Domingo 18 de Octubre de 2026.
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Salmo 72 (RVR1960) Profetas y Reyes
El reino de un rey justo
Para Salomón.
1 Oh Dios, da tus juicios al rey,
Y tu justicia al hijo del rey.
2 Él juzgará a tu pueblo con justicia,
Y a tus afligidos con juicio.
3 Los montes llevarán paz al pueblo,
Y los collados justicia.
4 Juzgará a los afligidos del pueblo,
Salvará a los hijos del menesteroso,
Y aplastará al opresor.
5 Te temerán mientras duren el sol
Y la luna, de generación en generación.
6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada;
Como el rocío que destila sobre la tierra.
7 Florecerá en sus días justicia,
Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.
8 Dominará de mar a mar,
Y desde el río hasta los confines de la tierra.
9 Ante él se postrarán los moradores del desierto,
Y sus enemigos lamerán el polvo.
10 Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes;
Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.
11 Todos los reyes se postrarán delante de él;
Todas las naciones le servirán.
12 Porque él librará al menesteroso que clamare,
Y al afligido que no tuviere quien le socorra.
13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso,
Y salvará la vida de los pobres.
14 De engaño y de violencia redimirá sus almas,
Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
15 Vivirá, y se le dará del oro de Sabá,
Y se orará por él continuamente;
Todo el día se le bendecirá.
16 Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes;
Su fruto hará ruido como el Líbano,
Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra.
17 Será su nombre para siempre,
Se perpetuará su nombre mientras dure el sol.
Benditas serán en él todas las naciones;
Lo llamarán bienaventurado.
18 Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel,
El único que hace maravillas.
19 Bendito su nombre glorioso para siempre,
Y toda la tierra sea llena de su gloria.
Amén y Amén.
20 Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí.
Comentario del Capitulo

Chapter 41—The Fiery Furnace
Este capítulo está basado en Daniel 3.
El sueño de la gran imagen, que presentaba a Nabucodonosor acontecimientos que llegaban hasta el fin del tiempo, le había sido dado para que comprendiese la parte que le tocaba desempeñar en la historia del mundo y la relación que su reino debía sostener con el reino del cielo. En la interpretación del sueño, se le había instruído claramente acerca del establecimiento del reino eterno de Dios. Daniel había explicado: “Y en los días de estos reyes, levantará el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá: y no será dejado a otro pueblo este reino; el cual desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre... El sueño es verdadero, y fiel su declaración.” Daniel 2:44, 45.
El rey había reconocido el poder de Dios al decir a Daniel: “Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses, ... y el descubridor de los misterios.” Vers. 47. Después de esto, Nabucodonosor sintió por un tiempo la influencia del temor de Dios; pero su corazón no había quedado limpio de ambición mundanal ni del deseo de ensalzarse a sí mismo. La prosperidad que acompañaba su reinado le llenaba de orgullo. Con el tiempo dejó de honrar a Dios, y resumió su adoración de los ídolos con mayor celo y fanatismo que antes.
Las palabras: “Tú eres aquella cabeza de oro” (Vers. 38), habían hecho una profunda impresión en la mente del gobernante. Los sabios de su reino, valiéndose de esto y de su regreso a la idolatría, le propusieron que hiciera una imagen similar a la que había visto en su sueño, y que la levantase donde todos pudiesen contemplar la cabeza de oro, que había sido interpretada como símbolo que representaba su reino.
Agradándole la halagadora sugestión, resolvió llevarla a ejecución, e ir aun más lejos. En vez de reproducir la imagen tal como la había visto, iba a superar el original. En su imagen no habría descenso de valores desde la cabeza hasta los pies, sino que se la haría por completo de oro, para que toda ella simbolizara a Babilonia como reino eterno, indestructible y todopoderoso que quebrantaría y desmenuzaría todos los demás reinos, y perduraría para siempre.
El pensamiento de afirmar el imperio y establecer una dinastía que perdurase para siempre, tenía mucha atracción para el poderoso gobernante ante cuyas armas no habían podido resistir las naciones de la tierra. Con entusiasmo nacido de la ambición ilimitada y del orgullo egoísta, consultó a sus sabios acerca de cómo ejecutar lo pensado. Olvidando las providencias notables relacionadas con el sueño de la gran imagen, y olvidando también que por medio de su siervo Daniel el Dios de Israel había aclarado el significado de la imagen, y que en relación con esta interpretación los grandes del reino habían sido salvados de una muerte ignominiosa; olvidándolo todo, menos su deseo de establecer su propio poder y supremacía, el rey y sus consejeros de estado resolvieron que por todos los medios disponibles se esforzarían por exaltar a Babilonia como suprema y digna de obediencia universal.
La representación simbólica por medio de la cual Dios había revelado al rey y al pueblo su propósito para con las naciones de la tierra, iba a emplearse para glorificar el poder humano. La interpretación de Daniel iba a ser rechazada y olvidada; la verdad iba a ser interpretada con falsedad y mal aplicada. El símbolo destinado por el Cielo para revelar a los intelectos humanos acontecimientos futuros importantes iba a emplearse para impedir la difusión del conocimiento que Dios deseaba ver recibido por el mundo. En esta forma, mediante las maquinaciones de hombres ambiciosos, Satanás estaba procurando estorbar el propósito divino en favor de la familia humana. El enemigo de la humanidad sabía que la verdad sin mezcla de error es un gran poder para salvar; pero que cuando se usa para exaltar al yo y favorecer los proyectos de los hombres, llega a ser un poder para el mal.
Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.






