Sábado 17 de Octubre de 2026.
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Salmos 71 (RVR1960) Profetas y Reyes
Oración de un anciano
1 En ti, oh Jehová, me he refugiado;
No sea yo avergonzado jamás.
2 Socórreme y líbrame en tu justicia;
Inclina tu oído y sálvame.
3 Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente.
Tú has dado mandamiento para salvarme,
Porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
4 Dios mío, líbrame de la mano del impío,
De la mano del perverso y violento.
5 Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza,
Seguridad mía desde mi juventud.
6 En ti he sido sustentado desde el vientre;
De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó;
De ti será siempre mi alabanza.
7 Como prodigio he sido a muchos,
Y tú mi refugio fuerte.
8 Sea llena mi boca de tu alabanza,
De tu gloria todo el día.
9 No me deseches en el tiempo de la vejez;
Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.
10 Porque mis enemigos hablan de mí,
Y los que acechan mi alma consultaron juntamente,
11 Diciendo: Dios lo ha desamparado;
Perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre.
12 Oh Dios, no te alejes de mí;
Dios mío, acude pronto en mi socorro.
13 Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma;
Sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que mi mal buscan.
14 Mas yo esperaré siempre,
Y te alabaré más y más.
15 Mi boca publicará tu justicia
Y tus hechos de salvación todo el día,
Aunque no sé su número.
16 Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor;
Haré memoria de tu justicia, de la tuya sola.
17 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud,
Y hasta ahora he manifestado tus maravillas.
18 Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares,
Hasta que anuncie tu poder a la posteridad,
Y tu potencia a todos los que han de venir,
19 Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso.
Tú has hecho grandes cosas;
Oh Dios, ¿quién como tú?
20 Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males,
Volverás a darme vida,
Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.
21 Aumentarás mi grandeza,
Y volverás a consolarme.
22 Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio,
Oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti en el arpa,
Oh Santo de Israel.
23 Mis labios se alegrarán cuando cante a ti,
Y mi alma, la cual redimiste.
24 Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día;
Por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban.
Comentario del Capitulo

Capítulo 40—El sueño de Nabucodonosor
El rey se quedó convencido de que la interpretación era verdad, y con humildad y reverencia, “cayó sobre su rostro, y humillóse,” diciendo: “Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses, y el Señor de los reyes, y el descubridor de los misterios, pues pudiste revelar este arcano.”
Nabucodonosor revocó el decreto que había dado para que destruyeran a los magos. Salvaron la vida gracias a la relación de Daniel con el Revelador de los secretos. Y “el rey engrandeció a Daniel, y le dió muchos y grandes dones, y púsolo por gobernador de toda la provincia de Babilonia, y por príncipe de los gobernadores sobre todos los sabios de Babilonia. Y Daniel solicitó del rey, y él puso sobre los negocios de la provincia de Babilona a Sadrach, Mesach, y Abed-nego: y Daniel estaba a la puerta del rey.”
En los anales de la historia humana, el desarrollo de las naciones, el nacimiento y la caída de los imperios, parecen depender de la voluntad y las proezas de los hombres; y en cierta medida los acontecimientos se dirían determinados por el poder, la ambición y los caprichos de ellos. Pero en la Palabra de Dios se descorre el velo, y encima, detrás y a través de todo el juego y contrajuego de los humanos intereses, poder y pasiones, contemplamos a los agentes del que es todo misericordioso, que cumplen silenciosa y pacientemente los designios y la voluntad de él.
En palabras de incomparable belleza y ternura, el apóstol Pablo presentó a los sabios de Atenas el propósito que Dios había tenido en la creación y distribución de las razas y naciones. Declaró el apóstol: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, ... de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos; para que buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen.” Hechos 17:24-27.
Dios indicó claramente que todo aquel que quiere, puede entrar “en vínculo de concierto.” Ezequiel 20:37. Al crear la tierra, quería que fuese habitada por seres cuya existencia resultara de beneficio propio y mutuo, al mismo tiempo que honrara a su Creador. Todos los que quieran pueden identificarse con este propósito. Acerca de ellos se dice: “Este pueblo crié para mí; mis alabanzas publicará.” Isaías 43:21.
En su ley Dios dió a conocer los principios en que se basa toda verdadera prosperidad, tanto de las naciones como de los individuos. A los israelitas Moisés declaró acerca de esta ley: “Esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia.” “Porque no os es cosa vana, mas es vuestra vida.” Deuteronomio 4:6; 32:47. Las bendiciones así aseguradas a Israel se prometen, bajo las mismas condiciones y en el mismo grado, a toda nación y a todo individuo debajo de los anchos cielos.
Centenares de años antes que ciertas naciones subiesen al escenario, el Omnisciente miró a través de los siglos y predijo el nacimiento y la caída de los reinos universales. Dios declaró a Nabucodonosor que el reino de Babilonia caería, y que se levantaría un segundo reino, el cual tendría también su período de prueba. Al no ensalzar al Dios verdadero, su gloria iba a marchitarse y un tercer reino ocuparía su lugar. Este también pasaría; y un cuarto reino, fuerte como el hierro, iba a subyugar las naciones del mundo.
Si los gobernantes de Babilonia, el más rico de todos los reinos terrenales, hubiesen cultivado siempre el temor de Jehová, se les habría dado una sabiduría y un poder que los habrían unido a él y mantenido fuertes. Pero sólo hicieron de Dios su refugio cuando estaban perplejos y acosados. En tales ocasiones, al no hallar ayuda en sus grandes hombres, la buscaban en hombres como Daniel, hombres acerca de quienes sabían que honraban al Dios viviente y eran honrados por él. A los tales pedían que les revelasen los misterios de la Providencia; porque aunque los gobernantes de la orgullosa Babilonia eran hombres del más alto intelecto, se habían separado tanto de Dios por la transgresión que no podían comprender las revelaciones ni las advertencias que se les daba acerca del futuro.
En la historia de las naciones el que estudia la Palabra de Dios puede contemplar el cumplimiento literal de la profecía divina. Babilonia, al fin quebrantada, desapareció porque, en tiempos de prosperidad, sus gobernantes se habían considerado independientes de Dios y habían atribuído la gloria de su reino a las hazañas humanas. El reino medo-persa fué objeto de la ira del Cielo porque en él se pisoteaba la ley de Dios. El temor de Jehová no tenía cabida en los corazones de la vasta mayoría del pueblo. Prevalecían la impiedad, la blasfemia y la corrupción. Los reinos que siguieron fueron aun más viles y corruptos; y se fueron hundiendo cada vez más en su falta de valor moral.
El poder ejercido por todo gobernante de la tierra es impartido del Cielo; y del uso que hace de este poder el tal gobernante, depende su éxito. A cada uno de ellos se dirigen estas palabras del Vigía divino: “Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste.” Isaías 45:5. Y para cada uno constituyen la lección de la vida las palabras dirigidas a Nabucodonosor: “Redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.” Daniel 4:27.
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