-10.


Al volver de su jira misionera, “los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer.” DTG 326.1

Los discípulos vinieron a Jesús y le contaron todo. Su unión íntima con él los animaba a presentarle todos los incidentes favorables y desfavorables que les ocurrieran, la alegría que sentían al ver los resultados de sus trabajos, y el pesar que les causaban sus fracasos, faltas y debilidades. Habían cometido errores en su primera obra de evangelización, y mientras relataban francamente a Cristo lo sucedido, él vió que necesitaban muchas instrucciones. Vió también que se habían cansado en el trabajo y necesitaban reposo. DTG 326.2

Pero no podían obtener el aislamiento necesario donde se encontraban entonces; “porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer.” La gente se agolpaba en derredor de Cristo, ansiosa de ser sanada y ávida de escuchar su palabra. Muchos se sentían atraídos a él; porque les parecía ser la fuente de toda bendición. Muchos de los que se agolpaban en derredor de Cristo para recibir el precioso don de la salud, le aceptaban como su Salvador. Muchos otros, que temían entonces confesarle, a causa de los fariseos, se convirtieron cuando descendió el Espíritu Santo, y delante de sacerdotes y gobernantes airados le reconocieron como el Hijo de Dios. DTG 326.3

Pero ahora Cristo anhelaba retraimiento, a fin de poder estar con los discípulos; porque tenía mucho que decirles. En su obra, habían pasado por la prueba del conflicto y habían encontrado oposición de diversas formas. Hasta ahí habían consultado a Cristo en todo; pero durante algún tiempo habían estado solos y a veces habían estado muy angustiados en cuanto a saber qué hacer. Habían hallado mucho estímulo en su trabajo; porque Cristo no los había mandado sin su Espíritu, y por la fe en él habían realizado muchos milagros; pero ahora necesitaban alimentarse con el pan de vida. Necesitaban ir a un lugar de retraimiento, donde pudiesen estar en comunión con Jesús y recibir instrucciones para su obra futura. DTG 326.4

“Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco.” Cristo está lleno de ternura y compasión por todos los que participan en su servicio. El quería mostrar a sus discípulos que Dios no requiere sacrificio sino misericordia. Ellos habían consagrado todo su corazón a trabajar por la gente, y esto agotó su fuerza física y mental. Era su deber descansar. DTG 327.1

Al notar los discípulos cómo sus labores tenían éxito, corrían peligro de atribuirse el mérito a sí mismos, de sentir orgullo espiritual, y así caer bajo las tentaciones de Satanás. Les esperaba una gran obra, y ante todo debían aprender que su fuerza no residía en sí mismos, sino en Dios. Como Moisés en el desierto del Sinaí, como David entre las colinas de Judea, o Elías a orillas del arroyo de Carit, los discípulos necesitaban apartarse del escenario de su intensa actividad, para ponerse en comunión con Cristo, con la naturaleza y con su propio corazón. DTG 327.2

Mientras los discípulos habían estado ausentes en su jira misionera, Jesús había visitado otras aldeas y pueblos, predicando el Evangelio del reino. Fué más o menos en aquel entonces cuando recibió las nuevas de la muerte del Bautista. Este acontecimiento le presentó vívidamente el fin hacia el cual se dirigían sus propios pasos. Densas sombras se estaban acumulando sobre su senda. Los sacerdotes y rabinos estaban buscando ocasión para lograr su muerte, los espías vigilaban sus pasos, y por todas partes se multiplicaban las maquinaciones para destruirle. Habían llegado a Herodes noticias de la predicación de los apóstoles por Galilea, y ello había llamado su atención a Jesús y su obra. “Este es Juan el Bautista—decía:—él ha resucitado de los muertos,” y expresó el deseo de ver a Jesús. Herodes temía constantemente que se preparase secretamente una revolución con el objeto de destronarle y librar a la nación judía del yugo romano. Entre la gente cundía el espíritu de descontento e insurrección. Era evidente que las labores públicas de Cristo en Galilea no podían continuar por mucho tiempo. Se acercaban las escenas de sus sufrimientos, y él anhelaba apartarse por unos momentos de la confusión de la multitud. DTG 327.3

Con corazones entristecidos, los discípulos de Juan habían sepultado su cuerpo mutilado. Luego “fueron, y dieron las nuevas a Jesús.” Estos discípulos habían sentido envidia de Cristo cuando les parecía que apartaba la gente de Juan. Se habían puesto de parte de los fariseos para acusarle cuando se hallaba sentado con los publicanos en el festín de Mateo. Habían dudado de su misión divina porque no había libertado al Bautista. Pero ahora que su maestro había muerto, y anhelaban consuelo en su gran tristeza y dirección para su obra futura, vinieron a Jesús y unieron su interés con el suyo. Ellos también necesitaban momentos de tranquilidad para estar en comunión con el Salvador. DTG 328.1


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